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LA ULTIMA AVENTURA DEL CORONEL FAWCETT Año de 1925. Los rotativos del mundo entero, con grandes titulares, anuncian la desaparición de la expedición organizada por el Coronel Percy Harrison Fawcett en la misteriosa región de Matto Grosso, en el corazón del Brasil en busca de "LA CIUDAD PERDIDA". El Coronel Fawcett, oficial retirado del Ejército Británico, antiguo luchador de la India, explorador de las fronteras de Bolivia y Brasil, experto en recorrer toda clase de selvas y terrenos, había escrito su última carta a su esposa desde el lugar llamado "Puerto del Caballo Muerto". En ella decía: "Si no volvemos, no deseo que organicen partidas de salvamento...Es demasiado arriesgado. Si yo, con toda mi experiencia, fracaso, no queda mucha esperanza en el triunfo de los otros. Esa es una de las razones de por qué no digo exactamente hacia donde vamos... Ya sea que pasemos y que volvamos a salir de la selva, que dejemos nuestros huesos para pudrirse en ella, una cosa es indudable: la respuesta al enigma a la antigua Suramérica... y quizás el del mundo prehistórico... será encontrada cuando se hayan localizado esas antiguas ciudades y queden abiertas a la investigación científica. PORQUE LAS CIUDADES EXISTEN...DE ESO ESTOY SEGURO!..." Estas fueron sus últimas palabras. Desde entonces no se supo más de él ni de su hijo Jack ni de Raleigh Rimmel, el amigo de éste que era el tercer miembro de la expedición. Después de luchar con muchas dificultades para organizar su partida, un buen día, con todo el equipo listo, salen de Rio de Janeiro en febrero de 1925 persiguiendo una quimera que para él era una realidad...LA CIUDAD ZETA, llamada así por la última letra del alfabeto, la ciudad perdida en la selva, donde estaba "el fuego que nunca se apaga". Conocía yo todos estos hechos dede mi infancia por haber leído el relato de la expedición hasta que se perdió el contacto con ella, así como los diarios de Fawcett anteriores a éste que sería su última exploración. Y confieso que siempre me intrigó el tema, tanto que, tuve en un rincón de mi cerebro guardado aquello siempre ante la posibilidad de que algún día se presentase la ocasión de investigar el asunto por mí mismo a pesar del tiempo transcurrido. Y la ocasión llegó. Mis exploraciones en Matto Grosso entre los grupos indígenas podrían compaginarse con un estudio retrospectivo del tema Fawcett y quién sabe si podría llegar a averiguar algo o por lo menos me contentaría con conocer la región y los lugares donde se perdió. Y la ocasión se presentó cuando emprendí la marcha a través de la enorme reserva indígena del Alto Xingú. Ante todo, estuve investigando en Sao Paulo, en Río de Janeiro, en Bahía y en otras ciudades y Archivos con tan buena suerte que después de una paciente labor, obtuve el documento original que tuvo en sus manos el propio Coronel Fawcett y que fué el impulso que le movió a adentrarse en Matto Grosso en la seguridad de que existía la CIUDAD PERDIDA. En Sao Paulo me entrevisté con los conocidos sertanistas de la FUNAI (Fundación Nacional de Ayuda al Indio), Orlando y Claudio Vilas Boas quienes por haber recorrido las regiones que recorrió Fawcett, podrían informarme sobre algunas cosas en relación con el tema. Ambos hermanos, muy amablemente me concedieron una entrevista en su casa de Sao Paulo y me invitaron a continuar la conversación cuando llegase a la propia región del Xingú en pleno corazón de Matto Grosso, a la que irían en breve pues viven allí entre los indios gran parte del año. Allí nos encontraríamos de nuevo. Mi pregunta a Orlando y a Claudio fué: -"¿Cuál es su idea de lo que pudo ocurrirle al Coronel Fawcett?". Fué Orlando quien me contestó: -"Fawcett, su hijo Jack y un amigo de éste de nombre Raleigh, salieron de Cuyabá, la capital de Matto Grosso, caminando por la selva. Llegaron hasta la tribu de los indios bacairí donde ya anteriormente había estado el Coronel Fawcett sólo, no pudiendo seguir adelante, unos años antes. La intención de Fawcett era entrar por el Este de la región de los indios bacairís hasta la Sierra del Roncador. El creía que existía debajo de esta Sierra del Roncador una ciudad subterránea. Fawcett había estado en el Tibet, había servido muchos años en el Ejército en la India. Por alguna razón que él sólo conocía, consideraba que en el Brasil central había una ciudad subterránea...MANOA...y otra civilización a la que él llamada AGATA... "Y entonces...desde la Aldea Bacairí en la Chapada de Matto Grosso, él pensaba ir hacia el Este para alcanzar la Sierra del Roncador". "Los indios bacairís le acompañaron guiándole hasta el río Culiseu abajo. Allá encontró otra aldea de indios nafuquá, quienes le condujeron hasta una aldea de indios KALAPALO con la promesa de que les daría algunas cosas como regalos. Fawcett les prometió que les daría unos collares que llevaba en una caja y que les mostró. El indio que le servía de guía se llamaba KABUKUIRI. Era de la tribu kalapalo y cuando llegó Fawcett donde los nafuquá, estaban allí de visita ofreciéndose a llevarlos a su aldea. "Llegados a la aldea de los kalapalo vieron que estaba vacía pues los indios andaban de caza y se habían ido con toda la tribu a otro lugar donde tenían casas también, una aldea de verano a orillas del Río Kuluene. Fawcett decidió ir a esta aldea de verano acompañado por el guía KABUKUIRI para hablar con el gran jefe CAYADO de los indios kalapalo". "Poco después, el Coronel Fawcett con Jack y Raleigh llegaban a la aldea y se enteraron durante los dos días que en ella estuvieron, que más adelante, dentro de la selva, hacia la dirección que él quería ir había indios muy bravos. Entonces Fawcett empezó a querer economizar los presentes que llevaba consigo. Cuando vió que los kalapalo le recibían bien y no le amenazaban, resolvió guardar los regalos para darlos a los indios más bravos y apaciguarlos. A pesar de haber prometido a KABUKUIRI que le daría un puñado de collares de los que llevaba, no lo hizo. "Además, durante la permanencia de Fawcett en la tribu kalapalo, entró en conflicto con el