EL INSTITUTO GORGAS MEMORIAL DE PANAMÁ
Dr. José Manuel Reverte Coma

Volvamos la página de la Historia y trasladémonos por un momento al 18 de febrero de 1923 a la ciudad de Panamá,

un día seco y luminoso en que la brisa sopla incansable. Es el verano ístmico, época que no llueve. Junto al recién construído Hospital Santo Tomás, uno de los mejores de América en sus tiempos, un grupo de distinguidos ciudadanos panameños y norteamericanos se disponen a escuchar el discurso del Presidente de la República de Panamá, Doctor Belisario Porras, que acaba de llegar con sus ayudantes para celebrar un acto transcendental: colocar la primera piedra de un Instituto-Laboratorio de enfermedades tropicales como monumento a la memoria de uno de los grandes trabajadores de la Ciencia: William Crawford Gorgas, el hombre que hizo posible la construcción del Canal de Panamá, gracias a mantener un excelente estado sanitario entre los miles de trabajadores que allí pusieron su esfuerzo pro mundi beneficio.

Todos están atentos a las palabras de Don Belisario, uno de los mejores y más populares presidentes que ha tenido la pequeña nación centroamericana. Y el Dr. Porras se expresó así en su histórico discurso:

"Experimento una profunda satisfacción por el hecho de tener el privilegio de colocar la primera piedra del Instituto de Medicina Tropical que Panamá dedica a William Crawford Gorgas para perpetuar su memoria aquí, a las orillas de este murmurante Pacífico y en estrecha proximidad a la carretera que cruza el Istmo… Todavía recuerdo aquellos tiempos en que éramos perseguidos por el fantasma de la muerte… Hoy las delicias de nuestro clima benigno, la belleza del verdor inagotable de nuestro país y el incomparable azul de nuestro cielo, ha sido utilizado por hombres de todas las naciones hacia los cuales Gorgas tuvo sentimientos de profunda humanidad que prevalecieron siempre sobre cualquier prejuicio de raza, nacionalidad, nacimiento o clase".

"Este sentimiento de satisfacción que experimento ahora deriva primeramente del hecho de que fui amigo de este hombre por cuya memoria estamos hoy reunidos aquí para rendirle tributo y por ello estuve en una admirable posición para juzgar en plenitud la pureza de su noble y buen corazón, y además por ser uno de los viejos amigos de aquellos días en que él vivió en nuestro medio. Yo me siento mejor capacitado para apreciar más profundamente que los hombres de las nuevas generaciones el gran trabajo de salud y felicidad que este gran hombre realizó para mi país.

"Tales hombres, y Gorgas fue uno de ellos, no pueden ser ciudadanos de una ciudad en particular, pues cada ciudad y cada nación de la Tierra clama por ellos: ellos son los verdaderos ciudadanos del mundo…

"Gorgas destruyó los pantanos de muerte y nos dio agua de bebida pura, purificó el aire de nuestra exuberante vegetación tropical y de nuestras ciudades. Gorgas redimió los trópicos.

"Todavía puedo recordar aquella pesadilla hace 50 años, cuando en mi viaje a Bogotá terminé mis estudios. Encontré necesario pasar una noche en Colón. Dormir durante aquella noche era imposible por las constantes y atormentadoras picaduras de los mosquitos, los incesantes zumbidos en mis oídos como si fuesen las discordantes notas de una infernal serenata. Estos diminutos atormentadores eran tan numerosos que agarrando el aire aparentemente vacío, cogía a manos llenas una y otra vez estas pestes atormentadoras.

"Tampoco puedo olvidar la condición que prevalecía cuando regresé del Colegio diez años después y entré como empleado de la Compañía Francesa del Canal. Desde entonces pude apreciar, o al menos sospechar, la verdadera causa escondida del fracaso de los franceses en su intento de construir la vía transístmica acuática. Construyeron bellas residencias y avenidas de tres vías y sus oficinas estaban admirablemente organizadas, pero no hicieron nada porque no sabían nada sobre la sanidad tropical y aparentemente nunca sospecharon su valor.

