LAPIDACIÓN DE RAIMUNDO LULIO. Estudio antropológico forense de los restos de Raimundo Lulio

La vida apasionante y heroica del Beato Raimundo Lulio (Ramón Llull) ha sido contada por diversos autores, todos ellos basados en la obra "Vida coetánea", escrita y publicada por los cartujos de Vauvert (Francia) en 1311, después de escuchar del propio Llull el relato de sus aventuras y desventuras. Básanse también en la tradición, así como en los detalles autobiográficos que no deja de poner aquí y allá el propio Llull en su vastísima obra.

No es nuestro propósito hacer aquí una biografía del eximio mallorquín. Para ello remitimos al lector a la bibliografía y a los excelentes comentarios a sus textos que han hecho M. Batllori (1960), Garcías Palou (1969), Hillgarth (1971), Sureda Blanes (1937), Platzeck (1962-64) y otros muchos autores.

Vamos a limitarnos a exponer una primera parte dedicada a revisar las peripecias que han sufrido los restos mortales del Doctor Iluminando desde su muerte, en 1315, hasta el año de 1985, en que tuvimos el honor y el privilegio de proceder a su exhumación y estudio en el Laboratorio de Antropología Forense y Paleopatología de la Universidad Complutense de Madrid.

Historia de los traslados sufridos por el cadáver de Ramón Llull.

Todo comienza en el hecho que la tradición repite de boca en boca y que es recogido por el proceso de canonización abierto el año 1612. Ramón Llull, después de una vida azarosa e increíblemente activa, decide a sus 84 años regresar a Túnez y predicar el Evangelio a los musulmanes en su propio terreno.

No era la primera vez y sus anteriores experiencias fueron muy duras, ya que sus intentos de evangelización fueron seguidos de cárcel, pena de muerte conmutada por destierro, violencias y persecución. Pero en el mallorquín brillaba la luz de una fe inconmovible y para nosotros está muy claro que pensaba poner remate y fin a su vida increíble obteniendo la palma del martirio, puesto que a sus años, por muy fuerte que se sintiese, ya había padecido algunas serias enfermedades, y en aquellas circunstancias que él tan bien conocía sólo podía esperarle lo que según sus historiadores y biógrafos le sucedió.

Los restos de Raimundo Lulio fueron depositados provisionalmente en la sacristía del Convento de los P. P. Menores.

Fue sencillamente lapidado en Bugia, Túnez, quedando envuelto en piedras, dándosele por muerto. Ciertos mercaderes genoveses que le tenían en gran estima, apiadados de sus sufrimientos, tuvieron el valor de pedir su cuerpo a las autoridades musulmanas, permiso que les fue concedido.

Rápida y cuidadosamente, le embarcaron (al parecer, observaron que aún respiraba), dirigiéndose con velas desplegadas al puerto de Génova donde ellos debían regresar, pero los vientos les desviaron hacia la patria de Ramón, empujándoles hasta Mallorca, donde es tradición que el bienaventurado mártir murió al llegar.

Todavía según la tradición, ya que no ha quedado documento escrito de la época, los genoveses intentaron llevarlo de nuevo a Génova, pero el viento, aún siendo próspero, no les permitió salir de Mallorca, lo que tuvieron por señal de que la voluntad de Dios era que el mártir quedase en su propia patria, aunque durante su vida fuese una especie de ciudadano del mundo.

Entonces decidieron avisar a las autoridades de Palma de Mallorca lo que sucedía y desembarcaron el cadáver en Portupi, que está a media legua de Palma. Así, Ramón Llull, que al partir para Túnez en su postrer viaje fue acompañado solemnemente por su pueblo y autoridades (ya se sabía lo que iba a intentar y se le tenía por santo y maestro), fue también recibido por las mismas autoridades y pueblo cuando llegó cadáver después de su última aventura.