mismo indio KABUKUIRI dos veces. La primera fué al disparar un tiro sobre un pato que volaba en la laguna próxima. El pato cayó. Un niño corrió para recoger el pato. Fawcett corrió también y tomó el pato de las manos del niño dándole una palmada regañándole. Lusgo, cuando limpiaba el pato de plumas, sacó un cuchillo que llevaba muy bonito y el indio KABUKUIRI que estaba cerca, lo tomó para verlo. Fawcett se lo quitó de las manos. KABUKUIRI quedó ofendido e irritado contra Fawcett y avisó a los indios de la aldea que iba a matarlo. Los indios no le creyeron. La muerte de Fawcett no fué una resolución de la tribu como algunos han pensado, sino una iniciativa puramente personal del indio KABUKUIRI." "Cuando Fawcett decidió seguir por tierra con Jack y Raleigh y bajaba una barranca que llevaba hasta la laguna para seguir adelante, el indio ofendido, ayudado por su hijo KURURI y su yerno KALOENE, mataron a golpes de borduna a los tres ingleses sorpresivamente..." "...Pasaron años...Varias expediciones fueron enviadas en busca de los desaparecidos y los indios kalapalo los atacaron a todos." Los Hermanos Vilas Boas siguieron contándome cómo acompañaron a varias de estas expediciones que salieron en busca de los Fawcett. Desde que en 1927, dos años después de haber dado por perdidos al Coronel y a sus compañeros, un Ingeniero Civil francés de nombre Roger Courteville aseguró haberse cruzado con el Coronel en Minas Gerais. Bryan, el otro hijo de Fawcett que vivía en Londres, al saber la noticia, vuela a Lima, se entrevista con Courteville que le cuenta el hallazgo de un anciano andrajoso y enfermo en un camino de Minas Gerais que le dijo llamarse Fawcett. Parecía confuso y no en sus cabales. Se dió noticia de esto a la Agencia de Noticias que había sufragado los gastos de la expedición, N.A.N.A. y ésta se negó en principio a proporcionar los fondos para comprobar la historia. Al año siguiente sin embargo, envió al Coronel George Dyott para investigar la suerte corrida por Fawcett. Partieron de Cuyabá en 1928. Llegaron al Río KULISEU, donde estaban los indios anagua. ALOIQUE el jefe, mostró a Dyott una maleta metálica para guardar uniformes y el jefe llevaba como collar un rótulo de bronce colgando, con el nombre del fabricante, Silver and Cº de Londres. ALOIQUE contó que un blanco con otros dos más jóvenes que iban cojeando, habían llegado hasta allí y le habían dado la maleta. ALOIQUE los llevó a una aldea kalapalo en el Río Kuluene y después cruzaron el río para continuar hacia el Oriente. La expedición Dyott regresó sin más pruebas. La maleta de los Fawcett había quedado abandonada allí con ocasión del primer viaje del Coronel cuando fué sólo. Dyott creía que Fawcett había sido asesinado. Se empezó a hablar por entonces de que Fawcett y su hijo se encontraban entre una tribu de indios salvajes que los tenía como ídolos y estaban vivos, actuando como los reyes de la tribu. Hasta 1930 no se organizó otra expedición que dirigió el periodista Albert de Winton. Llegaron hasta la aldea kalapalo donde se pensaba que la expedición había sido destruída. Jamás regresó vivo y nada se pudo probar. En 1932 un suizo, trampero, llamado Stefan Rattin, regresó de Matto Grosso y contó la historia de que Fawcett era prisionero de una tribu india al Norte del Río Bomfín tributario del Sao Manoel. Aseguró que había hablado con el propio Fawcett. El 16 de octubre de 1931 se vió rodeado de indios cuando andaba por Matto Grosso. Le llevaron al poblado. Allí vió a un anciano de larga barba blanca y pelo largo. Parecía triste. Pudo aproximarse a él y le dijo en inglés: "Soy un coronel inglés. Vaya al Consulado inglés y pregunte por el Mayor Paget, quien tiene una hacienda en Sao Paulo. Dígale que estoy prisionero aquí". Al prometerle Rattin que así lo haría, le dijo: "Usted es un caballero". Preguntó si tenía papel y le llevó a su choza. Le mostró cuatro tablas de madera en las que había hecho burdos diseños con una piedra afilada. Rattin los copió. Luego dijo algo sobre su hijo que dormía y comenzó a llorar. Rattin hizo una declaración oficial ante el Cónsul General británico de Río de Janeiro. Más tarde fué a buscar a Fawcett por su cuenta el propio Rattin. No volvió jamás de la selva, pero se sabe que pasó por el Rancho de Hermenegildo de Galvâo quien había tenido mucha amistad con Fawcett en Matto Grosso. Rattin había seguido la misma pista de la expedición perdida. Pero los misterios continuaron. El 8 de julio de 1932, Galvâo escribe a la Señora de Fawcett a Inglaterra y le dice que en efecto, un hombre llamado Rattin pasó por su finca en busca de la expedición Fawcett, que antes habían estado allí pues él, Galvâo, había conocido al Coronel y conversado con él muchas veces. Rattin, según lo que dijo Galvâo no había seguido la verdadera dirección del Coronel, porque "Fawcett...cuando iba a partir para su última expedición...me informó sobre la ruta que iba a seguir". Y siguió diciendo que estaba dispuesto a ir él a buscarle a ver si era verdad que aún estaba vivo. En 1933, el Coronel Aniceto Botelho encontró cerca de la aldea de los indios bacairís una brújula de teodolito, que hizo llegar a la Royal Geographical Society de Londres y ésta a la Sra. Fawcett, quien identifió la brújula y dijo que seguramente la había dejado por el camino para que pudiese seguirse su pista. (Lo último que un explorador dejaría por el camino sería su brújula, a menos que tuviese otra de repuesto). En 1933 salió otra expedición al Río Kuluene dirigida por Virgilio Pessione. Hablaron con una india nafaquá que iba acompañada por un indio kalapalo. Contó la presencia durante muchos años de hombres blancos en medio de la tribu aruvudu. Ella vió tres hombres blancos que bajaron por el Río Kuluene. Uno era anciano, alto, de ojos azules, barbudo, calvo. Otro más joven, hijo de él y otro blanco de mayor edad. Hacía un año aún estaban sanos y salvos entre los aruvudus. El viejo era ahora el jefe de la tribu y el hijo casó con la hija de otro jefe llamado Jernata. Tenía un hijo varón, pequeñito, de ojos azules y cabello color maíz. Eran muy estimados