"En aquellos días, hace ya mucho tiempo, era la cosa más natural para uno pasearse por las calles de la ciudad llevando un pañuelo sobre la nariz para evitar hasta donde era posible la fetidez del aire, producto de la vegetación podrida, el estancamiento de las charcas pútridas y el primitivo o defectuoso drenaje. A cada momento uno encontraba a los mejores amigos postrados en el lecho con los escalofríos de la malaria o cualquier otra fiebre perniciosa o se encontraba en cualquier calle gente vestida de negro o de luto con signos de dolor y sufrimiento en su semblante y a diario se escuchaba el lúgubre tañido de las campanas de las iglesias anunciando las muertes… Sin embargo, gracias a Gorgas, aquellos días han pasado para no volver y nuestro hogar tropical se ha convertido en uno de los resortes de la salud del mundo… Esta piedra primera que hoy colocamos es la base de un templo elevado a la salud en nombre del General Gorgas.".

El silencio se vió roto por una salva de aplausos contestando a las palabras del Presidente Belisario Porras.

Pero, ¿quién fue este Gorgas a cuya memoria se iniciaba aquella obra monumental?

William Crawford Gorgas nació en Mobile, Alabama, el 3 de octubre de 1854. Su padre fue el General Josiah Gorgas, que luchó en el ejército confederado durante la guerra civil. Su madre, Aurelia Gayle, era hija del Gobernador Gayle de Alabama. Cuando terminó la guerra civil, William tenía 9 años y fue llevado a Richmond, Virginia. El quería ser militar pero la familia se oponía, así que estudió Medicina, graduándose en la Universidad del Sur en 1875 y en Bellevue Hospital Medical College, obteniendo el grado de Doctor en 1879. El 16 de junio de 1880 entró en el Departamento médico del Ejército norteamericano como primer teniente ascendiendo a capitán en 1885 y a mayor en 1898.

En 1880 hubo una fuerte epidemia de fiebre amarilla en Brownsville, Texas. Gorgas que entonces era teniente, fue enviado a Fort Brown, cerca de Brownsville para prestar sus servicios médicos a la población civil. Allí conoció a Miss Mary Cook Daughty que estaba seriamente enferma de fiebre amarilla, y allí contrajo él mismo esta enfermedad, de la que curaron ambos quedando inmunes. Luego se casarían en Cincinnati el 15 de septiembre de 1885. Más tarde estuvo en servicio activo en Florida, en el Oeste, en Dakota y en el Territorio indio.

Acompañó a una expedición militar a Santiago de Cuba en 1898. Por su conocimiento práctico sobre la transmisión de la fiebre amarilla, fue nombrado Jefe de Sanidad en La Habana, puesto que ocupó de 1898 a 1902.

Fue en 1900 cuando Gorgas estuvo en estrecho contacto con la investigación que llevaba a cabo Walter Reed y su equipo en La Habana sobre fiebre amarilla. Y sería este equipo el que descubrió la causa de la enfermedad, pero Gorgas sería quien aplicó estos principios y logró la erradicación de la fiebre amarilla en La Habana.

En 1904 Gorgas fue nombrado oficial sanitario y jefe en la Zona del Canal de Panamá, y en 1907 miembro de la Isthmian Canal Comission. Como reconocimiento a su labor en La Habana, fue ascendido a Coronel por un acto especial del Congreso en 1903 y en 1915, Gorgas y sus asociados de la Isthmian Canal Comission recibie4on un voto de gracias por parte del Congreso por los servicios distinguidos efectuados en conexión con la construcción del Canal de Panamá.

En 1913 Gorgas fue a Rhodesia, en Sudáfrica, invitado por la Cámara de Minas de Johannesburgo para que estudiase los mejores medios para combatir la neumonía y la malaria que diezmaban a los trabajadores nativos.

Fue ascendido a Cirujano General con el grado de Brigadier el 16 de enero de 1914 y promovido a General Mayor en 1915. Sirvió con este grado en la Primera Guerra Mundial hasta su jubilación a los 65 años el 4 de octubre de 1918.

Nunca perdió su interés por el problema sanitario mundial. Cuando estuvo destinado en la Zona del Canal, visitó Guayaquil en Ecuador, y preparó un proyecto para la erradicación de la fiebre amarilla en aquella zona.

En 1916 fue nombrado jefe de la Comisión especial de la fiebre amarilla de la Rockefeller Foundation y pasó varios meses en América del Sur haciendo investigaciones y planificando la erradicación de aquella terrible enfermedad en las localidades en que era endémica.

Después de su jubilación en el Ejército, aceptó el puesto de Director de los programas de la Rockefeller para erradicar la fiebre amarilla del mundo. Del 7 de mayo de 1920 viajaba a Inglaterra en ruta hacia Africa Occidental donde iba a continuar sus trabajos sanitarios, cuando cayó gravemente enfermo en Londres el 30 de mayo de 1920, muriendo el 4 de julio de aquel mismo año.

