LA FUNDACIÓN ROCKEFELLER Y LA SALUD PÚBLICA
Dr. José Manuel Reverte Coma








La Fundación Rockefeller y la salud pública mundial

El mítico nombre de John D. Rockefeller conlleva no sólo una de las mayores fortunas de Norteamérica, sino también una de las mayores firmas filantrópicas de todos los tiempos. Creó en 1901 el Instituto para investigaciones médicas y en 1913 la Fundación que lleva su nombre. En una ocasión llegó a donar un billón de dólares para sus fundaciones.

"Nada grande empieza siendo grande", dijo una vez John D. Rockefeller.

Esta frase podría ser aplicada a él mismo. Cuando aún era un muchacho de 13 años obtuvo su primer trabajo como empleado de una oficina en Cleveland en la que cobraba 6 $ al mes. Y ya entonces entregaba el 6 por ciento de su salario a la escuela dominical y a las misiones, influenciado por la educación recibida de sus padres que le inculcaron la idea de ayudar a otros.

Fue un autodidacta de origen humilde, pero con un gran espíritu de aventura y dotado de cualidades con gran sentido de la responsabilidad, actividad incansable, un gran sentido práctico y una notable capacidad para distinguir lo importante de lo intrascendente, unido todo a una gran modestia. Aquel muchacho llegada a crear una de las mayores fortunas de Norteamérica.

Decía con frecuencia: "Me enseñaron a trabajar, a ahorrar y a dar". Y aquel niño que de su primer sueldo de 6 $ al mes entregaba a las misiones el 6 por ciento de su salario, llegada con el tiempo a dar para las Fundaciones de ayuda creadas por él la fabulosa cifra de un billón de dólares. Cuando hizo fortuna administró su riqueza con humildad, no con arrogancia. Rockefeller no esperó a ser rico para hacer donaciones ni pensó nunca al hacerlas ni en el credo, nacionalidad ni en el color de la piel de los beneficiarios. En 1901 creó el Instituto para Investigaciones Médicas. En 1913 creaba la Fundación Rockefeller.

Una frase que revela su carácter es la que dijo de él en cierta ocasión uno de sus grandes colaboradores y consejeros, Frederick Gates: "Revelaba Rockefeller gran sutileza y precisión al elegir las palabras, pero no es menos cierto que revelaba también sutileza y, precisión al elegir sus silencios".

Su época fue la de hombres como Carnegie, Morgan, Armour, Guggenheim, Stanford, Mac Cormick, Havemeyer y otros hombres de empresa que con su talento e intrepidez se hicieron fabulosamente ricos y que utilizaron esa riqueza para impulsar la vida cultural de los Estados Unidos creando Universidades, Institutos, Bibliotecas y Fundaciones que aún perduran. Carnegie, conocido mundialmente, decía que "el hombre que muere rico, muere desgraciado" y Rockefeller recomendaba y seguía el lema: "Un hombre debe hacer todo lo que pueda y dar todo lo que pueda". Su gran preocupación fueron las necesidades sociales.

Su primera gran aventura filantrópica fue la fundación de la Universidad de Chicago, que sería una de las mayores de los Estados Unidos y a la que no consintió que bautizaran con su nombre. Su aportación para esta Universidad fue de 35.000.000 $ y jamás intefirió en la libertad de opinión y de expresión de sus profesores, cualidades que consideraba son el aliento vital de una Universidad.

Aceptaba cualquier idea de sus colaboradores siempre que sirviese para ayudar a los demás y sirviese para el progreso de la Humanidad. Por ello cuando su amigo y consejero Gates le sugirió que había que ayudar a la Medicina norteamericana que a finales del s. XIX no estaba muy adelantada, no vaciló en fundar el "Instituto para Investigaciones médicas" poniendo a la cabeza como presidente al doctor William H. Welch del Johns Hopkins y como director al doctor Simón Flexner, profesor de Patología de la Universidad de Pensilvania.

Su preocupación por la educación de los negros le llevó a fundar, junto con su hijo, de quien decía que era la mejor fortuna que había tenido, la Junta General de Educación, registrada por Ley del Congreso dotándola con un capital inicial de un millón de dólares con el fin de educar sin distinción de sexo, raza ni credo.

En 1909 crea la Comisión Sanitaria con otro millón de dólares cuya finalidad era la erradicación de un grave mal que afectaba a los Estados del Sur de los Estados Unidos: las parasitosis intestinales, causantes de graves anemias y elevado índice de mortalidad.

