Biopatología de Pedrarias Dávila

El presente artículo es un extracto del libro del mismo título presentado por el autor al III Congreso Hispanoamericano de Historia que se celebró en Cartagena de Indias de Colombia.

Es mi intención en el presente estudio analizar desde un punto de vista médico-arqueológico la figura discutida y detractada del que fue Gobernador y Capitán General de Castilla del Oro (Panamá) y más tarde de Nicaragua, Pedro Arias Dávila o Pedrarias Dávila como se le conoce más comúnmente, "El Justador", "El Galán"; "El Bravo" y "Furor Domini" que todos estos sobrenombres recibió.

No pretendo juzgarle, pues la historia ya lo ha hecho, sino simplemente verle o entreverle como un médico puede ver a un enfermo, a la luz de la documentación llegada hasta nuestro tiempo, sean las cartas que en su época se cruzaron entre los distintos personajes que le conocieron y con él vivieron, y las autoridades peninsulares, de los Reyes, los relatos de los Cronistas, así como los datos contenidos en las cartas del mismo Pedrarias.

A la vista de tal información, trataré simplemente de exponer mi personal interpretación de los padecimientos que contribuyeron sin duda a moldear su carácter y a desarrollar en él una personalidad a todas luces patológica, que a mi parecer pudiera explicar su actitud histórica.

No trato tampoco de justificarle ni defender causas indefendibles, sino simplemente de verle como quién fué y verle como quien soy: él un enfermo que hizo la historia, y yo, como un médico solamente aficionado a la historia.

Y pues de humanos es equivocarse, y de esto no estamos a salvo los médicos ni mucho menos, y siguiendo en ello las palabras del maestro Gregorio Marañón pondré como él lo hizo con su Enrique IV "en tela de juicio" y voluntariamente cuanto aquí pueda parecer una afirmación rotunda y categórica.

Sin embargo, estas conjeturas clínico-arqueológicas se basan sobre datos rigurosamente históricos, y para evitar dudas, siempre que lo he creído necesario, me he permitido transcribir en el texto la parte de los documentos originales en los que me baso para tal o cual hipótesis.

Si esto puede hacer pesada la lectura del ensayo, valga por la ventaja que proporciona, de evitar recurrir a buscar las fuentes a quien quiera que muestra un interés más que el corriente en Pedrarias Dávila y su patología.

Hombre de grandes contrastes, la figura de Pedrarias muestra en ocasiones su humana pequeñez y otras al hombre capaz de sentar las bases de dos futuras naciones: Panamá y Nicaragua, y las ciudades de Panamá, Acla, Nombre de Dios, Natá, León, Granada y Nuestra Señora de la Esperanza; el hombre cargado de enfermedades, cualquiera de las cuales hubiera sido capaz de acabar con la vida de otros más jóvenes, y el de Pedrarias que muere octogenario, sobreponiéndose a todos sus males; el hombre capaz de resistir a las embestidas de los enemigos en la fortaleza de Bugía con sólo 14 hombres, nueve de ellos gravemente enfermos y el hombre capaz de cercenar cabezas de hombre-hito, como Vasco Núñez de Balboa y sus compañeros en Panamá o Castilla del Oro y a Francisco Hernández de Córdoba, en Nicaragua; al hombre capaz de renunciar a jugoso premio de joyas y oro ganado en magnífica justa para regalarlo a unas damas y al hombre capaz de regatear a Diego de Almagro su participación en la conquista del Perú a la que contribuyó solamente con una ternera.

En fin personalidad en la que se ven siempre dos polos antitéticos y que parece dominada unas veces por la grandiosidad de sus circunstancias históricas que le elevan y otras por la tacañería y miseria de las pasiones humanas de las que no pudo desprenderse.

Por eso mi intención es tan sólo presentar una serie de ideas para que como yo trato de hacer con el personaje, no juzguen sino simplemente estudien, observen y traten de explicarse el porqué de los actos de este personaje histórico, y que como acostumbro a decir es sólo un intento, un ensayo, de penetrar en lo recóndito, en el "hondón del alma" y la biopatología de Pedrarias Dávila, "la furia de Dios", pues creo como decía Marañón que "lo más serio y por lo tanto lo más responsable que hacemos los hombres en ensayar y ensayar".

He dividido esta obra en tres partes: Pedrarias en España, Pedrarias en Castilla del Oro, Pedrarias en Nicaragua.

En cada una de ellas sigo hasta donde me lo permiten los documentos al personaje en todo aquello que pueda relacionarse con su biopatología.