por la tribu. Al ser preguntado por qué no escapaba dijo que no tenían balas para sus armas y estaban rodeados de feroces tribus suyás y kayapós. Mr. Patrick Uliatt escribía a la Sra. Fawcett en 1935: "Todavía mantengo la creencia de que está vivo un miembro de la expedición de su marido". Patrick y su hermano Gordon partieron en una expedición a Río Januari, tributario del Madeira, avanzando hacia el Río Machadinho, pero los indios no les dejaron pasar y tuvieron que regresar huyendo. El último informe que la prensa europea publicó sobre la expedición Fawcett fué la dramática "confesión" que obtuvo Orlando Vilas Boas de labios de IZARARI, jefe de los indios kalapalos en su lecho de muerte. IZARARI confesó que había dado muerte a Fawcett y a sus dos jóvenes compañeros. Estos habían llegado con ALOIQUE, el indio nafaquá y el hijo del hombre blanco se unió a una de las esposas de IZARARI. Al día siguiente el anciano exigió canoas y remeros para que le ayudasen en su viaje. Se lo negaron. Entonces Fawcett abofeteó el rostro de IZARARI. El enfurecido jefe tomó su maza de guerra y golpeó al explorador hasta hacerle saltar los sesos. Los jóvenes se lanzaron sobre él, pero las mazas de los indios acabaron con ellos. KOMATZI a la muerte de IZARARI se hizo jefe de los kalapalos y consintió en revelar el sitio de la tumba del explorador asesinado. Los cuerpos de los dos jóvenes fueron arrojados al Río Kuluene según informó KOMATZI. A mí todos estos informes me parecían muy contradictorios y algunos un tanto absurdos. Las reacciones de abofetear a un indio por ejemplo no son lógicas en quien tiene costumbre de andar por las selvas. Jamás se me ocurriría hacer nada semejante a menos que tuviese que defender mi vida y nunca ante la negativa de conseguir una canoa o remeros. La reacción es ilógica. Fué por todos estos informes contradictorios y absurdos muchas veces que yo quería hablar en persona con Orlando y Claudio Vilas Boas. La entrevista con Orlando en persona fué grabada por mí en cinta magnetofónica con su beneplácito. Me aseguró que los kalapalos siempre rechazaron el contacto con todos los que intentaron llegar a ellos porque pensaban que habría represalias contra la tribu. Fué sólo cuando los Hermanos Vilas Boas llegaron al Río Xingú con su expedición KUKALO-XINGU, penetrando en áreas del Brasil Central no conocidas hasta entonces, cuando empezaron a aclararse las cosas. El itinerario de esta expedición pasaba por los alrededores de la aldea kalapalo. Entraron en contacto con los indios y convivieron con ellos cinco años. Al cabo de ese tiempo, los indios les tuvieron gran confianza y les mostraron el lugar donde habían sepultado a los ingleses que habían asesinado muchos años antes. Llamaban al lugar "túmulo de los engeleses" y al mostrarlo a Orlando, éste hizo retirar de allí los huesos y llevarlos más tarde por el Dr. Asís Chateaubriand a Londres, donde fueron estudiados por la Royal Society of Anthropology. Allí el dictamen aseguró que aquellos huesos pertenecían a un hombre de 1.76 m de altura cuando Fawcett tenía 1.82 m. Pero la opinión de personas como Mister Mac Millan de Sao Paulo que conoció muy bien al Coronel era que el Coronel Fawcett, sentado parecía un gigante y de pie parecía un hombre normal...alto, pero no tan alto. El tenía el cuerpo muy largo y las piernas muy cortas. Los huesos fueron enviados a Londres y los que sirvieron para hacer la medición de la estatura, fueron precisamente los de las piernas. Y en palabras textuales de Orlando Vilas Boas durante nuestras conversaciones, en Sao Paulo primero y luego en el Alto Xingú, me dijo: -"Los ingleses no quisieron llegar a más detalles como el examen minucioso del maxilar inferior o el grupo sanguíneo de aquellos huesos. Los huesos regresaron al Brasil con una nota que decía que no pertenecían al desaparecido Coronel Fawcett. -"¿Y conoció usted al otro hijo del Coronel Fawcett, a Mr. Bryan Fawcett quien también vino en una expedición a buscar huellas de su padre?" -"Sí, vive en Suiza o en Inglaterra. Yo le acompañé en la expedición que hizo para buscar los restos de su padre. Cuando los indios kalapalo, en cuya aldea estuvimos, vieron a Bryan, huyeron de miedo pensando que el "enguelese" había resucitado. Se acordaban muy bien de él...Le hicieron quitar la camisa y miraron todos muy atentos, y gritaron...¡Miguelese!...¡Miguelese! (Es el inglés! es el inglés!). Bryan Fawcett no está convencido de que su padre fuera muerto ni acepta que los huesos fueran de él, basándose en el dictamen de la Royal Society, pero nosotros sabemos que los indios dicen la verdad sobre todo cuando ven que van a morir. Y los kalapalo fueron quienes mataron a los tres expedicionarios". Todo sigue siendo un misterio, uno de los más apasionantes misterios de nuestro siglo, en torno a la vida y a la desaparición de la expedición Fawcett, a pesar del tiempo transcurrido. En el libro publicado por su hijo Bryan, se relata la vida del Coronel según los informes extraídos de sus diarios. De la última expedición sólo se tienen los informes de las cartas que iba mandando Jack que era el amanuense de la expedición hasta que no se supo más de ellos y las propias cartas de P.H.Fawcett a su esposa. Por ellas se sabe cómo salieron de Río de Janeiro a Sao Paulo donde estuvieron visitando el Instituto Butantán interesándose por los sueros contra las picaduras de culebras. Se sabe también cómo la colonia británica les dió una despedida y cómo de Sao Paulo fueron a Puerto Esperanza donde embarcaron y por el Río Paraná y el Río Paraguay llegaron en el barco "IGUATEMY" hasta Cuyabá, la capital de Matto Grosso. Desde allí Jack Fawcett escribía a su madre y a su hermano Bryan: "Abandonaremos Cuyabá el 2 de abril y después demoraremos seis semanas o posiblemente dos meses hasta el lugar donde papá llegó en su anterior viaje, el Puesto Bacairí. Hasta llegar a la ciudad "Z" tardaremos probablemente otros dos meses y puede que localicemos la "ciudad perdida" el día que papá cumpla los 58 años, el 3l de agosto". ¿COMO LLEGO EL CORONEL FAWCETT A CREER CON ESA CERTIDUMBRE EN LA