Pero su gran aventura como él decía fue la creación de la Fundación Rockefeller el 29 de junio de 1909, con un capital inicial de 50.000.000 $, valor de las 73.000 acciones de Standard Oil C° de Nueva York, que entregó para este fin por escritura de fideicomiso a su hijo John, a su yerno Harold Mac Cormick y a su colaborador Gates. La finalidad de esta función era: "Promocionar el bienestar y el progreso de la civilización de los pueblos, tanto de los Estados Unidos como de los países extranjeros, la adquisición y difusión del conocimiento, la prevención y alivio de los sufrimientos humanos y la promoción del progreso humano". De aquí surgió el lema de la Fundación: "Promover el bienestar de la Humanidad en todo el mundo".

Decía Gates en aquella ocasión memorable: "Si la ciencia y la educación son el cerebro y el sistema nervioso de la civilización, la salud es su corazón...la enfermedad es el mal supremo de la vida humana y es la fuente principal de casi todos los demás males humanos, pobreza, crimen, ignorancia, vicio, ineficiencia, taras hereditarias y muchos otros males".

Poco después estalló la I Guerra Mundial. Más de 22.000.000 $ invirtió la Fundación Rockefeller en aliviar los males de la guerra, fletando barcos con víveres, ayudando a la Cruz Roja e interesándose por el bienestar de los prisioneros de guerra.

Al terminar aquella guerra (1917) asume la presidencia de la Fundación del doctor George E. Vincent, quien resumiendo la labor realizada durante aquellos tres años, decía: "Valió la pena cuanto hicimos en estos tres años pero no puedo por menos de pensar en la obra creadora que podríamos haber realizado con todo el dinero gastado en un mundo cuerdo y sano".

El éxito obtenido por el doctor Wickliffe Rose en la erradicación de la necatoriasis en el Sur de los Estados Unidos, hizo pensar a los directivos de la Fundación en extender el sistema a todas las regiones del mundo afectadas por el mismo mal.

Esto forma parte íntima de mi juventud cuando como médico recién graduado fui entrenado por especialistas de la "Fundación Rockefeller" y pude formar parte del ejército de médicos que en los más recónditos lugares del globo luchamos durante muchos años contra las parasitosis intesinales, la malaria, la fiebre amarilla, la leishmaniasis y otras muchas enfermedades tropicales. Construcción de letrinas, tratamientos masivos a los enfermos. riegos con insecticidas. pero sobre todo Educación Sanitaria fueron nuestras armas.

Con el slogan: "Socio, pero no patrón", la Fundación Rockefeller consiguió la colaboración de los Gobiernos de los países afectados por estos males. Y más de 1000.000.000 de seres humanos que vivían en el cinturón tropical que rodea el planeta y donde la enfermedad mata sin piedad, fueron los beneficiarios de esta inmensa campaña de Salud Pública.

Fue un gran capítulo de la Historia de la Medicina del que me siento muy orgulloso de haber formado parte dedicándole los mejores años de mi juventud.

El doctor Rose insistía una y otra vez en que "a menos que la Sanidad Pública sea concebida a escala internacional, nuestra generación perderá la oportunidad estratégica que tiene ante si". Y en el sello de Fundación Rockefeller campea la frase: "El bienestar de la Humanidad en todo el mundo". Y comprendiendo que para realizar esta labor a escala mundial se necesitaba personal especializado, el doctor Rose, en colaboración con el doctor Flexner y el doctor Welch, propuso la creación de una Escuela de Sanidad Pública, que la Fundación vinculó a la Universidad Johns Hopkins. inaugurándose en 1918 bajo la dirección del doctor William H. Welch. Fue llamada el West Point de la Sanidad Pública.

Aquello no era más que el comienzo. A partir de 1921 se crean escuelas de Sanidad Pública en Praga, Toronto, Varsovia, Londres. Budapest, Copenhague, Ankara, Oslo, Madrid, Belgrado, Zagreb, Roma, Sofía, Tokio, Estocolmo, Atenas, Calcuta, Sao Paulo, Manila y Michigan. La Fundación Rockefeller invirtió en ayudar a aquel proyecto más de 25 millones de dólares. Creó un sistema de becas para estudiar en dichos centros. Fue una excelente inversión. En la Edad heroica de la Sanidad Pública, el doctor Rose fue uno de los gigantescos pioneros de aquella empresa.

En el laboratorio creado en Nueva York por la Fundación, el doctor Sawyer y su equipo logran desarrollar la vacuna contra la fiebre amarilla que hoy protege a millones de personas en todo el mundo y se inventa la centrifuga de alta velocidad entre otras muchas cosas.

