BIOGRAFÍA. DR. SALILLAS Y EL TATUAJE

La figura del Dr. Rafael Salillas y Panzano, olvidada por muchos y desconocida para las nuevas generaciones, es digna de estudio por sus numerosas aportaciones a la Ciencia Criminológica, pero para el Antropólogo Médico-Forense tiene relieves muy especiales por haberse adelantado a su época en muchos aspectos, alguno de los cuales vamos a traer aquí para dar a conocer aunque sea someramente parte de su obra.

Su formación como penitenciarista y criminólogo hubo de ser forzosamente autodidáctica, pero su formación médica y el medio en que tuvo que desarrollar su labor, le permitieron realizar detalladas observaciones que le condujeron a desarrollar una obra como pocas se han realizado en España y que culminó con la creación de la Escuela de Criminología.

Aquí vamos a detenernos en uno de los aspectos antropológicos de su notable obra creativa que condensó en su libro "El Tatuaje" fuente de estudio del máximo interés y que estoy seguro de que ha de estimular a las nuevas generaciones en su propia obra creativa.

BREVE BIOGRAFIA                                           

Nació el Dr. Rafael Salillas y Panzano en Angüés (Huesca) el 26 de marzo de 1854, siendo sus padres el Comandante D. Ramón Salillas y Doña María Panzano. Hizo sus primeros estudios en Huesca para comenzar la carrera de Medicina en la Universidad de Zaragoza y terminarla en Madrid. Durante unos años ejerció su profesión de médico en Huesca, hasta que decidió marchar a Madrid donde se estableció, comenzando en 1880 un modesto trabajo como Oficial Quinto en la Dirección General de Establecimientos Penales. Pero su brillante labor pronto le hace destacar y en 1885 es nombrado Jefe del Negociado de Higiene y Antropología del Ministerio de la Gobernación. Su afición literaria le impulsa a escribir obras de teatro y logra estrenar "Las dos ideas" drama en tres actos, en el Teatro Español. Pero su primera colaboración con el Dr. Simarro concretada en el libro "Manicomios criminales", decide su vocación definitiva.

Publica una serie de artículos en "El Liberal" y en la "Revista General de Legislación y Jurisprudencia" que reúne más tarde en su libro "La vida Penal en España" (1888). Incansable, da conferencias en el Ateneo de Madrid, una de las cuales "Antropología en el Derecho Penal" (1889), le señala como el introductor en España del Positivismo Criminológico de Lombroso.

En 1887 es encargado de organizar la Sección de Penitenciaría de la Exposición Universal de Barcelona y asiste en 1890 al Congreso Internacional Penitenciario de San Petersburgo, lo que le da la oportunidad de visitar los establecimientos penitenciarios de San Petersburgo, Moscú, Berlín y París.

Atraído por el estudio de los regicidas y su psicología, escribe una serie de artículos sobre el Cura Merino en "La Nueva Ciencia Jurídica", consiguiendo del propio Ministro del ramo el permiso para utilizar una documentación reservada sobre este personaje de su época.

Su producción es constante y publica "La Germanía" y "El Corazón en el tatuaje", y poco más tarde "Doña Concepción Arenal en la Ciencia Penitenciaria" (1894), "Psicología picaresca" (1895), "Los ñáñigos en Cuba" (1895), "Hampa" (1898), "El Delincuente español: "El Lenguaje" (1896) y "Los locos delincuentes en España" (1899). Ese mismo año D. Francisco Giner de los Ríos solicita su concurso para crear en la Cátedra de Derecho Penal un Seminario de Criminología", germen de la futura Escuela. Sus ideas sobre Antropología Criminal desarrolladas en las diversas publicaciones y estudios culminan en su obra en dos volúmenes "La Teoría Básica" (1901).

Después de desempeñar varios cargos administrativos es nombrado en 1902 Secretario de la Junta Superior de Prisio-

nes. Ese mismo año, Eduardo Dato, a la sazón Ministro de Gracia y Justicia, le nombra Vocal de la Comisión de Reformas Sociales, ascendiendo más tarde a Consejero y Secretario General del Consejo Penitenciario cuando llegó al Ministerio D. Joaquín Sánchez Toca. Fué entonces cuando preparó su Informe sobre la Reforma Penitenciaria.