EXISTENCIA DE UNA ANTIGUA CIUDAD PERDIDA EN EL MATTO GROSSO EN MEDIO DE LA SELVA? Esta era una de las preguntas que me hacía junto con otras muchas desde que a mis 10 ó 12 años de edad supe de la existencia del Coronel Fawcett y quedé impresionado por la historia que ya leí por entonces de su desaparición en la selva. Nunca pude ni soñar que con más de 50 años de edad yo personalmente recorrería aquellas regiones, seguiría las huellas de aquel hombre cuyas aventuras poblaron mi imaginación infantil y llegaría a formar yo mismo parte de aquella historia. Insondables designios de la providencia. Desde el Río Araguaya en pleno Matto Grosso donde me encontraba a la cabeza de una expedición para estudiar la flora, la fauna y la Antropología de aquellas remotas regiones, decidí volar con mi equipo sobre la misteriosa Sierra del Roncador, así llamada porque el ruido extraño que produce el viento en ella se oye desde muy lejos como un lejano ronquido, atravesar Matto Grosso en peligroso vuelo en nuestro pequeño bimotor y llegar hasta Cuyabá, capital de Matto Grosso para ver y filmar los escenarios naturales donde se desarrolló hace medio siglo la historia de aquella expedición. El aparato seguía su pesado vuelo por aquellas calurosas regiones. Dentro de la cabina, el aire que entraba por los orificios de ventilación era horrorosamente caliente. Ardía el aparato por fuera y por dentro. En lugar de regriferarnos, la velocidad lo que hacía era generar más calor con el roce contra aquella atmósfera ardiente, infernal. Allá abajo, las llanuras de Matto Grosso, la selva densa en algunos puntos, cerrada, y en otros rala, con claros. Delante del aparato ya se podía divisar la Sierra del Roncador, uno de los objetivos de Fawcett, apareciendo como un relieve del suelo cubierto de selva densa. De mi propio diario de viaje tomo todo lo que sigue: Damos unas vueltas al Roncador para permitirme tomar unas fotos y unos planos que el cámara Cabanillas toma también. Por más que miro no veo huellas de ninguna ciudad perdida. Fué aquí donde posiblemente los informes del explorador inglés anunciaban la existencia de un mundo desaparecido. No hay ningún sitio donde nuestra avioneta pueda descender. Si caemos aquí, la selva nos atraparía. Seguimos nuestro vuelo observando los estrechos riachuelos que serpentean por entre la selva. Nos dirijimos hacia el S.O. apuntando el moro del avión hacia la frontera con Bolivia. La meseta de Matto Grosso se presenta ahora completamente plana, excepto por las grietas que de vez en cuando aparecen en ella, y que recuerdan las que debieron hacer los animales prehistóricos que aquí vivieron y cuyos esqueletos aún pueden encontrarse fosilizados en estos lugares. Esto tenía muy impresionado a Fawcett que nunca tuvo una visión aérea de estas inmensas soledades como la tengo yo en estos momentos. Después de tres horas de vuelo, podemos ver el final de la meseta. Hemos estado volando bajo, casi a ras de la selva, y de pronto, la meseta queda atrás y ahora resulta que estamos volando alto. Es que acabamos de sobrevolar los enormes acantilados de la Chapada, y enfrente aparece ya más claro, casi sin la calima que nos ha venido molestando durante todo el camino, la ciudad capital de Matto Grosso, CUYABA, rodeada por el Río Cuyabá, uno de los brazos del Alto Río Paraguay. Lsjos están los tiempos, casi dos siglos y medio, en que el bandeirante Moreira Cabral llegó a esta región y en menos de un mes, él y sus compañeros extrajeron 400 arrobas de oro de los alrededores del río. Ha sido una zona muy rica en oro y sigue siéndolo. Era proverbial que después de un aguacero, cuando aún no estaban pavimentadas las calles, se podían encontrar pepitas entre el fango. Nuestro avión da una vuelta en torno a la ciudad y llegamos en poco tiempo a la pista del Aeropuerto Rondón, nombre que recibe en recuerdo del gran mattogrossense y explorador brasileño, fundador de la FUNAI (Fundación Nacional de Ayuda al Indio). Estamos a 300 metros sobre el nivel del mar y en los 15º 35' de Lat.Sur y 56º 6' de Long Oeste. En pocos minutos llegamos al centro de la población donde tengo ocasión de ver bien el río y la plaza o parque donde Fawcett cuenta que iba por las tardes. Por este mismo río subieron los expedicionarios en el barco "Iguatemy" en busca de su destino y de esta ciudad partieron hacia las selvas de las que yo llego ahora. Esta ciudad histórica, de avanzada en las selvas brasileñas tenía un especial atractivo para él y fué el escenario donde dió los últimos toques a su expedición. Aquí contrató peones y caballerías que le llevasen al Puesto Bacairí y al del Cavallo Morto, hasta donde había logrado llegar cuatro año antes sólo, sin ayuda de nadie, en busca de su misterioso objetivo. He tenido una entrevista con el Director del Diario "La Prensa de Matto Grosso", Emanuel Ribeiro, a quien venía recomendado para que me condujese a los lugares donde podría obtener información sobre mi estudio. Ribeiro no conocía mucho del tema, pero me llevó a casa del Presidente de la Academia de la Historia de Matto Grosso, el Profesor Rubén de Mendoza. La casa del Prof. Rubén de Mendoza es de una planta, pintada de ese color rosado al que son tan aficionados los brasileños. Se parece mucho a las casas de La Boca en el Puerto de Buenos Aires, y su construcción de madera y mampostería, típicamente tropical, recuerda también el estilo de los países muy calientes de Centroamérica. Hay que reconocer que el sol pega fuerte en Cuyabá y que caminar por estas calles es como pasearse por una sartén sobre el fuego. -"¿Qué me puede decir usted sobre el Coronel Fawcett?" -"No mucho para lo que usted está buscando, pero sólo que le conocí cuando era niño y que por esta puerta ha pasado muchas veces. En ese mismo asiento donde está usted, estuvo sentado él a menudo conversando con mi padre con quien tuvo mucha amistad. Yo tendría por entonces unos 12 años. Le recuerdo como un hombre serio, grave y obsesionado con la existencia de aquella misteriosa ciudad. Muchas veces conversé con mi padre ya siendo mayor sobre este tema. Mis recuerdos infantiles se