Gorgas fué un genio comparable a Lister y a Pasteur. Estos hombres de mente abierta hicieron milagros con los materiales comunes que tenían a mano y cuyo significado real no fue reconocido por sus contemporáneos.

El Canal de Panamá fue construído de 1907 a 1914. Desde 1904 Gorgas había comenzado su labor de organización de saneamiento.

Gorgas que fué uno de los primeros en reconocer el trabajo de Walter Reed en el descubrimiento del método de transmisión de la fiebre amarilla, dijo a su jefe en La Habana que era por entonces el General Wood: "Si esta es la causa de la fiebre amarilla y yo creo que lo es, si usted me da la autoridad necesaria, yo eliminaré la fiebre amarilla de La Habana". A lo que Wood contestó: "Adelante!". Esto sucedía en febrero de 1901. Hacía 150 años que la fiebre amarilla era endémica en La Habana. En septiembre de aquel año, es decir, siete meses después de aquella conversación, Gorgas había limpiado La Habana y el último caso de la enfermedad tuvo lugar en aquel mes de septiembre. Desde entonces la ciudad estuvo libre de la fiebre amarilla.

Cuando fue trasladado a Panamá en 1904, usó los mismos métodos que en La Habana y entre mayo de 1905 y noviembre de aquel mismo año fue eliminada de Panamá donde había existido por espacio de 400 años. Esto hizo posible la construcción del Canal al mantener a sus trabajadores en condiciones higiénicas excelentes y en buen estado de salud.

"Mi sueño", solía decir, "es que no sólo cada soldado, cada trabajador, tenga un examen médico por un equipo de especialistas, sino todos y cada uno de los ciudadanos de nuestro país, una vez al año. No habría nada mejor para prevenir las enfermedades".

Pero nadie que valga puede librarse de la envidia, y pronto Gorgas tuvo enemigos que fueron a Washington para indisponerle con el Secretario de Guerra que era por aquel entonces J.M. Dickinson. Este, que no era hombre que se dejara influenciar fácilmente, aprovechó la estancia en la capital en 1910 de un gran amigo suyo, el famoso Henry Wellcome. Dickinson le pidió que realizase discretamente una inspección de las condiciones y métodos de operación de todas las secciones de la Zona del Canal de Panamá y que luego le escribiese un detallado informe de sus observaciones.

Wellcome visitó el Istmo de Panamá y se entrevistó con la mayoría de los principales oficiales de todos los Departamentos conectados con la construcción del Canal, encontrando en todos ellos las máximas facilidades para su labor. El resultado de su investigación puede resumirse en estas palabras que preferimos dejar en idioma original para no quitarle su sabor y que constan en la documentación del Canal en los Archivos de Washington:

"I have never seen anything anywhere that equalled the perfection of organization, sistematizing and direction that I found under the administration of General Gorgas".

Gorgas había no sólo reunido a su alrededor un formidable equipo eficiente y diestro, sino que ponía corazón y alma en la realización de sus deberes. Entre Goethals, el Ingeniero militar que construía el Canal y Gorgas, nunca existió cordialidad. Goethals sentía una gran envidia por Gorgas, a pesar de reconocer su inmensa labor. A veces se lanzaban entre los dos gigantes puyas como éstas:

"Amigo Gorgas, creo que es un despilfarro gastar 350.000 dólares en cortar hierba y limpiar la maleza… ¿Sabes Gorgas, que cada mosquito que matas le cuesta al Gobierno 10 dólares?". A lo que Gorgas contestó: "Pero, imagínate, que uno de esos mosquitos de 10 dólares te puede picar a ti, y qué perdida más grande sería ésa para el país!".

Gorgas personalmente acompañó a Wellcome en su canoa en largos viajes a través de las marismas de Panamá y le explicó el infinito número de problemas que hubo que resolver para dominar la situación. Uno de los más difíciles fue destruir y mantener controlado el crecimiento de las vegetación que en una noche se reproduce en los bordes del agua y terrenos pantanosos, formando recipientes infinitos para albergar el agua de lluvia y alimentar a los mosquitos. Los sanitario de Panamá inventaron un sencillo pero poderoso método, y fue quemar petróleo regado que generaba un tremendo calor que no sólo destruía las gruesas raíces suculentas de tales plantas, sino que dañando sus raíces prevenía su crecimiento.

Los miles de agujeros hechos por los abundantes cangrejos de la región fueron tapados con arena secas para evitar que fueran criaderos de mosquitos, procedimiento sencillo, económico y eficaz.