Publica "La fascinación en España (Brujas, Brujerías y Amuletos)" (1905) y dirige la "Revista Penitenciaria", en la que publica una serie de artículos sobre las causas sociales del delito. Aparecen sus trabajos "Poesía rufianesca" (1905), "La Criminalidad y Penalidad en el Quijote" (1905), "Golfines y Golfos" (1905) y "Un gran inspirador de Cervantes: El Dr. Juan Huarte de San Juan y su Examen de Ingenios" (1905).

Asiste a varios Congresos Internacionales como los de Lieja y Turín sobre Antropología Criminal, este último presidido por el propio Cesare Lombroso, quien le distinguió nombrando a nuestro compatriota Presidente Honorario del mismo. En la cuarta edición de su famosa obra "L'Uomo criminale" menciona los trabajos de Salillas y sus estadísticas sobre el tatuaje.

En 1906 es nombrado Director de la Prisión Celular de Madrid. Su política bondadosa y humanitaria provocó sublevaciones en varias prisiones, pero su sistema de mejorar la alimentación de los presos, así como su higiene y su vestido acabaría imponiéndose en toda España.

Continúa incansablemente publicando artículos en la "Revista Penitenciaria". Y en 1906 llega a la culminación de su labor cuando es nombrado Director de la Escuela de Criminología, creada por R.D. de 12 de marzo de 1903, cargo que desempeñaría hasta su muerte.

Publica en esta época sus trabajos sobre regicidas: "La celda de Ferrer" (1907), "La ejecución de Angiolillo" (1908) y "Morral el anarquista. Orígenes de una tragedia" (1914), que siguen a su anterior trabajo de hacía varios años "El capitán Clavijo" publicado en 1895.

En 1910 publica "Las Cortes de Cádiz".

En 1918 aparece su "Evolución penitenciaria en España" en dos volúmenes y en 1920 da su conferencia en la Real Academia de Jurisprudencia y Legislación "Inspiradores de Doña Concepción Arenal". En los últimos años de su vida intervino en la política nacional siendo dos veces Diputado a Cortes. Perteneció al Patronato Real de la represión de la Trata de Blancas, Vocal del Instituto de Reformas Sociales y del Consejo Superior de Protección a la Infancia. Después de una tan prolífica labor muere en Madrid el 23 de mayo de 1923, a consecuencia de una intervención quirúrgica.

IDEAS ANTROPOLOGICAS DEL DR. SALILLAS                    

En su "Vida penal en España" estudia como médico y antropólogo la situación de las cárceles de España y afirma que "el presidio tiene una tendencia esencialmente delincuente y todas sus relaciones son corruptoras". Siguiendo las ideas positivistas de Lombroso participó en los Proyectos de Reforma Penitenciaria considerando que "la gran reforma que se precisa es hacer variar el concepto de delincuencia. Es preciso que todo el mundo vea en el delincuente un hombre y en el hombre un enfermo". La arquitectura penal ha de ir en consonancia con estas ideas, inclinándose por el sistema celular. El estado de las cárceles era inhumano a principios de siglo. El ocio era otra de las lacras de las prisiones, por lo que Salillas recomienda el trabajo como medio de corrección y readaptación del penado, prefiriendo el trabajo al aire libre en granjas, colonias agrícolas donde además con los productos obtenidos se pueden llegar a autofinanciar los gastos. No todos los penados deben ser tratados por igual. Distingue los que pueden ser educados, los que pueden ser rehabilitados, los delincuentes incorregibles, los locos y semilocos y los incurable, inválidos y ancianos. Hace un estudio sobe los manicomios judiciales, propone la penitenciaría-hospital para el último grupo y estudia el problema de los empleados de prisiones que deben ser muy bien seleccionados y preparados.