confunden con lo que me contaba mi padre de él. Sé que había encontrado una serie de documentos, entre ellos uno escrito por un bandeirante a principios del siglo XVIII, bandeirante que andaba buscando las minas de oro y plata de Muribeca, legendarias y nunca encontradas después que un indio mestizo de portugués las halló y les puso su nombre, MURIBECA. "Parece que el bandeirante al que Fawcett llamaba RAPOSO, encontró un buen día después de muchos que anduvo caminando por las selvas, una ciudad con dinteles de piedra, casas de piedra y viejas inscripciones y hasta una estatua de un indio hecha también de piedra. Este Francisco Raposo escribió un documento relatando su hallazgo y dejando grabados en él unos dibujos que eran copia lo más fiel posible de las inscripciones que había visto talladas en las piedras en una extraña escritura jeroglífica. Este documento y unos mapas eran la obsesión de Fawcett y como mi padre era un hombre de muchos conocimientos de la Historia de la región, se reunían aquí a conversar sobre el tema. Yo sé que mi padre le habló de esqueletos fósiles de grandes animales hallados en la Chapada mattogrossense, pero no le puedo decir mucho más pues ya se puede imaginar que a mis doce años no pude fijarme muy bien en aquellas coas. Fué después, cuando años más tarde mi padre me contó algunas de aquellas conversaciones. Lo que sí le puedo decir es que cuando venía a Cuyabá, se alojaba en el Hotel Gramma". -"¿Y dónde está ese Hotel?", pregunté. -"Ya ha desaparecido. Fué derribado para construir casas nuevas". -"Y ¿llegó usted a conocer el barco Iguatemy?" -" Sí. Era el barco fluvial que llegaba hasta el puertecito del Río Cuyabá, al pie de un Puente que puede usted ver desde el Parque actual. Hasta no hace muchos años estuvo varado en un borde del río porque no servía para navegar. Luego fué desguazado. Aquí sabemos que el Coronel, después de salir de Cuyabá, se dirigió a la finca de un amigo suyo llamado Galvâo, que le cogía de paso, y de allí con los guías y caballos alquilados siguió por la Chapada hasta el Puesto Bacairí. Más adelante alcanzó el Posto do Cavallo Morto y desde allí inexplicablemente ordenó a sus guías regresar con cartas para su familia y con los caballos. Se despidió de ellos y como si no quisiera que nadie supiera hacia donde se dirigía". "A partir de ese momento no se volvió a saber de ellos. Años más tarde se dijo que estaban viviendo entre los indios de una tribu del Xingú como si fuesen los caciques de ella y que el hijo Jack se había unido a una india, de cuya unión tuvo un hijo. Por aquí apareció y vivió algunos años un joven indio de tez blanca, pero más bien era un albino, que se llamaba Dulipe y del que se dijo era el hijo de Fawcett. Pero parece que fué un error. Este indio llevó una vida disipada aquí en Cuyabá siendo frecuente visitante de tabernas y lugares por el estilo. Y siempre estaba en reyertas y borracheras. En una de esas reyertas acabó muerto a cuchilladas". Me despido del Prof. Mendoza y del Director Emanuel Ribeiro, dirigiéndome hacia el Aeropuerto Rondón, viendo que ya no podía obtener más información allí. El vuelo de regreso al Río Araguaya fué interesante pues me permitió ver en otra dirección el camino anterior y cruzar de nuevo la Meseta de Matto Grosso, duro vuelo, cansado como estaba del viaje y duro vuelo para los pilotos que se turnaban en el mando y que a base de "cafecinho" pudieron aguantar tan dura jornada. Sería después, terminada mi misión en el Río Araguaya, cuando tuve ocasión de recorrer parte del río Kuluene y los lugares por donde estuvo el final del trayecto de Fawcett con toda probabilidad. Ví a los indios kalapalo. Los fotografié. Los que ahora viven, parecen no saber ya nada de aquel tema o si lo saben "se hacen los indios". De todas formas, pasé una tarde conversando con uno de los viejos kalapalos de la región, con quien incluso tengo una fotografía que hice tomar a otro indio y salió muy bien. Fué una interesante experiencia conversar con aquel kalapalo, miembro de la tribu que según parece acabó con la expedición. Hoy se ven en vías de aculturación al cabo de los años. Pero mantienen aún su flequillito o gayusa característico y andan vestidos a medias, conservando sus tradiciones y su lengua y hablando muy pocas palabras de portugués. El jefe de la reserva, que es un hombre de gran inteligencia, es miembro de la FUNAI. Se llama Sidney Pozuelo, hijo de español y brasileña . Conversamos sobre el tema durante mi estancia en el Alto Río Xingú. -"¿Cuál es su opinión imparcial sobre el tema Fawcett amigo Sidney?", le pregunté. -"Esta fué la región de donde desapareció, aquí precisamente donde nos encontramos. Este fué el río por donde anduvo navegando en canoa y por donde debió de llegar hasta aquí. Incluso es el río donde seguramente fueron echados los cadáveres de los dos compañeros de expedición. Según los indios de la época el Coronel era un tipo muy bravo, era un espíritu inglés en la selva. Perteneció o estaba ligado con algunas sectas del Tibet. El creía que había una ciudad subterránea, la ciudad ZETA en el Xingú o sus alrededores. Quería encontrarla a toda costa. Al entrar en el territorio indígena hizo contacto con los indios y tuvo un incidente. El traía mapas antiquísimos que anotaban esta ciudad en esta región. Traía consigo datos muy precisos. Todo lo llevaba coordinado: ríos y sus nombres, etc. En 1925, aquí donde estamos existía una aldea de indios kalapalo. Lo que le llevó al fracaso fué no conocer a los indígenas y no saber tratarlos. Los indios kalapalo vivían aquí a orillas del río Kuluene y aquí fué donde le mataron. Fawcett y sus compañeros vivieron aquí unos días, no muchos. Los indios kalapalo contaron a Orlando Vilas Boas cómo mataron a los expedicionarios en una barranca, con sus bordunas. Sin embargo el hijo de Fawcett, no aceptó que los huesos hallados fuesen los de su padre. Además, Orlando encontró aquí etiquetas, platos, madera de las cajas que traían los expedicionarios". -"Amigo Sidney, ¿ha oído usted alguna vez entre los indios algo sobre una luz que nunca se apaga?". -"No. Sobre