El laboratorio central de Nueva York trabaja asociado con las investigaciones sobre el terreno en los más diversos lugares del mundo. Se estudió la escarlatina en Rumania, la anemia en Puerto Rico, la disentería amebiana en Tennessee, la fiebre de Malta en Francia, la fiebre Orolla en el Perú, el dengue en Guam, Saipán, Fidji, Islas Marshall e Islas Gilbert, la sífilis en muchos países del mundo. Se hacen estudios y encuestas nutricionales en el mundo entero.

Otra preocupación de la Fundación Rockefeller fue la formación de enfermeras y así ayudó a más de 50 países cen subvenciones para crear Escuelas de Enfermeras de Salud Pública.

Quizás fue la fiebre amarilla la enfermedad en cuya erradicación la Fundación invirtió más dinero, trabajo y tiempo. Más de 30 años dedicados a realizar investigaciones, trabajos de campo y tratamientos, hasta llegar a la creación de la vacuna.

Su primera gran aventura filantrópica fue la Fundación de la Universidad de Chicago, que sería una de las mayores de EE.UU.

La fiebre amarilla era el terror del hemisferio occidental. Las epidemias se sucedían de Norte a Sur, produciendo una elevada mortalidad. Walter Reed demuestra en Cuba que la enfermedad es transmitida por un mosquito, el Stegomya o Aedes aegypti. El doctor Gorgas basándose en aquel descubrimiento logra terminar con la enfermedad en Cuba y Panamá (Vease EL MEDICO, n° 246, oct 1987), haciendo posible la construcción del Canal, sólo utilizando medidas antimosquito.

La Fundación se pone al habla con Gorgas y crea una Comisión contra la fiebre amarilla dirigida para éste. Poco después consigue que otro de los peores focos de Suramérica, Guayaquil, deje de serlo.

Hideyo Noguchi, el famoso investigador de la Rockefeller, aísla de la sangre de varios pacientes de fiebre amarilla un espiroqueta al que llamó ´Leptospira icteroidesª y creyó que era el responsable de la fiebre amarilla. Pero no es así. Noguchi había aislado el germen de la enfermedad de Weil o ictericia infecciosa, que se confundía con la fiebre amarilla.

El doctor Noguchi y sus colegas, los doctores Adrian Stokes, William, Young y Hayne mueren trágicamente en África cuando trabajaban con enfermos de fiebre amarilla contagiados por la enfermedad.

La fiebre amarilla, sin embargo, parecía erradicada del continente americano gracias a las medidas preventivas y la erradicación de los mosquitos transmisores. Pero después de un cierto tiempo surgieron nuevos y mortales brotes epidémicos. Continúan las investigaciones y se logra descubrir que la idea original de Walter Reed de que el único transmisor era el mosquito Aedes aegypti no es exacta.

Era el principal, o al menos el responsable de la fiebre amarilla urbana, pero había otras especies capaces de transmitir la enfermedad como el Sabethine, el Aedes leucocelaenus y el Hemagogus de América del Sur y el Aedes africanus y el Aedes simpsonii en África son capaces de transmitir la enfermedad.

Después de muchos ensayos, el doctor Wilbur Sawyer y sus colaboradores en el Laboratorio de Nueva York, obtienen una cepa modificada del virus causante de la enfermedad "con una virulencia extraordinariamente reducida". Es el virus que se conoció como 17-D de cuya cepa han derivado las vacunas empleadas en el mundo entero posteriormente.

Esta cepa 17-D se obtuvo de la sangre de un negro nativo de Africa Occidental llamado Asibi que padecía la fiebre amarilla. Fue inoculada su sangre a un mono Rhesus llegado de la India. El mono murió. El negro Asibi curó. Desde 1937, la Rockefeller empezó a producir la vacuna a partir de aquella cepa a gran escala. Millones de dosis fueron repartidas a los diversos países en forma gratuita y millones de personas hemos sido vacunadas con ella.

Otra de las grandes luchas de la Rockefeller fue contra la malaria como ya vimos. La eliminación de los mosquitos dejó libre de malaria muchas zonas, especialmente las ciudades.

Cuando ya se creía que extensas áreas estaban libres de malaria, aparece de pronto el año 1930. El doctor Raymond Shanon, entomólogo de la Rockefeller, descubre casualmente en Natal, Brasil, un mosquito distinto de la fauna habitual. Lo identificó con el temible Anopheles gambiae, importado de Africa seguramente en alguno de los barcos procedentes de Dakar. Avisó inmediatamente al Laboratorio Central, pero ya se había extendido y multiplicado velozmente al Norte de Natal.