Tras una primera etapa formativa de influencia netamente lombrosiana, propia de su tiempo, supera ésta y aún sintiendo gran admiración por el ilustre antropólogo de Turín, no está de acuerdo con muchos de sus conceptos y se aparta de las ideas etiológicas tales como atavismo y degeneración, para inclinarse hacia el concepto de Lacassagne y Aubry que conciben el delito como un fenómeno de génesis y naturaleza sociales desarrollado en un medio morboso individual o predisposición, rechazando de plano la idea lombrosiana del criminal nato. Es su etapa verdaderamente creativa, de experiencias personales y síntesis de sus observaciones.

La adaptación o inadaptación al medio social ya estudiadas por autores como Durckheim, Vaccaro, Tarde y Ferri, con la idea de que la sociedad es el eje de la responsabilidad individual, le hacen comprender que el delito es un fenómeno complejo en el que interviene no un solo factor sino la conjunción de lo biológico, lo físico y lo social. Por todo ello puede considerarse al sabio aragonés como uno de los adelantados de la Criminología de finales del s. XIX y principios del XX.

Fué Salillas quien introdujo el positivismo criminológico de Lombroso en España, como puede verse en su conferencia sobre "La Antropología en el Derecho Penal". Le preocupan los aspectos psicológicos del delincuente, cosa que puede verse en sus estudios sobre los regicidas.

Amplía sus ideas antropológicas físicas y psicológicas con la Lingüística. Tomando como base los hechos y el lenguaje ancestral de la picaresca española, la coteja con la lengua del hampa (la jerga) que compara con las lenguas primitivas como hacía Lombroso, estudiando su evolución (jerga-germanía). Cada vez sus tendencias le inclinan más hacia la Sociología. Identifica al hampón con el pícaro que tiene mucho del espíritu y constitución nacional y estudia las tres formas de parasitismo: mendicidad, prostitución y delincuencia. Llega por estos caminos a emitir su "Teoría Básica" donde en dos volúmenes desarrolla las ideas ya expuestas en otros trabajos anteriores. Para Salillas, el delincuente caracteriza las tendencias viciosas de la sociedad que lo ha engendrado. El delincuente es el producto desequilibrado del propio desequilibrio de la sociedad de que procede.

ANTROPOLOGIA DEL TATUAJE                              

"El Tatuaje" es una de las obras más antropológicas de Salillas. En ella recoge no sólo las ideas de los diversos autores que ha conocido o leído, sino emite las suyas propias basadas en una investigación especialmente en un grupo de delincuentes.

¿Qué es el tatuaje? se pregunta. Es toda marca, generalmente de índole emblemática hecha con determinado objeto y con caracteres imborrables en la piel del individuo vivo.

El gran jurista inglés Bentham había sugerido que todo individuo al nacer fuese tatuado con su nombre en el brazo con lo que pretendía quitar al tatuaje el caracter infamante que tenía. La idea naturalmente no prosperó.

Según Lacassagne y Magitot el tatuaje podía ser:

  • Por puntura
  • Por escarificación
  • Por cicatriz
  • Por ulceración, quemadura.
  • Subepidérmico
  • Mixto

El tatuaje constituye un capítulo en la Historia del adorno, los emblemas nobiliarios y guerreros, las manifestaciones afectivas y otras muchas ideas humanas. El tatuaje es además en sí un documento histórico y psicológico. Es una de las primeras manifestaciones de los "graffiti".

La palabra tatuar, procede de las lenguas polinesias donde ta significa dibujar y la difusión de esta palabra en Occidente se debe al Capitán Cook que en sus viajes por Oceanía, observó la frecuencia y variedad de los dibujos hechos sobre el cuerpo en las más diversas islas. Pero en España tenemos una palabra castellana antigua que es equivalente y muy expresiva: taracear. Bernal Díaz del Castillo, el famoso soldado cronista del Descubrimiento, en su "Historia verdadera de la Nueva España", dice que los indios mejicanos "se taraceaban la piel", es decir se tatuaban. Marco Polo ya observó los tatuajes extensos y complicados que en el Continente asiático practicaban sobre la piel los nativos de muchas tribus.

Cuenta Salillas que los presidiarios utilizaban una serie variada de palabras para denominarlo: pincharse, marcarse, grabarse, marca, picadura, picado, marcar, grabar. Chaves lo llamaba punzado. Recoge otros términos Salillas como sema que significa tatuaje, señal de haber estado en presidio. Los gitanos lo llaman peripenao y asinabao, que tiene el mismo significado de sema.