Así se consiguió, evitando los criaderos de mosquitos, poniendo tela metálica en puertas y ventanas en las viviendas de los trabajadores, que los 50.000 a 60.000 hombres que por entonces estaban empleados en la construcción del Canal no tuvieran malaria ni fiebre amarilla. La depuración del agua de bebida erradicó de ella las temibles disenterías amebianas, antes tan frecuentes, de las que morían centenares de personas cada dia. Se dice que cada traviesa del ferrocarril de Panamá a Colón ha costado la vida a un chino o a un gallego, que eran los más numerosos entre los trabajadores de la época.

Aun nosotros durante los años que trabajé como Director de Unidades Sanitarias en el interior de Panamá, seguí utilizando los mismos métodos que utilizó Gorgas hasta que aparecieron los insecticidas modernos como el DDT, Dieldrín y otros. Pero básicamente, los procedimientos de saneamiento ambiental de Gorgas siguieron y siguen siendo eficaces.

Los métodos de Gorgas, de una minuciosidad y eficacia notables, terminaron con todas aquellas enfermedades. La disciplina era rigurosa. Wellcome quedó encantado de su visita y su informe favorable fue definitivo en Washington.

La importancia de mantener saneado el Istmo de Panamá era evidente. Los miles de barcos del mundo entero que debían de atravesar el Canal podrían ser vehículo para la expansión de todas aquellas enfermedades si hubieran existido como antes. El único lugar comparable a Panamá en cuanto a recepción y distribución de enfermedades por todo el mundo era Singapur.

Wellcome recomendó a Dickinson la creación de un Instituto de Medicina Tropical en Panamá que sería único en su género. A la muerte de Gorgas y en su memoria éste fue construído. Por eso podemos considerar a Wellcome como antecesor del Gorgas Memorial Laboratory.

Cuando Gorgas llega a Londres y enferma gravemente, el rey Jorge, que conocía muy bien la obra realizada por el gran sanitario, expresó su deseo de recibirle en el Palacio de Buckingham. Pero al ser informado de la enfermedad de Gorgas, dijo: "Entonces yo iré al Hospital a verle". Y contra todo protocolo fue al Hospital para honrar al que había aplicado en la práctica los grandes descubrimientos científicos contra enfermedades que habían acabado con la vida de millones de seres humanos. Y allí mismo condecoró a Gorgas con la más alta recompensa inglesa, diciéndole: "Aprecio sinceramente el gran trabajo que ha realizado usted por la Humanidad".

A su muerte, que fue muy sentida en el mundo entero, se pudo pronunciar la frase que se dijo de Lincoln: "He belongs to the ages". Después de unos funerales oficiales, su cadáver fue llevado en un barco especial a Estados Unidos para ser enterrado en el Cementerio de Arlington.

Una anécdota que demuestra el sistema utilizado por Gorgas para sanear Panamá es la que refiere Arthur T. McCormack, Presidente del Departamento de Salud de Kentucky, que había trabajado con él al principio de la guerra.. McCormack esperaba ser enviado a Francia, pero Gorgas le dijo: "Preferiría que fuese Usted a hacerse cargo de mi trabajo en Panamá, pues los oficiales del Ejército que hay allí necesitan un buen administrador. Considero el problema sanitario de Panamá como una de las cosas más importantes no sólo para ganar la guerra sino para el progreso del mundo después de la guerra".

McCormack fué destinado a la Zona del Canal de Panamá. A su llegada leyó las instrucciones repartidas por Gorgas profusamente por todas partes en relación con los mosquitos si se encontraba alguno. McCormack buscó por todas partes en su habitación y encontró dos. Siguiendo las instrucciones llamó inmediatamente por teléfono al Inspector Sanitario de su área y le dijo que la casa en que vivía, la nº 39 de Balboa Heights, tenía un par de mosquitos. A los pocos minutos llegó un camión con el Inspector Sanitario y cuatro o cinco hombres.

Se desplegaron por la casa buscando mosquitos. Sabían lo que hacían. Con sus lámparas de bolsillo buscaban cualquier pequeña sombra en las paredes. En corto espacio de tiempo encontraron los dos mosquitos. Después, siguieron buscando por si había otros. Entonces introdujeron estos dos mosquitos en un tubo de ensayo con un poco de algodón y cloroformo. Y con una lupa pronto determinaron qué clase de mosquitos eran. Averiguaron así si se alimentaban en la casa o venían desde fuera. Resultó que eran de unas clase de mosquitos que volaban contra el viento, que sólo se alimentan en lugares húmedos y bajos sobre el suelo. Esto significaba que tal lugar estaba en alguna parte cerca de la casa.