En 1938 produjo la terrible epidemia del Valle de Janguaribe, ocasionando más de 50.000 casos de malaria en un año, afectando al 90 por ciento de la población y produciendo una mortalidad del 10 por ciento.

¿En qué forma luchar contra esta invasión? Decía el doctor Vincent cuando le preguntaban qué se podía hacer contra la invasión del A. gambiae en América: "Un buen luchador contra la malaria debe aprender a pensar como un mosquito".

Así, con gran paciencia y trabajo, los equipos antimosquito lograron descubrir la biología del A. gambiae y combatirle eficazmente en una guerra sin cuartel, pero una guerra para conservar la vida humana, en la que riegos de viviendas con insecticidas, drenajes, eliminación de focos y aguas residuales, utilización del verde París y hasta de pequeños pececillos devoradores de larvas fueron sus mejores armas.

Los aviones que venían de Africa, eran fumigados antes de salir de aquel continente y lo mismo los barcos. Así se logró controlar el A. gambiae en Brasil.Aún dió que hacer aquel peligroso insecto que eligió en su segunda campaña el Valle del Nilo donde en 1942 provocó la más grave epidemia de malaria de la Historia egipcia, muriendo 135.000 personas como resultado de la enfermedad, coincidiendo con la II Guerra Mundial. Equipos de diligentes hombres cazadores de mosquitos, se desplegaron por todo el valle y en 1945 el A. gambiae había desaparecido de Egipto.

Pero si las inversiones de la Fundación Rockefeller fueron enormes en dinero, hombres y técnicos en estas campañas mundiales de Salud Pública, no lo fueron menos en otros proyectos. Uno de los mayores emprendidos por la Fundación fue la creación de la Universidad o Gran Colegio de la Unión Médica de Pekín, al que el doctor Flexner llamó la Universidad Johns Hopkins de China.

 

Quizás fue la fiebre amarilla la enfermedad en cuya erradicación la Fundación invirtió más dinero, trabajo y tiempo

Gatos que dirigía el proyecto desde los Estados Unidos decía que "la Medicina es el mejor vehículo para introducir en China el procedimiento inductivo de razonamiento sobre el que descansa la Medicina Moderna".

John D. Rockefeller se había manifestado siempre atraído e interesado por China y la mejor demostración de su interés es que en aquel proyecto invirtió 45.000.000 $, la suma más elevada para una sola finalidad empleada por la Fundación.

En 1915 la Junta Médica China, creada por la Fundación, compró a la Sociedad Misionera de Londres el terreno y los edificios del Colegio de la Unión Médica de Pekín y alrededor de aquel núcleo construyó los edificios del Gran Colegio de la Unión Médica de Pekín.

El año 1921 la gran planta del edificio quedaba terminada a un costo de 8.283.000 $ con 59 pabellones entre los que había Laboratorios de Química, Anatomía, Patología, Fisiología, un Hospital con 250 camas, escuela de enfermería, consultas de pacientes externos, administración, residencia para médicos, estudiantes y profesores, un gran auditorio y los equipos más modernos junto con una infraestructura completa (alcantarillado, agua potable, electricidad). Se siguió el estilo de construcción tradicional chino para no desentonar con el ambiente, poniendo los tejados de color verde lo que dio ocasión a que se llamase cariñosamente el conjunto "La ciudad verde".

El doctor Buttrick se hizo cargo de la Junta Médica China. La plantilla estaba compuesta por 67 profesores, de los cuales la cuarta parte eran chinos que habían sido formados en Universidades norteamericanas o europeas y 140 estudiantes.

La Fundación dotó a la nueva Universidad con un presupuesto de 12.000.000 de dólares con la política seguida siempre por Rockefeller de "cortar las cuerdas una vez que se concede la subvención" para que así, de allí en adelante la Escuela buscase sus fuentes de financiación en la propia China.

La II Guerra Mundial alteraría todos los planes. Los japoneses invadieron Pekín después de Pearl Harbour, se apoderaron de la Escuela clausurándola, encarcelaron a su director el doctor Henry Houghton y dispersaron por toda China al cuerpo de profesores y estudiantes.

Al terminar la guerra, la Escuela estaba poco menos que deshecha, sin equipo, los edificios en mal estado y el país en plena guerra civil. A pesar de todo, la Fundación envió más fondos para su recuperación. Más tarde el Gobierno comunista de la Nueva China se haría cargo de la Escuela que fue sin duda "un verdadero fermento intelectual" en palabras de William James.