El tatuaje debe haber sido una práctica antiquísima. Algunos huesecitos puntiagudos hallados en la Cueva prehistórica de Aurignac y otros en algunos sepulcros del antiguo Egipto, parecen demostrar que se practicó hace miles de años.

Lombroso decía que no creía que hubiese pueblo salvaje que no estuviese más o menos tatuado. Considera al tatuaje con un significado psicosociológico. Seguramente la desnudez provocó la idea del tatuaje. Los fenicios se tatuaban en la frente. Los antiguos cristianos en el brazo y la región palmar. Herodoto cuenta que Histieo envió a Aristágoras un emisario para decirle que se sublevase contra el rey. Para que no supiese el mensaje, rapó al cero su cabeza marcándole "con los puntos y letras que le pareció". Esperó a que le creciese el pelo y le envió con el simple recado de que al llegar a Mileto pidiese a Aristágoras que le rapase. Así éste pudo leer el mensaje oculto bajo la melena.

Los esclavos se dejaban crecer el pelo para ocultar los estigmas de servidumbre, según refiere Petronio en el Satyricón.

Citando a Lombroso, cuenta Salillas que "un esquimal que mataba a un enemigo se hacía una o dos rayas azules bajo la nariz y entonces conquistaba el título honorífico de torkrota, es decir de homicida". En Sumatra, los Pagai se hacían un signo de tatuaje por cada enemigo que mataban.

Yo he presenciado, fotografiado y filmado en el Alto Río Xingú, en pleno corazón de Matto Grosso, cómo los varones de la tribu de los suyá-missú o botocudos que allí viven, se hacen una gran escarificación horizontal en pecho o abdomen, con un fragmento de concha de crustáceo, después de haber matado a un enemigo, generalmente de la tribu de los tchukahamai, sus eternos rivales. Y me decían: "Eu matar caraiba" y se señalaban las diversas marcas trazadas. Caraiba es igual que caribe, que significa valiente y enemigo. Esto nos lleva a pensar que el primer precedente del tatuaje fué la cicatriz.

Para Darwin el tatuaje era un medio de selección sexual. Las taizianas, tobas y guaraníes indicaban, tatuándose con líneas especiales que eran vírgenes o núbiles. El hombre se tatúa para mostrar su virilidad.

En Oceanía, algunas mujeres se tatuaban sobre la vulva símbolos obscenos. Cuenta Mantegazza que las japonesas se tatuaban las manos con signos alusivos a su amante. Si cambiaba de amante, tenían que cambiar los signos. Las prostitutas árabes se tatuaban flores o cruces en las mejillas y en los brazos.

El hombre antes de tatuarse se pintó, y luego se hizo cicatrices o señales indelebles en el cuerpo. Las indias chocóes se adornan el cuerpo con bellos dibujos hechos con el jugo de los frutos de jagua (Genipa americana L.) y para hacerlos más regulares e iguales y también para ir más deprisa, utilizan unos rodillos con el dibujo que quieren hacerse, tallado en ellos. A esto llaman "pintaderas". Las hay de barro cocido y de madera de balso (Ochroma lagopus L.). También los guanches utilizaron "pintaderas". Todas las tribus de América han utilizado el color rojo que produce la grasa de las semillas de achiote (Bixa orellana L.) o urucú, para pintarse o embadurnarse todo el cuerpo (embijados los llamaban los descubridores españoles al verlos de ese color).

El hombre ha utilizado todos los colores del arco iris para pintarse y alterar de alguna forma su aspecto. ¿Cuál ha

sido la razón y cuál ha sido su significado? Muy variado: ornamental, simbólico, marca tribal, festivo, luto, guerra, distintivo de jefatura, erótico, sexual, etc.

La pintura como el tatuaje mostraba de algún modo algo de la personalidad del individuo. La prehistoria del tatuaje será siempre un misterio.