Matto Grosso hay muchas cosas aún en el misterio. Nosotros aún no hemos podido recorrer muchas regiones que aún están cerradas totalmente y sabemos que en ellas viven indios que jamás han tenido contacto con la civilización y a los que queremos atraer. Pero primero tenemos que consolidar nuestra posición aquí. Todo llegará con el tiempo. Sobre ciudades perdidas en la selva se habla muchas veces en las hogueras de los campamentos y en estas soledades se estimula mucho la fantasía. Pero no niego rotundamente la existencia de una ciudad perdida que la selva haya podido cubrir con el tiempo y que un buen día aparezca ante la sorpresa del mundo. Eso es algo que todo sertanista de estas regiones sabe que aún es posible. La selva se reproduce con rapidez y en el pasado pudieron existir pueblos capaces de construir con piedras...YO CREO QUE PUEDE QUE ESTEMOS CERCA DE UNA CIUDAD PERDIDA Y NO LO SABEMOS..." Así opina uno de los grandes expertos en las selvas de Matto Grosso. El 20 de mayo de 1925, escribía Fawcett a su esposa desde el último puesto o punto de su trayecto conocido: ..."Espero entrar en contacto con la vieja civilización dentro de un mes y llegar en agosto al objetivo principal...En todo caso ¡nuestra suerte está en manos de los dioses... Calculo que estaremos en la cascada de que tanto te he hablado en una semana o diez días...Estamos en el campamento del Caballo Muerto, Lat 11º 43' 5" y 54º 35' Long Oeste...No temas que fracasemos..." Fueron las últimas palabras a su esposa... Todavía la expedición Fawcett sigue siendo un interrogante y quizás lo será eternamente. Lo cierto es que desde el 20 de mayo de 1925 no se supo más del Coronel Percy Harrison Fawcett, su hijo Jack y el amigo de éste Raleigh Rimmel. La prensa de aquellos días mezcló la noticia de su desaparición con otras de la actualidad de entonces, como las muertes del famoso médico Wassermann y el anatómico Testut, maestros de generaciones de médicos.También moría por entonces el famoso piloto portugués Sacadura Cabral y estaba en su apogeo la guerra de Marruecos con España. Fuertes lluvias habían detenido las operaciones. Se comenzaba a hablar de la relatividad de Einstein que llegaba a Río de Janeiro el 21 de mayo al mismo tiempo que se comenzaba la suscripción popular para construir el famoso Cristo Redentor del Corcovado y Mussolini entraba en la Cámara de los Diputados de Roma en medio de una muchedumbre que le aclamaba delirante. He recorrido cuidadosamente la prensa de la época en los Archivos de Rio de Janeiro para buscar datos e informes sobre la expedición. Y he visto hasta las películas que se proyectaban en los cines de la época y a las que hacía mención Fawcett a su familia en alguna de sus cartas. Pero me faltaba la pieza quizás más importante de mi historia. Quería conversar personalmente con el hijo de Fawcett que no participó en aquella expedición, Bryan Fawcett. Le busqué por todas partes y por fin pude encontrarle en el Norte de Inglaterra, en Carlisle. Un día frío, con un viento huracanado que cortaba la cara. Nieve derretida caía sin llegar a cuajar. Parecía un día de esos que tanto gustan a los duendes ecoceses. Busqué el domicilio de Bryan Fawcett, una casa típicamente inglesa con su jardín, sus árboles, su talud, su reja de madera en la entrada, su chimenea de leños y su fantasma. Bryan me recibió cálida y cordialmente. Nuestras previas conversaciones telefónicas le habían hecho conocer el objeto de mi visita. Un día entero conversando con este hombre admirable, Ingeniero de Ferrocariles retirado que vive con su esposa como si fuesen una pareja de recién casados a pesar de sus setenta y cinco años de edad, es algo inimaginable. Mientras conversábamos, pensaba yo que había esperado yo casi medio siglo para llegar a este momento y desde mi infancia cuando leí el Diario del Coronel, su padre, siempre había sospechado que algún día llegaría a intervenir de alguna forma en este misterio. Y héme aquí, después de haber recorrido los lugares de la selva donde desapareció, los lugares que recorrió hasta llegar a ella, con las personas que conversó y que estuvieron en una u otra forma relacionadas con él. Ahora, al hablar con Bryan Fawcett, me parecía estar conversando con el mismo explorador desaparecido. Me mostró sus fotos, fotos viejas del Coronel siendo niño, de cadete, con su esposa, de Mayor, de Coronel. Tuve en mis manos los libros encuadernados en piel, pequeños como libros de misa en los que muy cuidadosamente y siempre con un lápiz muy puntiagudo, trazaba sus notas en líneas perfectamente paralelas, regulares. Sus anotaciones, sus cuentas de gastos, facturas de los aparatos que compró para su expedición. Y los gemelos de campaña que solía llevar y que tuve en mis manos y a través de los cuales miré como lo había hecho el gran explorador al que admiré en mi infancia. Como detalle curioso me mostró Bryan una reproducción de la prótesis dental del maxilar superior guardada en un estuche, réplica de la que usaba su padre. Me parecía estar en otra dimensión al poder disponer de todo aquel material para comprender mejor la historia. -"¿Cree usted en la existencia de la ciudad perdida en busca de la cual iba su padre?". - "Mi padre tenía una seguridad tan grande que siempre he pensado que tenía razón. Yo no soy sin embargo como él un explorador sino un hombre metódico amigo de estar en mi casa y por eso no he seguido buscando la ciudad. A mí sólo me interesó saber si mi padre o mi hermano vivían. Por eso, cuando me lo permitieron mis medios, organicé un viaje a aquellas regiones del Brasil donde posiblemente mi padre deasapareció. No pude saber más de lo que ya se había averiguado". - "¿Qué sabe usted de aquella famosa estatuilla que su padre cuenta que le obsequió Ridder Haggard?" - "Yo la he tenido en mis manos y le puedo asegurar que tuve que soltarla al instante. Una corriente eléctrica me pasó por el cuerpo. Mi padre la tenía en gran estima y creía que era una de las claves para su investigación". -"¿La estatuilla desapareció?" - "Sí. No le podría decir qué pasó con ella. Yo por aquel entonces