Sin duda en algún documento de la época tuvo que quedar todo esto escrito detalladamente, pero se lamentan los que prepararon el proceso de canonización de 1612 que no se tuviese el cuidado de conservarlos en los Archivos del Reino, (Véase Pax, Daza, Mut Arbiol Sánchez de Lizarazo, Nicolás Antonio, Zepeda, Seguí, Escolano, Armengual, Cornejo, Vernon, Uvadingo).

Tenía la familia de Ramón Llull su sepulcro en la capilla de San Marcos en la Iglesia Parroquial de Santa Eulalia de Palma de Mallorca. Pero como Ramón Llull pertenecía a la Tercera Orden (T.O.R.), los religiosos de la iglesia de San Francisco solicitaron y obtuvieron de las autoridades, y posiblemente de los familiares del mártir, que el cuerpo del que ya consideraban santo, fuese depositado provisionalmente en un arca en la Sacristía del Convento de los P.P. Menores. No dudaron ni por un momento en que la Iglesia le canonizaría muy pronto, lo que se demuestra quizás porque no permitieron que se le inhumase en tierra, sino que fue depositado donde se colocan las reliquias.

Lo que llama la atención es que en la misma sacristía se había colocado también el cadáver de un infante de Portugal (*) muerto en Mallorca. (*) Justiniano en su "Compendio de Historia de España" (Lib 3, cap. 28) cree que se trataba del Infante D. Pedro, hijo del Rey D. Sancho de Portugal, que murió en Mallorca en 1258, quedando sepultado en la Sacristía del Convento de S. Francisco. Por tanto llevaba allí más de medio siglo.

La fama de Ramón Llull hizo que a la sacristía concurriese mucha gente "para verle y tomar de sus reliquias" (Escolano), No sabemos en qué se basa Escolano para hacer esta afirmación y probablemente se trata de una extrapolación, pero sí es cierto que el destino de muchos santos y mártires ha sido el de ser descuartizados postmortem con la pretensión de llevar parte de sus restos milagrosos a lugares donde se pudieran aprovechar a efectos de obtener la curación de enfermos desahuciados.

Pero un acontecimiento imprevisto, un incendio, destruyó la sacristía, abrasando cuanto había en ella, y hasta los cálices, cruz y otras alhajas de plata se derritieron y las piedras de las paredes se convirtieron en cal. Nuevo prodigio.

De aquel desastre, según refieren todos los biógrafos, sólo se salvó de la voracidad de las llamas, el cuerpo del mártir con su arca y la mortaja en la que estaba envuelto que se halló bañada en sangre fresca.

Aquí hay algo que puede ofrecer dudas al historiador. El cuerpo del infante de Portugal estaba en un sepulcro de alabastro y, según la tradición, quedó destruido, mientras el cuerpo del mártir quedó intacto, a pesar de encontrarse en una caja de menor resistencia al fuego.

Hemos de confesar que nuestro pensamiento fue que pudo haber un cambio de cuerpos. Sin embargo, el cráneo que hemos estudiado es el de un hombre de más de 80 años, edad que corresponde a Ramón Llull. Las osificaciones de los cartílagos costales estudiados corresponden a un hombre de edad similar.

De manera que se crea o no en milagros, el hecho es que el cuerpo se conservó. En el Proceso de 1612 ya citado existe la deposición de 13 testigos que pasaban de cuarenta años, quienes afirman ser fama pública que el cuerpo del Beato Ramón Llull quedó ileso tras el incendio.

Para evitar otro accidente, y pensando que no siempre hay que esperar la repetición de un milagro, prudentemente se hizo entonces una urna de piedra donde se colocó el cuerpo envuelto con la mortaja teñida en sangre "bajo el púlpito de la Iglesia", según se indica en el Proceso de 1612. Este documento toma el dato de una Memoria antigua, una copia de la cual hemos podido leer.

Sus historiadores y biógrafos cuentan que el beato mallorquín fue lapidado en Túnez y que sobrevivió gracias a la ayuda de unos mercaderes genoveses.