He dado al ensayo un tono de historia clínica, y por ello comienzo con el linaje y ascendente de forma que alguna información pueda sacarse de sus posibles taras hereditarias.

De estos lo más sugestivo es la ascendencia judaica que fue siempre un sambenito que persiguió al Gobernador por todas partes, y que muchas veces lo hizo reaccionar inclusive violentamente.

La vida heroica de sus años mozos y hasta bien entrada la madurez le hizo soportar toda clase de dificultades y fatigas, tanto en lo físico como en lo psíquico, que culminaron con recompensas tales como el acrecentamiento de sus armas por el Rey, que fueron bien merecidas por sus campañas en Africa, y Portugal.

Pero sin duda este género de vida debió de dejar hondas huellas en su organismo, pues desde aquellas épocas vino padeciendo "mal de yjada", cajón de sastre en el que aquellos tiempos se encerraban todas las afecciones agudas o crónicas de los hipocondrios fueron cólicos renales, hepáticos, intestinales, etc.

Culmina su patología en España con un episodio de muerte aparente, que al darle por muerto obligó a sus familiares a enterrarle.

Estando apunto de colocar el cajón de la fosa, uno de sus criados que al parecer no pudo resistir su desaparición, abrazóse como un gesto de despedida al féretro, siendo el resultado el observar unos extraños movimientos dentro de la caja.

Gritando, el criado comunicó a los presentes su noticia, procediendo a abrirse la caja, y saliendo de ella vivo Pedrarias al parecer como si nada hubiera pasado.

Episodio de muerte aparente que podría catalogarse de uno de tanto accidentes cerebro-vasculares que por aquél entonces serían diagnosticados de muerte real.

La impresión fue tan grande para los familiares que nunca olvidaron la escena, pero mayor debió de ser para el propio Pedrarias quién a partir de aquella fecha se hacía enterrar cada año en un féretro y decir una misa corpore in sepulto y además llevó siempre consigo una miniatura de un féretro a todas partes para tenerlo a la vista y recordarle aquel suceso.

Podemos fácilmente imaginarnos que después de aquello el cerebro de Pedrarias no debía de estar precisamente funcionando como el de una persona normal, y que su psique sufrió de forma que debió de repercutir en su actitud frente a la vida y a la historia.

A los 64 años de edad y sin duda como veremos más adelante con su arteriosclerosis, y su mal de yjada, es nombrado Pedrarias Gobernador de castilla del Oro, y parte para la aventura acompañado de su esposa, veinte años más joven que él, para la recién fundada Colonia de Santa María la Antigua del Darién, donde le espera no la paz y la tranquilidad paradisíaca sino la hostil actitud de aquellos que se creían con todos los derechos adquiridos sobre las nuevas tierras.

Pedrarias venía representando la ley, eso que empieza a desagradar a los levantiscos conquistadores.

Y Pedrarias se encuentra no sólo frente a los hechos consumados de Balboa y su gente, sino a una epidemia de "modorra", y posiblemente una viriasis tropical que se caracterizaba por somnolencia profunda, fiebre elevada, postración y complicaciones pulmonares o renales que por aquel entonces no había forma humana de curar salvo la acción de las defensas o resistencias específicas individuales.

Y Pedrarias cae gravemente enfermo a sus 64 años a los 8 días de su llegada al istmo, y fue tal la gravedad que los protomédicos de Santa María, por entonces la capital del Darién, recomiendan urgentemente su traslado a otro clima menos ardiente que el de Santa María la Antigua, como era el de Caribari.

Allí una complicación nueva se presenta, una hemiplegia, cosa que no nos extraña dados los antecedentes vasculares del Gobernador.

Pero, su organismo debía de ser resistente de verdad, pues a pesar de todo y cuando más de 400 muertes diezmaron seriamente las filas de los españoles, Pedrarias venció a la enfermedad, quedando flaco, maltrecho y manco del brazo izquierdo, de lo que nunca llegó a recuperarse como confirman varios documentos.

Todavía no repuesto de su seria enfermedad, decidió reintegrarse a la capital de Tierra Firme, donde el obispo Quevedo habíale substituido en su ausencia forzada.

La causa del prematuro regreso de Pedrarias a la dirección de la colonia fue la noticia de la rápida amistad que había surgido entre Vasco Núñez de Balboa y el Obispo Quevedo que ponía en peligro la idea de juzgar al descubridor del Océano Pacífico y deshacerse de él.

Tuvo el consiguiente choque con el obispo, y naturalmente con Balboa, y con el Veedor, y con el Tesorero, y con todo el mundo pues su carácter se había agriado más y más.