estaba en el Colegio. No he sabido más de la estatuilla". -"¿Por qué llamó ZETA a la ciudad perdida?" -"Yo pienso que ZETA era para él como X, una incógnita". - "¿Y en qué documentos se basó su padre además del hallado en que se relata la historia del bandeirante Raposo?" - "El documento de 1754 sobre la "grande población" no era el único. Entre los años 1909 y 1911, mi padre que se encontraba entonces en Bolivia, estudió varios Archivos de los P.P. de la Compañía de Jesús, incluso informes de los padres jesuítas que durante el siglo XVIII hicieron viajes de penetración en la montaña y hablaban del "Gran Paitití" y otras maravillas. Opino que mi padre fué demasiado listo para dar crédito a tales cuentos, ni aún con el entusiasmo que tenía. Hay que tener en cuenta que la América del Sur de su época, años 1900 a 1925 no había sido sobrevolada, y no existía razón para no aceptar la posibilidad de encontrar lugares de sumo interés en el interior desconocido. No olvide que Macchu Pichu fué descubierto en 1911 por Hyram Bingham!". -"Y usted Mr. Bryan Fawcett ¿cree en aquello de lo que hablaba tanto su padre, el fuego que nunca se apagha?" - "Sería una exageración decir que creo en el fuego que nunca se apaga en el sentido de la convicción que tenía mi padre. Sin embargo nunca niego lo que ha estado fuera de mi experiencia personal y no me han escapado ciertas tradiciones que existen entre los naturales del Perú donde he vivido muchos años, que no mencionan los nativos sino a aquellos afortunados que han ganado su confianza. Así, he oído decir que los peruanos de la remota antigüedad conocieron el uso de una fuente de iluminación constante, formada en primer lugar, de cierta piedra volcánica que utilizaron en sus templos y construcciones subterráneas, que quedaba destrozada al exponerla a la luz del día. La utilizaban solamente en sus edificios sagrados o los más importantes y como algunos de éstos aún existen, medio arruinados, puede que persista la iluminación sin apagar en ellos. Quizás más creíble son las alegaciones de dos viajeros de nuestra época, hechas a mí en los años veintitantos. Uno de ellos, norteamericano, de apellido White, de avanzada edad, que había vivido muchos años en el interior del Ecuador, me contó que él mismo vivió algún tiempo con una tribu de salvajes desconocidos que solían iluminar el interior de sus viviendas con plantas luminosas y como las flores de aquellas plantas se cambiaban muy a menudo, resultó una "luz que nunca se apagaba". Igual información recibí de un inglés llamado Lloyd, ex-catedrático de una de las grandes Universidades de Inglaterra, quien abandonó la civilización para pasar su vida entera con los indios chunchos de la montaña peruana. Lloyd no había visto él mismo "la luz vegetal", pero sus compañeros y vecinos indios hablaban de tribus más allá, en el interior de la selva, que la utilizaban. Vale mencionar que los alquimistas de le Edad Media buscaban en las faldas del Vesubio y del Etna cierta piedra verde, importantísima para sus experimentos. Hasta la fecha no he encontrado geólogo que me haya podido esclarecer este punto. Sin duda alguna, fué en Bolivia donde mi padre supo primeramente y tuvo noticia sobre "la luz que nunca se apaga" y que menciona en su Diario de Expedición. -"¿Cree usted que hubo en su padre afán por despistar a quienes quisieran seguirle?". -"Siempre lo hemos pensado así la familia. Mi padre, deliberadamente borró cuanto pudo sus huellas. En el Puesto del Caballo Muerto despidió al guía con los caballos, y envió una posición astronómica equivocada. Mi padre era muy cuidadoso en la determinación de posiciones geográficas y era incomprensible que se hubiera podido equivocar en una cosa tan importante. No tiene más que ver sus libros de notas y diarios de viajes, con el cuidado que los hacía. Escribía aunque estuviera en la selva como si dibujase las letras. Era muy meticuloso. Por eso es seguro que él "no quiso" que nadie siguiese su pista en Matto Grosso por temor de que otro pudiera apoderarse de su idea y "agarrar el Kudos" de encontrar los premios arqueológicos que él buscaba con tanto afán. Además, siempre solía decir: "Si yo sólo no puedo lograr salir, otros con menos experiencia han de perderse también y no quiero que nadie pierda la vida por mí. Por eso, que nadie vaya a buscarme". -"¿Qué significa esto que me contó Orlando Vilas Boas sobre una supuesta civilización AGATA en cuya existencia creía su padre?". - "No es cierto. El no tenía conocimiento de ninguna civilización o ciudad llamada AGATA. No sé de dónde viene esta idea". -"¿Qué puede decirme de la expedición Dyott que fué en busca de su padre?" -"Conocí al finado Comandante George Dyott, antes de que partiese con 10 toneladas de equipo y equipajes por el Río Kuluene en pos de las huellas de mi padre en 1928, pagado con presupuesto de la N.A.N.A. es decir, la North American Newspaper Alliance, con la que mi padre tuvo contactos e incluso pasó por Nueva York donde contrató con ellos la exclusiva de los hallazgos que hiciese para su publicación. No olvide que las últimas fotos tomadas en el momento en que se despide del guía, fueron con otras más, enviadas a esta Empresa Editorial y periodística que luego se fundió con la United Press según tengo entendido. Pues bien, Dyott visitó el Perú en 1926, año en que le encontré, viajando en el Ferrocarril Central del que yo era Ingeniero. Era hombre amigo de tomar copas, ex-oficial de la Armada Naval de los Estados Unidos aunque inglés por nacimiento. Su expedición fracasó. A los otros no llegué a conocerlos. Sólo al francés Roger Courteville, quien llegó a Lima en 1926 después de cruzar el Continente en automóvil atravesando el Brasil (según lo que él contaba). Era un mecánico, un buen mecánico según creo, pero creo que también algo mentiroso". -"A pesar de lo que se me ha dicho que la colonia británica le dió una despedida en Sao Paulo o en Río de Janeiro, no he podido encontrar en la prensa nada de esto.