Parece ser que el púlpito antiguo de la Iglesia de San Francisco se encontraba en lugar elevado clavado en la pared junto a la capilla llamada de los Berard en una esquina del coro antiguo.

En el proceso dice: "Posaron lo dit cors ab dita caxa ab molte veneració y respete co convenía in eminentiori loco junt a la capilla dels Señors Berards".

Así quedan las reliquias en un arca de piedra bajo el púlpito, cosa frecuente en la época, especialmente si se trataba de santos. Era un lugar preferente. El arca de piedra mostraba el siguiente epitafio que menciona el historiados Mut: "Raymundi Lullii cuius pia dogmata nulli sunt odiosa viro, Iacet hic in marmore miro". Anno MCCCXV.

En aquel nuevo emplazamiento estuvo el cuerpo del mártir 133 años hasta que en 1448, el 29 de junio, día de San Pedro y San Pablo, con asistencia del doctor Rodríguez Falcó, Lugarteniente General del Rey en Mallorca, Jurados y gran concurso de pueblo, se llevó a cabo un nuevo traslado, según se menciona en el Proceso de Canonización de 1612, quedando documentación del citado traslado en los Archivos de la Ciudad de Mallorca.

Los restos de Ramón Llull fueron extraídos del sepulcro, en el año 1611, para comprobar las huellas del martirio

El motivo de este traslado fue la construcción de una nueva capilla en la Iglesia de San Francisco, capilla que se dedicó expresamente a situar el nuevo emplazamiento del cuerpo.

Con tal motivo se abrió el sepulcro y se expusieron las reliquias a la vista del público, que acudió en gran número a venerarlas.

En el Proceso se cita expresamente el hecho de que, al abrir el sarcófago de piedra, el cuerpo estaba "entero".

La citada capilla fue obra del maestro Lolet o Llobet, así como el sepulcro, aunque al parecer no pudo terminarlo a causa de su muerte, acaecida el año 1460. En el sepulcro de alabastro se representó la Universidad de su ciencia, con las siete Artes. y sus milagros en un letrero, que reza así en el bastión superior del lado izquierdo: "Dispositor sum sanitas". En el lado derecho se representó su martirio en forma de una palma que hoy está borrada.

Después de reverenciar el sagrado cuerpo, se procedió a su traslado solemnemente, colocándolo en un gran armario que se abrió en la pared de dicha capilla, sobre el primer cuerpo del sepulcro y en el lugar donde está el nicho de la urna.

Así fueron colocados los restos en un arca cerrada con tres llaves que para mayor seguridad se dieron a tres personas diferentes, cubriéndolo todo con un paño rojo con las armas de la Ciudad y, Reino de Mallorca pintadas y bordadas en él, significando el rojo el símbolo del martirio.

En el año de 1448 se acabó la capilla y se trasladó a ella el cuerpo de Ramón Llull, pero todavía no se había terminado el sarcófago de alabastro.

En esta capilla y de esta forma estuvo el cuerpo hasta que los religiosos claustrales "por temor que tuvieron de que no le hurtasen secretamente, le sacaron y pusieron (otra vez) en la sacristía por los años de 1481".

Pero la noticia de este traslado subrepticio se filtró de alguna manera llegando a oídos del Lugarteniente General del Reino y los Jurados. quienes se presentaron en la Iglesia de San Francisco pidiendo al guardián y a otros religiosos que les abriesen el lugar donde se encontraban los restos. Se disculparon los frailes y el Lugarteniente y Jurados, después de amonestarles, pusieron el cuerpo en un arca grande dejándolo en la sacristía, lo cerraron, sellaron y se llevaron la llave.

En 1484 hay memoria de que aún se encontraba el cuerpo en la Sacristía. Son de gran valor para la Historia de las reliquias los llamados Testamentos de los Jurados, que eran las instrucciones que éstos dejaban a sus sucesores en el cargo. En el Proceso de 1612 se hace alusión a los libros de los años 1479 a 1497.