Salillas distingue el tatuaje heráldico que es un signo de categoría, casta o nobleza y el tatuaje de servidumbre, signo de propiedad, de dependencia, de esclavitud. Herodoto señalaba que entre los tracios el estar marcado era señal de gente noble. Lo contrario era propio de gente vil, baja. De esta forma el tatuaje estuvo ligado a la evolución política y social. Salillas que es muy amigo de buscar en los orígenes de nuestra picaresca muchas relaciones con el tatuaje, cuenta que el Licº Chaves en el s. XVI escribía que "entre los valientes de la cárcel de Sevilla era regla el llevar punzado un corazón de cardenillo en la mano o en el brazo, como letras de esclavo herrado". Sin embargo era un signo distintivo entre ellos, emblema nobiliario de la "valentía". Sin duda mostraba su "personalidad", su casta, y nadie más que ellos, los que pertenecían a aquel grupo tenían derecho a marcarse de esa forma.

En muchas islas de Oceanía, sólo los jefes podían tatuarse el cuerpo y a veces "todo el cuerpo". Era una diferencia social evidente a primera vista.

En Nueva Zelanda era un verdadero blasón de nobleza el practicarse un tipo de tatuaje en la cara llamado "moko" a base de escarificaciones, surcos, y espirales que cubrían todo el rostro. Decía un jefe neozelandés a Dumont d'Urville señalándose los tatuajes de la cara: "El europeo escribe su nombre

con la pluma; nosotros lo escribimos aquí".

Nuestro Código de las Partidas (Ley XXI, tit. XXI, Partida II) trata de "Qué cosas son tenudas los caballeros de guardar" y entre ellas dice que "los señalaban en los brazos diestros con fierros calientes de señal, que ningund otro ome lo avia de traer si non ellos". El tatuaje en Europa en época medieval constituía un atributo o distintivo nobiliario, un signo de identificación de una clase privilegiada.

Los soldados romanos ostentaban en el brazo derecho el nombre del Emperador, la fecha del enganche en filas y algún otro símbolo.

Señala Salillas que además de la influencia nobiliaria y militar, hay otra influencia muy importante, la teocrática o religiosa. Hay otra jurídica, que equivale a una identificación o marca de criminales y un tatuaje gremial o profesional.

Lacassagne señala el tatuaje de los sastres, el de los músicos y en Italia el tatuaje menestral, en aldeanos, albañiles, panaderos, mineros, carpinteros, pescadores y pastores. Todos tienen una clara significación sociológica.

En la Biblia (Lev, 19, 28) se dice: "No sajaréis vuestra carne por la muerte de nadie, ni haréis figuras algunas o marcas sobre vosotros. Yo el Señor". Sin embargo en otros diversos pasajes se menciona el tatuaje.

Cuando Salillas asistió al Congreso y Exposición penitenciaria en San Petersburgo en 1890, llevó una colección de calcos de tatuajes de delincuentes españoles. Pero además cuenta que aprendió mucho de los tatuajes rusos. Tuvo la oportunidad de ver el que llevaba en el brazo (un dragón, símbolo de San Jorge) el Gran Duque Alexis Alexandrovitch, hermano del Emperador, a quien fué presentado. También vió el que llevaba en el brazo S.A. Imperial el Príncipe Eugenio de Leuchtenberg (San Jorge a caballo). Sobre esto escribiría un artículo en "El Liberal" titulado "El tatuaje imperial". Considera ambos tatuajes de un significado "religioso y caballeresco". El tatuaje se ha dicho que fué el último capricho del s. XIX, que atrajo a muchos miembros de la realeza y clases elevadas, pero fué una moda y como tal pasó pronto.

En ese mismo artículo menciona a Thevenot que aseguraba que hasta 1688 todos los cristianos que iban a Belén se tatuaban en el santuario de aquel lugar santo. En Nueva Zelanda, sólo los sacerdotes llamdos to-hunga podían practicar el tatuaje, las mujeres británicas se tatuaban como un rito religioso, y en las Islas Marshall el que ha de ser tatuado tiene que pasar la noche anterior en una casa sagrada. Todos estos tatuajes tienen un significado religioso.

El tatuaje como preventivo de enfermedades en los niños se ha practicado en Africa y otros muchos lugares del mundo, y como curativo también, especialmente en Egipto, Indios bacairís de Matto Grosso, etc.

