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1876. Alfonso XII entra en Madrid a la cabeza de sus tropas tras vencer a los carlistas en la campaña del Norte de España. En Madrid el recibimiento fue apoteósico. Era la paz después de muchos años de guerra fratricida, paz deseada por la mayoría de los españoles que sólo anhelaban una vida mejor donde pudieran desarrollar sus capacidades adquiriendo un bienestar económico hasta entonces desconocido. Por este motivo fue llamado "El Pacificador". Había nacido en el Palacio Real de Madrid el 28 de noviembre de 1857, hijo de la Reina Isabel II y Francisco de Asís. Había llegado desde el exilio donde le empujó junto con el resto de la familia real a París, la revolución de 1868 que trajo a España la I República. Durante aquel tiempo que duró su exilio tuvo tiempo de prepararse bien en la Academia militar de París y después en Inglaterra en Sandhurst. En 1870 su madre la Reina Isabel II abdicó en su favor. Mientras tanto un desastre tras otro tenía lugar en España: la guerra de Cuba y la III Guerra Carlista. El General Pavía dio un golpe de Estado que derrocó a la República y con Cánovas del Castillo se llevó a cabo la Restauración monárquica. Alfonso juró la monarquía parlamentaria y en Sagunto el General Martínez Campos proclamaba a Alfonso XII como nuevo Rey de España. Se apoyó en las Cortes y fue un Rey liberal, restableciendo el prestigio de la Monarquía gracias a su prudencia. Tuvo un gran respaldo por parte de los poderes fácticos y el mismo pueblo veía en él a un salvador. Su reinado se caracterizó por el fin de la guerra de Cuba, se aprobó la Constitución de 1876 y sobre todo dio fin a la guerra fratricida con los partidarios de Carlos VII. Su primera esposa fué la popular Reina y prima suya de la que se enamoró profundamente, María de las Mercedes y Orleans, que murió seis meses después de tuberculosis. El desconsolado monarca estuvo al borde de la muerte, pero su obligación como Rey de España le exigió dejar herederos y casó en segundas nupcias con María Cristina Habsburgo-Lorena, Archiduquesa de Austria, con la que tuvo dos hijas y un varón quien sería el futuro Alfonso XIII y que nació seis meses después de la muerte de su padre que tuvo lugar en Madrid a causa de tuberculosis en 1885. Doña Baldomera Larra En este ambiente y época surgió el curiosos fenómeno de Doña Baldomera Larra y su famosa "Caja de imposiciones", situada en la calle de la Greda, hoy llamada de Los Madrazo, que fueron unos famosos pintores santanderinos. La calle de la Greda estaba entre lo que hoy es la calle de Cedaceros y el Prado, pero hasta el s. XIX no tuvo comunicación con el Paseo del Prado. Antes de ser urbanizada aquella zona había un montecillo de terreno gredoso, arcilloso del que se fabricaban ladrillos y una serie de cuevas en las que vivía una tribu de gitanos. Cerca del comienzo de esta calle en el nº 15 estuvo instalada algunos años la Academia de Medicina. El 14 de septiembre de 1894 se cambió el nombre por el de "Los Madrazo". Pues, en esta calle que estaba situada detrás de la calle de Alcalá tenía su oficina Doña Baldomera Larra. Muy modestamente instalada, el mobiliario consistía en unas pequeñas mesas llenas de carpetas y papeles, un viejo armario donde se guardaba el dinero de las "imposiciones" y en el invierno madrileño, una estufa para calentarse. Ayudaban a Doña Baldomera un apoderado llamado D. Saturnino Iruega, y tres empleados llamados Enciso, Rojas y Casanova, además de un recadero llamado Nicanor. Doña Baldomera Larra Wetoret era hija de Mariano José de Larra el famoso poeta madrileño. Había nacido después de suicidarse su padre. Estaba casada con un médico de la Casa Real, el Dr. Carlos de Montemayor con quien tuvo varios hijos. Cuando llegó el Rey Alfonso XII, el marido de Doña Baldomera no quiso continuar en el cargo, y decidió marchar a las colonias de Ultramar, a Cuba. Doña Baldomera quedó un tanto desvalida, pero como era mujer de recursos un día se le ocurrió una brillante idea. Pidió prestada una onza de oro a una vecina prometiéndole que en un mes se la devolvería duplicada. Doña Baldomedra cumplió su promesa y al verlo, la vecina contó a otras amistades "el milagro que había realizado Doña Baldomera". No tardaron en llegar una serie de clientes atraídos por la ganancia fácil con su onza de oro y algunos con algunas más, rogando a Doña Baldomera que aceptase aquellos dineros y que hiciese el mismo milagro que a su vecina. Ella aceptó los dineros, entregándoles un recibo. Cumplió religiosamente devolviendo sus ganancias a sus "impositores", lo que le proporcionó más clientela todavía al correrse la voz. Así surgió "La Caja de imposiciones". Y ella pagaba a los primeros que llegaban, con el dinero de los que seguían sin poner ella ni un duro. Acababa de descubrir "la pirámide". Tenía cola todos lo días para recibir los dineros que llegaban en grandes cantidades. Muchos recogían los intereses y dejaban el capital, y otros dejaban capital e intereses y la bola de nieve crecía y crecía. Fue tal la avalancha de gente que no tuvo más remedio que mudarse de vivienda. Aquella mujer, entrada en años, simpática y amable con todo el mundo tenía cada vez más clientela. Muchos le pedían préstamos y a todos atendía la dama con su simpatía habitual y su arcas siempre estaban llenas. Y así fue como la llamaron "la madre de los pobres", Sin embargo, muchos pensaron que había una trampa en aquel negocio. Era materialmente imposible que en un mes el dinero invertido produjese 30% de interés. Pues, así era, aunque ningun negocio de otra naturaleza produjese ese beneficio. Pero ella seguía una y otra vez pagando escrupulosamente a los impositores. Muchos que tenían más confianza con ella llegaron a preguntarle cómo lo hacía, a lo que ella contestaba: "Es mi secreto"..."Algún día se sabrá y verán cómo es tan sencillo como el huevo de Colón". Algunos le preguntaban qué garantía ofrecía la "Caja de Imposiciones" a sus clientes pensando que podría declararse en quiebra en cualquier momento. A estos les sonreía y decía: "¿Garantía? ¿En caso de quiebra quiere usted decir? Una sola: "El Viaducto". Haremos aquí un inciso para que quienes no conozcan Madrid, puedan entender esta frase. Escuchemos a Pedro de Répide, en gran Cronista de Madrid.