En vida del maestro Lobet o Llobet había tres llaves para el sarcófago, una que estaba en posesión del propio Joan Lobet; otra, que tenía Gaspar Martí Ciutada, y otra, Francesch Prats.

Es en 1487 cuando el cuerpo se menciona como ossa, es decir, ya no debía estar entero, posiblemente debido a tantos traslados en los que se desunieron los huesos. Probablemente aún no se había iniciado el expolio de las reliquias y su fragmentación.

Del incendio ocurrido en la sacristía donde estaba enterrado Lulio sólo se salvaron sus restos

Por fin en 1487, según los Testamentos de los Jurados, se dio orden de hacer una urna de alabastro en que se colocaron los huesos del mártir, encargándose de su construcción Mossen Francesch Segrera Preuere. Mientras tanto, los huesos estaban en una caja con sus llaves encomendadas al cuidado del Jurado de Ciudad de Palma Mossen Compañó (Libro extraordinario del Archivo de la Ciudad de Mallorca de 1487-1489).

Se proporcionó al artífice un bloque de alabastro, según estipulaba el contrato, pero no fue sufíciente y hubo que hacer el pedestal de una piedra que llaman en Mallorca de Sentañí, por llamarse así el lugar de donde se saca y es la mejor especie de piedra blanda que hay en Mallorca. Luego se doró con las armas, dorado que hoy ha desaparecido en su mayor parte.

En el año 1492, el del descubrimiento de América, ya se habían trasladado los restos a dicho sepulcro de alabastro "donde estaba seguro del peligro que había no lo hurtasen". Como la obra no quedó totalmente acabada, se intentó terminarla el 9 de enero de 1499, no consiguiéndolo. Faltó hacer una estatua que estaba pensada de Ramón Llull. Las armas grabadas en el pedestal son las de Castilla, León y Aragón y Sicilias, es decir, las que usaba el Rey Don Fernando el Católico antes de la conquista de Granada, de lo cual se infiere que la obra es anterior al 1492, que también fue el de la toma del Reino de Granada y después del cual el Rey incorpora a su escudo las armas de éste.

Se pierde un poco la pista en los años posteriores a 1492, porque el convento de San Francisco sufrió mucho tránsito de claustrales observantes en 1494 y de éstos a los claustrales, pasando de nuevo a los observantes en 1567. Durante este período se perdió mucha documentación con motivo de tantos traslados y cambios.

No se sabe en qué año, pero durante uno de los cambios posteriores a 1492 se extrajeron de las reliquias las quijadas que se engastaron en plata colocándolas entre los demás relicarios en la Sacristía. La frecuencia con que la mandíbula de Ramón Llull fue llevada a la casa de los enfermos está registrada en el proceso de 1612.

Escolano, sin base documental aparente, cree que las quijadas fueron separadas antes del incendio de la sacristía. Lo más probable es que la separación de la mandíbula para incluirla en un relicario date de 1492, época en que ya no estaba entero el cuerpo.

El proceso de 1612 señala el hecho de que Lucas Mama, platero, se salvó de una grave enfermedad después de haberle llevado la mandíbula del mártir e "hizo voto de guarnecerla con más primor que lo estaba entonces", cosa que hizo como había prometido.

Así en la Sacristía se halló una memoria muy antigua en la que se dice que en 1507 el canónigo Gregorio Genovard, en la villa de Algayda, presidiendo una procesión de rogativas al Monte de Randa, mostró la mandíbula al pueblo (Memoria de la Sacristía de la Catedral de Mallorca, incluida en el proceso de 1612) (**)
(**) En aquella ocasión la rogativa se llevó a cabo a causa de la pertinaz sequía del año 1507. En Monte Randa se dieron cita para engrosar la dicha procesión en la Ermita del Beato Ramón Llull, las gentes que venían de los pueblos vecinos de Llucmayor, Algayda y Montuiri. El canónigo Genovard llevó secretamente la mandíbula de Ramón Llull por no estar aún canonizado.