Muchos pueblos se han hecho heridas como práctica funeraria o señal de luto. Psicosociológicamente el luto es la exteriorización y manifestación llamativa del dolor. En nuestra cultura se ha revelado por medio del vestido, del color negro, de la gasa negra sobre el sombrero o el brazalete negro o la gasa negra en la empuñadura de la espada según la época. En otros países el luto se manifiesta por el color blanco o por cortarse una falange de un dedo al morir un familiar.

Salillas reconoce en el tatuaje tres elementos fundamentales: técnicos, psíquicos y sociológicos. Los técnicos comprenden el instrumental, las materias colorantes y las representaciones gráficas. El instrumental varía según se trate de tatuaje por puntura, por escarificación o por quemadura.

La técnica por puntura es antiquísima y se han encontrado finos huesecillos en tiempos prehistóricos utilizados con este fin. Luego en tiempos más recientes se han utilizado agujas enmangadas, una o varias agrupadas. En Australia los aborígenes utilizaban un hueso de albatros aguzado con filo y punta muy fina según pudo ver Dumont d'Urville, incrustado en un mango de madera que se percutía sobre la piel deslizándose por ella y haciendo una incisión sobre la que se depositaba un colorante con un pequeño pincel (tatuaje por sajadura).

Muchos pueblos africanos se practican marcas tribales en la cara y al irritar la herida, se produce una cicatriz en relieve (queloide). Las mujeres de algunas tribus hacen de esta manera bellos dibujos geométricos en relieve que tienen sin duda un significado erótico por la localización (nalgas, bajo vientre).

Pronto el hombre debió descubrir que determinadas materias colorantes colocadas sobre las pequeñas heridas, dejaban una marca coloreada indeleble. Así el tatuaje ha evolucionado de monocrómico, a policrómico. El carbón pulverizado, el negro de humo, luego la tinta china o la pólvora penetran en los tejidos subepidérmicos y al cicatrizar se transparenta el dibujo en color azulado, indeleble.

Dice Salillas que el adorno y la variabilidad son hermanos gemelos. La moda varía constantemente las formas.

El tatuaje va unido a la personalidad por su caracter de permanencia. Siendo el tatuaje un atributo de personalidad ha de ir estrechamente unido a un componente psíquico. El tatuaje es una prolongación de los sentimientos del sujeto que lo lleva. Proclama un sentimiento, lo ostenta, lo exterioriza. Hay aún más elementos sociológicos que psicológicos en el tatuaje, pero por eso se puede decir que son elementos psicosocioógicos. Simonin llamaba al tatuaje "cicatrices parlantes".

Salillas considera también que hay íntimas relaciones entre la evolución del tatuaje y la del lenguaje escrito, la mímica, la fonética y el arte.

EL TATUAJE DELINCUENTE                       

En Antropología criminal se ha clasifiado el tatuaje en normal y anormal, según se practique en agrupaciones de hombres honrados o entre delincuentes. Hay una íntima relación entre el tatuaje y la claustración (cárceles, cuarteles, barcos). En el tatuaje normal lo corriente es que el individuo se tatúe una sola vez con un signo o símbolo de su profesión u oficio. En el delincuente la reiteración del tatuaje y las marcas variadas suelen ser la regla. Otro signo de los delincuentes suele ser la precocidad con que se tatúan. Lombroso observó que el 60 % de los delincuentes tatuados estudiados por él, lo habían hecho de los 7 a los 16 años. En el Reformatorio de Nápoles el 31 % de los jóvenes estaban tatuados y además eran los de peor conducta. Lacassagne halló precocidad en el 95 % de los casos estudiados por él.

Las regiones anatómicas tatuadas son de lo más variado. En el tatuaje étnico la parte tatuada puede ser la cara, los brazos, el pecho, la espalda, la frente, la palma o el dorso de la mano o las piernas o todo el cuerpo en una especie de horror al vacío.

En el tatuaje anormal varía también. Las prostitutas se tatúan los brazos, espalda, axilas, pubis o genitales. Los homosexuales se suelen tatuar las nalgas según observaron Lombroso, Lacassagne y el mismo Salillas. Los brazos, el pecho, el vientre y las extremidades inferiores son las partes más tatuadas entre los delincuentes. El tatuaje genital es más raro, pero se suele hacer en el dorso del glande o en el prepucio en los varones y en la vulva o bajo vientre en las mujeres.