¿Qué sabe usted? ¿Dónde podría encontrar algún recorte de prensa de la noticia?". - "Mi padre no recibió despedida oficial ni en Río ni en Sao Paulo, pues no se llevaba bien con Rondón. Pero en Sao Paulo sí recibió una despedida aunque no oficial, de la colonia británica. No dispongo de ningún recorte de prensa sobre esto". -¿No ha tratado de hallar algo relacionado con su padre en las Legaciones inglesas del Brasil?". -"No creo que existan ya en las Legaciones inglesas documentos sobre mi padre, ni gente que le recuerde". -"¿Vió usted el lugar de donde se extrajeron los huesos que se decía pertenecían a su padre?". -"En 1952 yo ví la excavación donde hallaron los huesos, pero no presencié el hallazgo. Fueron extraídos antes de mi llegada y remitidos a Londres para su identificación donde yo los ví". - ¿Cuándo se dió por muerto a su padre?". -"El reconocimiento legal de la muerte de mi padre se efectuó a principios de 1933 y eso para facilitar lo relacionado con su pensión del Ministerio de la Guerra como militar que era". -"¿Ha sabido algo sobre la familia de Rimmel?" - "Rimmel tenía un hermano mayor y dos hermanas, éstas residentes en los Estados Unidos. El hermano me escribió cuando su madre falleció hace unos 10 años. El padre murió durante la primera guerra mundial, pero no como soldado. Era Médico". -"¿Y sobre el trampero suizo Rattin, ha tenido algún informe?" - No. Creo que Rattin hizo su declaración en Sao Paulo ante el Cónsul inglés, pero no estoy seguro". Así transcurrió sin sentir, parte de la mañana en compañía de este hombre notable que es Bryan Fawcett, el hijo del explorador desaparecido en Matto Grosso. Mr. Bryan Fawcett pinta maravillosamente, y para entretener sus ocios de jubilado monta televisores en un taller que él mismo se ha construído en casa donde aplica sus conocimientos de Ingeniería. Además, los fines de semana toca el oboe en la Iglesia del lugar y a diario hace una marcha en bicicleta de hasta 30 Km, lo que le mantiene en un excelente estado de salud. Pero cuando le veía de pie o sentado, me acordaba de las palabras de Orlando Vilas Boas cuando me decía que el Coronel Fawcett, sentado parecía un gigante y de pie, parecía un hombre normal pero alto. Bryan tenía esa misma constitución física. Gentilmente invitado por el matrimonio Fawcett, compartí con ellos la exquisita comida inglesa servida con finura y elegancia por la discretísima señora que mira a su esposo con admiración y arrobo. El ambiente era extrañamente acogedor y no daban ganas de marcharse de la casa. Sentí que estaba molestando demasiado, pero Bryan no quiso ni oir hablar de que me fuera. De sobremesa seguimos conversando sobre el tema y otros temas de interés. No un capítulo, sino material para un libro entero es el que pude obtener, pero aquí voy a limitarme a llegar al final con el convencimiento de que el misterio continúa. Por fin, con gran sentimiento decidí partir para tomar el tren a Londres. Mr Bryan Fawcett se empeñó en llevarme con su coche hasta la estación. El viento arreciaba ahora más fuerte todavía y las sombras nocturnas comenzaban a invadirlo todo. Una luz brillaba en la ventana de la casa de Mr. Fawcett Jr. ¿Sería ésta la luz que nunca se apaga? Un recio apretón de manos y allá quedó mi amigo con su Viento del Norte, con los recuerdos de su padre que amó más las cálidas selvas tropicales. Allá quedaba el castillo de Carlisle con sus fantasmas y muy cerca, el Lago Ness, en donde cada año aparece la serpiente fabulosa. La región es apropiada para pensar en cualquier historia fabulosa y hasta para creer en extraterrestres venidos de otros mundos con sus extraños ropajes. Bryan me había enseñado unas extrañas fotos tomadas por él, en las que aparecían seres difusos que no supo cómo explicar. Mientras el tren con su traqueteo rítmico me conducía hacia el Sur de Inglaterra, hacia Londres, donde tomaría el avión para Madrid, iba pensando en el viejo explorador cuando escribía: "El objetivo principal de mi viaje es penetrar en el velo de lo desconocido, de lo primitivo, eliminando huellas falsas y asegurándome el verdadero camino". El no sé si creería en las Minas de Muribeca, pero en las ciudades sí que creía. "Encontré datos suficientes que hacían el regreso imperativo", decía en su Diario. "Desde tres lados he tanteado el camino y el lugar más seguro para penetrar en la selva...He visto bastante para comprender que cualquier riesgo vale la pena...¡Cuando regresemos de la próxima expedición, nuestro relato puede conmover al mundo!...En nuestro viaje a ZETA pasaré por el territorio de los indios llamados morcegos (murciélagos) que son trogloditas..." En su Diario hay frases enigmáticas y desconcertantes como cuando dice: "No está en el Río Xingú ni en el Matto Grosso"... Extraña apreciación en un hombre que desaparece en Matto Grosso precisamente intentando buscar y encontrar la ciudad perdida en la que creía a pies juntillas. Dice también: "A veces dudo si podré soportar este viaje. Estoy envejeciendo demasiado para llevar sobre mis espaldas lo menos 40 libras durante meses..." Pero una de las cosas más extrañas de su Diario de Viajes que no debemos olvidar está escrito antes del año 1925, es quizás esta frase: "Un ranchero amigo mío me contaba que en las noches, sentado en la terraza de su casa en Matto Grosso, veía y oía cosas extrañas que venían del Norte...como siseos semejantes a los producidos por cohetes o grandes bombas, elevándose en el aire y luego cayendo dentro de la selva... En muchos lugares de esta Chapada de Matto Grosso se escuchan también estampidos y ruidos roncos que llenan de terror a quienes los perciben." ¿Qué quiso decir con aquello? "...Ya sea que pasemos y que volvamos a salir de la selva, que dejemos nuestros huesos para pudrirse en ella, una cosa es indudable: la respuesta al enigma de la antigua Sudamérica y quizás del mundo prehistórico será encontrada cuando se hayan localizado esas antiguas ciudades y queden abiertas a la investigación científica. PORQUE LAS CIUDADES EXISTEN, DE ESO ESTOY SEGURO!..." El tren llegaba a Londres. Detrás quedaba lejos, allá en las selvas de Matto Grosso una vez más el misterio nunca resuelto.
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