Viendo que sus capitanes, enviados a recorrer el istmo y construir una serie de asientos a lo largo del trayecto del Istmo, habían fracasado en su misión, decidió apenas medio repuesto, emprender él en persona el viaje a la cabeza de un nutrido grupo de sus hombres y realizar personalmente lo que sus jóvenes capitanes no habían podido hacer.

Y parte para la costa de San Blas, y funda Acla, un puerto de aprovisionamiento, en el mismo punto desde el cual Balboa comenzó su expedición hacia el Mar del Sur.

Mas a los pocos días de dar comienzo a las obras de fundación, cae de nuevo enfermo, esta vez con dos serios problemas, el viejo "mal de la yjada" que le atacó sin duda por el ajetreo del viaje, las fatigas y la alimentación defectuosa, y una llaga en el área genital, que después de confrontar documentos hemos llegado a la conclusión de que fue leishmaniasis, mal endémico en el Istmo desde remotas épocas, del que los Españoles sufrían verdaderas epidemias al ponerse en contacto con la vegetación tropical.

En la actualidad, en que llevamos varios años recorriendo estas mismas regiones, seguimos viendo leishmaniasis en aquellos que al penetrar en estas selvas no toman las debidas precauciones y sobre todo en aquellos que no tienen costumbre de recorrer la selva tropical.

Por los caracteres la úlcera de Pedrarias, y por los años que le duró , sólo podía tratarse de algo así, además por la circunstancia que se presentó en época en que hubo una verdadera epidemia de úlceras en las piernas.

En el libro hemos tratado de demostrar que no se trataba de sífilis como alguno podía pensar, por varias razones clínicas que cualquier médico puede entender fácilmente, tales como cronicidad, localización y circunstancias colaterales.

En cuanto a la localización de la leishmaniasis que suele ser más frecuente en los lugares expuestos al aire, recuérdese en aquellas épocas no había excusados de hueco como los hay hoy en día, y puedo asegurar que estas regiones sigue sin haber excusados de ninguna clase.

El resultado fue que Pedrarias tuvo que abandonar la expedición y regresar a Santa María la Antigua del Darién.

Después ya sabemos lo que pasó, el juicio amañado por el cuál cayó al suelo con la cabeza del adelantado del mar del Sur que estorbaba sus planes y a su ego sin duda.

Más tarde sufre un ataque de "gota", acompañado de fiebre elevada intermitente, y malaria sobreañadida a la gota, lo que no le impide viajar a Nicaragua y reducir al levantisco Hernández de Córdoba al que ejecuta como hizo con Balboa, por haber querido erigirse en gobernador sin contar con él.

Ya nombrado Gobernador de Nicaragua, sufre periódicamente poliartralgias que le dejan medio tullido y lo obligan a permanecer sentado o en cama la mayor parte del tiempo.

Al mismo tiempo que estos variados padecimientos físicos preséntase un progresivo recrudecimiento de su carácter violento colérico, con fases de arrebatos de violencia, alternando con otros de depresión, típicos en los procesos degenerativos vasculares del cerebro.

En esta época son frecuentes los choques con sus subalternos.

Pero todo eso no le impide a la edad de 81 años, y después de una pelea verbal con varios de sus oficiales reales, desahogar su furia montando a caballo como un jinete consumado como sin duda fue.

Por fin, muere a los 82 años en la ciudad de León de Nicaragua "de vejez y pasiones y de las enfermedades que tenía" como dice la comunicación del Alcalde Mayor de Nicaragua, que consideramos como su certificado de defunción, siendo enterrado en la capilla mayor del monasterio de Nuestra Señora de la Merced de la citada ciudad de León, donde residiera en los últimos años de su dilatada vida.

Lo aparentemente inexplicable de la vida de Pedrarias es que lograra vivir o sobrevivir tras tantas enfermedades, cualquiera de las cuales podría haber dado fin a otro cualquiera que no fuera él, pero vivió, y vivió 17 años en el trópico en una época en que las condiciones higiénicas dejaban mucho que desear, y en una época en que los transportes eran jugarse la vida, y en una época de muertes violentas en la que el participó activamente, muere en su lecho de enfermo... de vejez.

Son aquí muy apropiadas las palabras de mi maestro el Dr. Gregorio Marañón "médico de los literatos y literato de los médicos":

"La historia ha sido a veces hecha por enfermos, o por individuos que caminaban entre la normalidad y la patología".


Museo de Antropología Médico-Forense Paleopatología y Criminalística
PROFESOR JOSÉ MANUEL REVERTE COMA