Hay también una carta de los Jurados de Mallorca dirigida al Cardenal Cisneros en 1513, en la que hablan de las "quixadas de Ramón Llull que hacen muchos milagros".

Reconocimiento de las reliquias del año 1611

Con objeto de identificar las huellas del martirio de Ramón Llull, el año de 1611 se abrió el sepulcro de alabastro y se extrajo el cuerpo con gran solemnidad. Asistió a la ceremonia el Virrey, acompañado por el Regente de la Real Audiencia y todos los más destacados personajes de la época, además de un innumerable concurso de eclesiásticos y seglares. Hubo procesión de la comunidad con cruz alzada.

Extraídos los restos del sepulcro, fueron llevados en procesión al altar mayor con la intención de "registrarlos públicamente", pero fue tal el gentío que se aglomeró a su alrededor que fue imposible continuar.

El mismo día por la tarde, aplacado ya el fervor popular, a puerta cerrada y en horas de la noche, los Jurados, superiores de los religiosos, con los médicos y cirujanos que fueron requeridos para el examen de los restos, volvieron a sacar los huesos y los estudiaron con sosiego llegando a la conclusión de que el bienaventurado Ramón Llull "había recibido dos cuchilladas y dos pedradas en la cabezaª. Se señaló en el acta levantada el hecho extraordinario de que se percibió un ´olor suavísimo" comparable a violetas, semejante al que se solía experimentar el día de la Conversión de San Pablo en la casa donde habitó el mártir.

Después de una vida azarosa, Lulio decide a sus 84 años regresar a Túnez y predicar el Evangelio a los musulmanes

El proceso de 1612 certifica la curación repentina de una enferma al ponerse en contacto con uno de los rosarios que en esta inspección tocaron las sagradas reliquias "las cuales con gran dificultad se pudieron defender de la devoción de los circunstantes".

En aquel reconocimiento de 1611, intervinieron los doctores en Medicina Martinus Llabrés, Raphael Amer, Vicentius Armengual y Guillermus Alcover, y los cirujanos Franciscos Viacava, Raphael Pou, Joannes Strader, Petrus Cuturello, Bartholomeus Contesti, Bonaventura Puig y Sebastianus Vadell.

Reconocimiento médico de 1915

El sábado 12 de junio de 1915, por la tarde, tuvo lugar en la Iglesia de San Francisco, la identificación y traslado de los restos del Beato Ramón Llull una vez más.

Se abrió la caja en la que estaban guardados los restos del Beato para proceder a su traslado a otra caja de cedro, forrada de raso blanco en su interior y de raso rojo en su exterior, símbolo de martirio.

El reconocimiento de los restos corrió a cargo de los peritos médicos Bartolomé Vanrell y Miguel Sureda Blanes ante el notario pontificio de la Diócesis Salvador Galmés y los testigos Antonio Truyols y Antonio J. Mora.

Una vez examinados los huesos, fueron trasladados a la nueva caja, procediendo al cierre de ésta con dos llaves, guardando una el vicario capitular y la otra el R.P. Provincial de los Terciarios Franciscanos Regulares. La caja fue lacrada, sellándola el vicario capitular.

Reconocimiento antropológico-médicoforense de 1985

Hasta aquí la historia anterior de los restos óseos del B. Ramón Llull. Desde 1915 hasta el año actual, los restos óseos permanecieron guardados en el sepulcro de la Iglesia de San Francisco de Palma de Mallorca, hasta que por iniciativa del Presidente de la Real Academia de Medicina de Palma de Mallorca, doctor José María Rodríguez Tejerina, con las debidas autorizaciones de Monseñor Teodoro Ubeda, Obispo de Palma, se dispone que sea realizado un estudio antropológico médico-forense de los restos del B. Ramón Llull y se solicita nuestra presencia en la Iglesia de San Francisco de Palma para proceder a su exhumación y, estudio. Esta tiene lugar el 22 de abril de 1985, procediendo al estudio solicitado, aunque con la condición de no trasladar a Madrid los restos de mártir sino hacer el estudio in situ.