Toda marca de tatuaje es análoga a un símbolo. Hay lemas, anagramas, iniciales, inscripciones. Es frecuente el lema de la venganza entre dos puñales. A veces son jeroglíficos. Bernadotte llevaba tatuado en el brazo el lema "Muerte a los reyes" y luego él fué rey y fundador de la Casa Real sueca.

Se ve a veces influjo político en los tatuajes, otras veces son lemas de protesta, amorosos, amistosos, pesimistas, irónicos, alegres o pederásticos. Ancora, estrella, sirena, símbolos marineros son frecuentes. Armas como puñales, espadas cruzadas, corazones, manos, grilletes, tijeras. A veces son plantas o animales. Otras símbolos religiosos (cruces, coronas de espinas, santos, vírgenes). No es infrecuente el cráneo y las dos tibias cruzadas, la paloma, la serpiente o símbolos eróticos (genitales, figuras humanas en posturas o acciones obscenas).

En Medicina Legal, el tatuaje es un elemento identificador explicando a veces la causa de la muerte o el móvil de un crimen. Muchas veces se ha podido identificar un cadáver descompuesto por los restos de un tatuaje.

El tatuaje es generalmente biográfico. El tatuaje por imitación es frecuente en las cárceles. Muchos se tatúan "porque los demás lo hacen, por no ser menos, porque es costumbre". A veces es impuesto por el grupo. Cuanto más tatuado está uno significa que está más avezado al crimen y se distingue más entre los compañeros. Siempre existe vanidad en la ostentación de un tatuaje.

Muchas veces el tatuaje expresa un sentimiento religioso que acompaña al individuo por muy delincuente que sea. Los tatuajes eróticos, amorosos, obscenos, los encuentran Lombroso y Lacassagne en un 15 a 20 % de los estudiados. Hay tatuajes exhibicionistas propios de psicópatas sexuales, tribádicos propios de lesbianas o pederásticos. Los tatuajes eróticos llegan al 40 % en las estadísticas de los autores mencionados.

Salillas no vió en España el tatuaje profesional, excepto en los marineros y poblaciones costeras. La mayoría de los tatuajes estudiados por él fueron presidiarios. Entre los 240 tatuajes que estudió en las cárceles, 73 aludían a temas religiosos, 72 amorosos, 21 eróticos y obscenos y 11 eran recuerdo de familiares o amigos. Encontró 42 con iniciales grabadas o fechas. En cuanto a la localización, los más frecuentes fueron en el brazo derecho (51), brazo izquierdo (43), antebrazo derecho (41), antebrazo izquierdo (16), en el pecho (21), en manos y espalda (5 y 2 respectivamente).

Revisó también la Colección Cabellud que comprendía 1500 fichas antropométricas, fotografías y señalamientos de delincuentes profesionales y observó que sólo había tatuados 5 extranjeros y 46 españoles, de lo que concluye que el delincuente profesional es el que menos se tatúa pues le interesa eludir todo lo que pueda identificarle. Los que estaban tatuados lo habían hecho antes de ser profesionales. Los motivos que representaban los tatuajes fueron muy variados: amor, venganza, tauromaquia, ferrocarriles, circo, religiosos, políticos, de profesiones, obscenos, marineros, juego, zoológicos, fitológicos, símbolos astronómicos y militares.

Aun sin tener referencia de la clase de delitos cometidos y reseñados en la colección Cabellud, Salillas pudo deducir por la frecuencia de los motivos que la mayoría habían cometido delitos contra la propiedad (descuideros, topistas, bolsilleros, espadistas, carteristas, timadores y algunos sin "especialidad" definida.

Su estudio sobre el tatuaje sitúa al Dr. Rafael Salillas entre los antropólogos criminalistas pioneros de esta ciencia en España.

 


Museo de Antropología Médico-Forense Paleopatología y Criminalística
PROFESOR JOSÉ MANUEL REVERTE COMA