En su afán por elevar el listón a las cumbres como decía el doctor Rose, la Fundación Rockefeller no se limitó a impulsar la educación y formación médica en China o los Estados Unidos. A través de su Departamento de Educación Médica, ayudó a Escuelas médicas situadas en puntos estratégicos de diversas partes del mundo, aumentando sus recursos y mejorando sus servicios de enseñanza e investigación como definiría el doctor Vincent los objetivos del Departamento de Educación Médica.

De estas ayudas se beneficiaron las Universidades de Cambridge, Oxford, Cardiff, Edimburgo, Estrasburgo Lyon, Bruselas, Sao Paulo, Beirut, Hong Kong, Singapore, la de Otago en Nueva Zelanda, y las de Australia, creando una Escuela de Medicina en Bangkok. .Aquel gran proyecto fue dirigido por el doctor Pearce cuyo lema era: "No todo el camino, sino un paso adelante por la senda correcta".

También, además de las Universidades citadas, se beneficiaron con la ayuda financiera de la Fundación Rockefeller, centros de investigación como el Instituto Kraepelin de Munich, el del Emperador Guillermo o Instituto Vog de Berlín dedicados a investigaciones sobre el cerebro, el Instituto Pasteur de París, el de Farmacia y Fisiología de Utrecht, el de Fisiología de Copenhague y otros muchos.

Las ayudas a investigadores de renombre dieron excelentes frutos en muchos campos de la Medicina, la Física, Matemáticas, Astrofísica, Optica, Psiquiatría, Neurología, Neurocirugía.

El Departamento de Ciencias Naturales de la Fundación promocionó las Ciencias Básicas, las Ciencias Sociales y las Humanidades. Un amplio programa de Becas, apoyo a publicaciones periódicas, Bibliotecas, contribuyó a que muchos hombres de Ciencias llegasen a obtener el Premio Nobel.

En España, la Fundación Rockefeller concedió fondos a la Junta Española para la Ampliación de Estudios y de Investigaciones Científicas que construyó el Instituto de Física y Química en Madrid, que vio interrumpido su porvenir por la guerra civil española.

Muchos de los investigadores apoyados con el potencial económico de la Fundación Rockefeller llegaron a descubrir nuevas tecnologías o inventaron nuevos instrumentos. La Fundación dio también un gran impulso a las Ciencias Sociales, a la investigación en el campo de la Agricultura, a la formación de arqueólogos y programas de excavaciones en el mundo entero y a la Cinematografía.

Una de las preocupaciones de la Fundación Rockefeller fue la formación de enfermeras, y así ayudó con subvenciones a más de 5O países

Creó teatros universitarios y Centros musicales.

Resultado de estos impulsos han sido miles de obras escritas por los investigadores en todas las ramas del saber. muchos de los cuales han sido best-sellers.

Cuando se creó la Liga de Naciones, la Fundación le hizo fuertes aportaciones económicas especialmente a la sección de Organización de la Salud, germen de la futura Organización Mundial de la Salud. La Biblioteca de la Liga de Naciones recibió ella sola 2.000.000 de dólares para dotarla de libros.

Rockefeller hablaba con frecuencia del difícil arte de hacer donativos y los expresaba diciendo: "el dinero es de escaso valor si no va respaldado por un estudio en el que se justifique la conveniencia del gasto".

Las aportaciones de la Fundación Rockefeller a la vida intelectual del mundo y al bienestar de la Humanidad, en palabras de Raymond Fosdick, presidente de la Fundación de 1936 a 1948, no pueden ponerse en duda. Fue uno de los primeros experimentos hechos respecto a la inversión voluntaria y a la aplicación organizada de grandes masas de riqueza a la realización de fines sociales y el experimento tuvo éxito.

"Su capital es producto de la aventura y debe ser empleado en forma de aventura".

Abrir caminos, encontrar nuevos métodos, explorar nuevas ideas, estar presto a asumir aventuras intelectuales, trabajar en las fronteras del conocimiento y de la experiencia más bien que en las zonas ya establecidas tras de aquellas fronteras.

El doctor Fosdick decía también: "Existe una falacia común según la cual el dinero puede crear ideas y que una gran cantidad de dinero puede producir mejores ideas. No hay nada más falso. La clave está siempre representada por hombres, hombres imaginativos con ideas fecundas que avizoran el futuro. Sin ellos, el dinero de una Fundación no es capaz de comprar otra cosa que movimiento y rutina".

El éxito de la Fundación debe pues acreditarse a la visión, a la competencia, a la integridad, a la sabiduría, a la capacidad; a la tenacidad y a la personalidad de aquellos cuyo trabajo buscaron y cuya ayuda requirieron.


Museo de Antropología Médico-Forense Paleopatología y Criminalística
PROFESOR JOSÉ MANUEL REVERTE COMA