Esto entrañaba dificultades que trataron de obviarse lo mejor posible. El resultado de nuestro estudio es el siguiente informe preliminar que detallamos a continuación.

El resumen de este estudio publicado en los Anales de la Escuela de Medicina Legal de Madrid demostró que al morir Ramón Llull contaba con 84 años de edad. La sinóstosis de todas las suturas craneales es total. Dolicocéfalo, con un volumen craneal de 1.730 cc. y un peso estimado del cerebro de 1.505 gr. Había perdido en vida los seis molares inferiores por probables caries dentales y abscesos alveolodentarios.

Debió de sufrir mucho de la dentadura, dolores frecuentes de muelas. Había perdido también el segundo premolar inferior del lado izquierdo y el primer premolar y primer molar superiores derechos. Todo ello le obligó a masticar más con el lado izquierdo habiéndose producido un ligero torus palatino y mandibular bilateral.

Hay una línea de lipping degenerativo en cavidad glenoidea de la articulación témporo-maxilar derecha. Seguramente le crujía la mandíbula al moverla y al masticar.

También se aprecia un discreto proceso degenerativo artrósico a nivel de cóndilo occipital izquierdo, lo que parece indicar que sufría artrosis occípito-atloidea. No han aparecido atlas, axis ni vértebras cervicales.

Debió de sentir dolores cervicales y ligeros crujidos al mover o girar la cabeza que posiblemente tendía a inclinar hacia el lado derecho.

A nivel de región frontal derecha pueden apreciarse restos de antigua osteítis superficial posiblemente traumática. La Historia cuenta que fue apedreado en una plaza de Túnez mientras predicaba el Evangelio y defendía sus ideas cristianas ante una masa de fanáticos musulmanes, de donde la hipótesis del martirio que se dice sufrió.

Padecía desde el nacimiento raquisquisis (espina bífida), que afectaba a tercera, cuarta y quinta vértebra sacras. Había sufrido una fractura a nivel de apófisis transversa izquierda de la tercera vértebra lumbar que cicatrizó en vida, consolidando defectuosamente produciendo una deformidad que es visible en las radiografías.

La estatura debió ser de 1,63 a 1,65 m. y su complexión robusta durante su juventud le sirvió para llegar a los 84 años, edad que tenía al morir con un esqueleto aún en excelentes condiciones, salvo unos pequeños esteofitos (picos de loro) en cuerpos vertebrales dorsales. La discreta osteoporosis de los huesos no es tan intensa como podría esperarse en un hombre de su edad, que debido a los prolongados ayunos, una dieta fundamentalmente vegetariana de ermitaño y sus largas caminatas debieron dejar su cuerpo muy enflaquecido, lo que permitió la momificación espontánea de las partes blandas.

Presenta una platicnemia marcada en ambas tibias, lo que parece confirmar que caminó mucho durante toda su vida y tuvo un fuerte desarrollo de la musculatura de las piernas. Recorrió toda Europa, Medio Oriente, parte de África y gran parte de Asia, realizando constantes viajes hasta su muerte acaecida el año 1316 en circunstancias no esclarecidas por sus historiadores. En todo caso, el estudio de sus restos óseos y momificaciones que han llegado hasta nosotros no muestra lesión que pueda considerarse como mortal, aunque sí que en alguna ocasión de su vida sufrió violentos traumatismos.

La tradición refiere que su muerte tuvo lugar el año de 1316, aunque no es seguro que muriese en Túnez donde se encontraba por entonces, sino a su regreso en barco a Palma de Mallorca.

 


Museo de Antropología Médico-Forense Paleopatología y Criminalística
PROFESOR JOSÉ MANUEL REVERTE COMA