Como apuntamos más arriba, las colas de clientes eran cada vez más largas, de manera que Doña Baldomera tuvo que mudarse de casa, alquilando un piso mayor en las calle de La Paja. Una razón social, Oliveira y Compañía quiso fundar un negocio como el de Doña Baldomera y se puso en contacto con ella, pero la inteligente dama no quiso revelar su "secreto". Ella no vivía en la oficina sino que tenía un suntuoso piso en la calle del Sordo (donde asesinaron al General Prim) que hoy se llama Marqués de Cubas, en el nº 19. El 4 de diciembre, un modesto carbonero que tenía depositados sus ahorros en la Caja de Imposiciones fue a recoger sus intereses, recibiendo de los empleados una negativa. Algo había sucedido el 2 de diciembre que obligó a Doña Baldomera a cambiar sus planes y misteriosamente desapareció de Madrid. Al saberse esto y la falta del pago mensual a finales del año 1876, vieron los "impositores" con alarma que los empleados de la Caja no habían podido pagarles porque no había dinero. La consecuencia fue una serie de protestas de los clientes indignados. Así como la habían bendecido cuando todo iba bien, ahora la "madre de los pobres" les había jugado una mala pasada y comenzaron a maldecirla. El escándalo que se organizó en las oficinas de la calle La Paja, obligó a intervenir a las autoridades, presentándose el propio Delegado de Orden Público rodeado de sus corchetes, varios guardias y el Juez de Instrucción del Distrito de la Latina. La acción del Juez fue tajante. Ordenó el inmediato registro de las dependencias de la Caja de Imposiciones. Solamente encontraron 179 reales. Se incautaron de todos los documentos que allí había, se tomó declaración a los empleados, pero pronto el Juez descubrió que no eran más que simples escribientes y que no sabían nada ni tenían nada que ver con los negocios de Doña Baldomera, así que tuvieron que dejarlos en libertad sin cargos (a Enciso, Rojas y José Casanovas). El Administrador fue sin embargo detenido como presunto cómplice de la presunta estafadora. El siguiente paso fue ordenar un registro de la casa de Doña Baldomera, calle del Sordo nº 19, no encontrando nada en el piso. Después de descerrajar puertas y cajones encontraron en una cómoda 5.000 reales en metálico a nombre de la madre de Doña Baldomera, la viuda del poeta Larra que figuraba como arrendataria del local de la calle de la Paja. Poco después se encontraban otros 4.500 reales en oro. Sin embargo el piso daba la impresión de que había sido vaciado. No había objetos de valor, sólo aquellas cantidades en dinero en la desierta casa, con lo que el misterio se hizo mayor. No se hallaron libros de contabilidad ni documento alguno. D. Saturnino Iruega declaró ante el Juez que durante los meses que venía funcionando la Oficina de la Caja de Imposiciones había entregado a Doña Baldomera la suma de 22.000.000 de reales (unos 12.000.000 de pesetas) lo que era una elevada cifra para aquellos tiempos. D. Saturnino declaró también que una tercera parte había sido entregada a los impositores en concepto de intereses. La Prensa de entonces recogió toda clase de información sobre el caso. El Gobernador expidió una orden de búsqueda y captura de Doña Baldomera. Pero ésta no aparecía por ninguna parte, ni viva ni muerta. Se pensó que había huido a América para reunirse con su esposo. Durante dos años no se supo nada de ella, hasta que, de pronto, sorpresivamente se presentó en Madrid ante el Juzgado, confesando que los remordimientos no la dejaban vivir, pensando en cuántas personas se habían arruinado por su culpa. La detención que tuvo lugar fue seguida de encarcelamiento por presunta estafadora. Poco después enfermó gravemente. Y entonces tuvo lugar otro extraño fenómeno entre sus "estafados". Aquellos mismos que primero la bendecían y luego la maldijeron, ahora, sabiéndola en prisión y enferma, comenzaron a moverse y el resultado fue que unos miles de personas firmaron un documento que enviaron a las autoridades. Pero los Jueces determinaron que Doña Baldomera era culpable de "Alzamiento de Bienes" así como su Administrador D. Satunino Iruega y condenados a seis meses de prisión. Doña Baldomera se resignó a sufrir la pena, pero D. Saturnino recurrió ante el Tribunal Supremo que dictó una sentencia revocando la de la Audiencia, considerando que no había existido delito de estafa y ambos fueron absueltos. Una vez conocido el fallo Doña Baldomera regresó a América con su marido, que al poco tiempo fallecía, por lo que sintiéndose sola, regresó a España instalándose con su hermano Luis Mariano que fue un famoso comediógrafo de la época. A partir de aquello, Doña Baldomera no volvió a intentar ningún negocio y desde entonces fue para la familia "la tía Antonia" que había llegado de América sin acordarse más del pasado.
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