Después de otros pocos minutos, llegó otro camión con más hombres y equipo. Se desplegaron y encontraron dos o tres agujeros o pequeñas aberturas en la tela metálica que cubría la ventana y por supuesto los cerraron inmediatamente, de manera que ya no pudiesen entrar más mosquitos.

Pero no terminó ahí el asunto. El Inspector que vino primero había tomado su motocicleta que iba sobre el camión y se marchó con ella, volviendo después con un mapa especial de la vecindad. Y sabiendo por aquellos mosquitos que habían volado contra el viento y sabiendo la dirección de los vientos los días precedentes, supo que aquellos intrusos habían venido de cierta dirección. Enseguida el equipo de hombres se movió en aquella dirección buscando cualquier tubería o hueco donde pudiese haber un criadero de mosquitos.

Al día siguiente continuaron su trabajo y por fin hallaron un pequeño lugar donde una tubería tenía un espacio en el que había agua detenida donde las larvas podían desarrollarse.

Estos particulares mosquitos no eran transmisores de ninguna enfermedad, pero el detalle y la perfección con que aquella organización realizaba su trabajo, permitió al nuevo administrador entender por qué el promedio de mortalidad era muy inferior en la Zona del Canal al menor de los Estados Unidos.

En 1922 la República de Panamá donaba un lote de terreno en Punta Pinel, junto al Hospital Santo Tomás para construir el Laboratorio Gorgas. El Presidente Belisario Porras, como vimos, colocó la primera piedra el 18 de febrero de 1923. El 25 de agosto de 1928 el Presidente Chiari presentaba oficialmente el edificio terminado. El primer Directos del Laboratorio fue el Dr. Herbert C. Clark, patólogo del Laboratorio de Salud Pública del Canal de Panamá.

Desde sus comienzos hasta nuestros días este centro de investigaciones en enfermedades tropicales ha realizado miles de trabajos sobre las diversas enfermedades de la selva, endémicas y epidémicas, ha publicado artículos y revistas de la especialidad, ha formado investigadores que han recorrido los lugares más peligrosos del Istmo llevando allí su ayuda técnica, ha colaborado íntimamente con el Departamento y Ministerio de Salud Pública de Panamá y no cesa, por medio de sus especialistas, de realizar una labor callada, silenciosa, pero eficaz en el control, prevención y curación de las enfermedades tropicales.

El Dr. Carl Johnson, su segundo Director, al que debo gran parte de mi entrenamiento en enfermedades tropicales y con el que colaboré periódicamente durante mis dieciocho años de estancia en Panamá creando Unidades Sanitarias, no sólo fue para mí un gran maestro sino un buen amigo. Ha fallecido recientemente a la edad de 97 años en California. Profesor Eméritus, hace ya muchos años se inoculó con la enfermedad de Chagas mientras estudiaba los insectos transmisores de este mal que afecta a los trópicos, lo que no le impidió después de salvarse milagrosamente continuar su labor diaria en su pequeño laboratorio adjunto a la clínica, luchando contra las enfermedades tropicales y descubriendo sus peculiaridades. Ha sido considerado con razón un héroe de la Ciencia.

Hace unos años tuve el honor de filmar un documental sobre el Laboratorio Gorgas y en especial sobre su Director Emérito el Dr. Johnson que fue proyectado por Televisión Española. En este documental entrevisté también al Dr. Pedro Galindo, que era a la sazón el Director titular, otro de los grandes científicos panameños que dedicó toda su vida al estudio de las enfermedades tropicales y al que también debo muchos de mis conocimientos en esta especialidad.

De este Centro de Investigaciones que es el Laboratorio Gorgas y en el que he pasado muy buenos ratos, ha partido la lucha contra la fiebre amarilla, la malaria, la leishmaniasis, la esquistosomiasis, las poliparasitosis intestinales, la enfermedad de Chagas, las amebiasis, la espiroquetosis, el yaws o frambesia trópica, el mal del Pinto, la lepra y muchas enfermedades producidas por virus y más recientemente el SIDA.

El Laboratorio Gorgas, creado en memoria de aquel gran sanitario, continúa año tras año a pesar de las actuales dificultades, su labor humanitaria y científica salvando vidas y contribuyendo al bienestar de la Humanidad.


Museo de Antropología Médico-Forense Paleopatología y Criminalística
PROFESOR JOSÉ MANUEL REVERTE COMA