EL CROMOSOMA XYY ¿CULPABLE O INOCENTE?

El tema de la conducta criminal, agresiva y antisocial en el hombre es tan antiguo como la historia del hombre mismo. Las causas de esta conducta han sido siempre motivo de fuertes polémicas dividiéndose las opiniones en dos grandes grupos: Los que consideran que las causas están en el medio ambiente en que se desarrolla el individuo (influencias de la educación, familia, entorno, problemas socioeconómicos, etc.) y los que consideran que el sujeto nace ya con ciertas taras genéticas o bien las adquiere posteriormente a causa de una enfermedad. Así podríamos resumir en dos palabras las opiniones: congénitas o adquiridas o como dicen los ingleses "nature or nurture" (naturaleza o educación).

Ya los profetas bíblicos intentaron predecir no sólo los desastres sino también el crimen, determinando quién podría llegar a ser criminal identificable por su glotonería o su intemperancia en la bebida.

La polémica continúa aún en nuestros días, pero ha visto épocas en que se ha reactivado en uno u otro sentido por algún descubrimiento o avance de las Ciencias médicas o biológicas, o por la interpretación por parte de algun investigador de hechos más o menos reales y a veces fantásticos. Tales han sido los casos de LOMBROSO y su escuela que en el siglo pasado puso un hito con su obra "El hombre criminal" o el criminal nato. Las tesis de LOMBROSO y los que le siguieron fuéronse apagando con los nuevos descubrimientos de las Ciencias médicas y hoy son nada más que un recuerdo histórico.

Por su parte GALL y sus discípulos interpretaron la forma del cráneo y las modificaciones de su superficie como íntimamente relacionadas con los caracteres, tendencias, habilidades, etc. del sujeto pretendiendo predecir cuál iba a ser su futuro simplemente por la exploración y palpación del cráneo. Los descubrimientos de la Neurofisiología desvanecieron toda esperanza de sostener aquellas ideas.

Como siempre suele ocurrir, una tendencia distinta surge en determinados momentos de la Historia: a aquellos para quienes la Herencia lo era todo y a aquellos para los que el ejemplo y la educación son las causas de los problemas se unieron los eclécticos que consideran que el término medio es siempre el más acertado por lo que creyeron que ambos factores, el congénito y el adquirido podrían combinarse y dar lugar a la conducta antisocial o en último extremo al crimen. Tal era la opinión del Dr. Court Stern, Profesor de Genética de la Universidad de Berkeley, California, que consideraba como probable respuesta, la asociación de una alteración cromosómica con el medio ambiente en que desarrollaba su vida el individuo.

La polémica más moderna surge a partir de un pequeño trabajo de JACOBS y col. (Nature, 1965), apoyándose en otro anterior de Court Brown (1962). JACOBS realiza un estudio de 197 pacientes de conducta peligrosa recluídos en el State Hospital de Lanarkshire (Escocia), entre los que encontró 7 varones con un cromosoma XYY. Estos reclusos habían sido convictos en 92 ocasiones pero sólo ocho por delitos contra las personas.

Es la época en que BARR ha descubierto en el núcleo de las células, el cuerpo o concentración cromatínica que lleva su nombre (cuerpo de Barr) y que los biólogos, genetistas, médicos, histólogos, se interesan por el sexo cromosómico. Proliferan estos estudios de la cromatina llamada sexual en aquella época. Yo mismo participé en América en esta carrera.

El primer informe sobre un sujeto con 47 cromosomas (uno de ellos XYY) en lugar de los 46 que tienen normalmente las células humanas (23 parejas) es publicado por SANDBERG y col. (Lancet, 2: 48, 1961), pero no lo relacionan con la conducta sino lo toman como una curiosidad biológica. Se trataba de un muchacho de 12 años con ectopia testis y obesidad. Se le trató con gonadotropina coriónica que le hizo descender el testículo derecho hasta la bolsa escrotal.

Posteriormente, muchos investigadores interesados por los trabajos de JACOBS, comienzan a estudiar este tema y hacen encuestas para averiguar el cariotipo de los individuos recluídos en cárceles y hospitales de máxima seguridad con conducta agresiva. En ese cariotipo buscan la existencia de un doble cromosoma Y, el característico del sexo masculino. Un varón normal tiene un sexo cromosómico XY, donde la X corresponde a la mitad de la cromatina de la célula materna y la Y a la mitad de la cromatina paterna. Pero en ciertas ocasiones y sin saber a ciencia cierta por qué razón, no se produce la disyunción, añadiéndose toda la cromatina sexual paterna YY, sin que ésta se haya dividido en dos mitades durante la fase de meiosis celular.

Los estudiosos del tema comienzan a encontrar un elevado número de varones XYY entre los reclusos de penales y manicomios. La mayoría eran violentos, agresivos, peligrosos, de conducta criminal, o eran sencillamente subnormales.

Todo esto condujo a la idea que predomina en los años 60 de que el estudio del cariotipo podría permitir predecir las conductas violentas y el crimen. Y se plantea la gran incógnita y la gran duda: Un criminal con un cromosoma XYY ¿sería responsable de su conducta o bien podría considerarse la existencia de este cromosoma como una condición eximente o al menos atenuante de la culpa? Se plantea el problema de la imputabilidad o inimputabilidad en el delito.

DERSHOWITZ (1976) señalaría que si la población de varones en Estados Unidos era de 110 millones, habría aproximadamente unos 200.000 con cromosomas XYY. Basaba sus cálculos en los estudios estadísticos derivados de las encuestas realizadas en diversos Estados. Sigue opinando que si hay un millón de americanos varones que en algún momento han cometido un crimen violento, 3.200 de ellos según las estadísticas tendrían el cromosoma XYY. Pero predecir que todos los 200.000 llegarían a cometer un crimen violento sería una falsa premisa. Solamente ocurriría en el 1.5 % según sus cálculos.

BORGAONKAR y SHAH (1974) en sus investigaciones habían llegado a la conclusión de que "la frecuencia de conducta antisocial de los varones XYY no es probablemente muy diferente de las de las personas no XYY de la misma clase social y antecedentes".

Estudios comparativos realizados en negros y blancos (HOOK, 1974) demostraron que el porcentaje de XYY en negros era inferior al de los blancos. HOOK que trabajaba en el Departamento de Salud Pública de Nueva York, observó que el cromosoma XYY en recién nacidos se presentaba en el 0.1 % mientras que en reclusos de instituciones penales el porcentaje era de 2 %. También observó que las condiciones adversas del medio en que nacieron los niños no aumentaba el porcentaje de genotipos XYY en recien nacidos.

Todos los autores estuvieron de acuerdo en afirmar que el cromosoma XYY no era hereditario sino que surgía individualmente sin saber la razón de ello.

El Dr. Marco Fraccaro de la Unidad Euratom de la Universiad de Pavía, negaba también que la aparición de un cromosoma XYY tuviera un caracter hereditario. De sus estudios realizados en Suecia en colaboración con el Dr. J.LINDSTEN del Karolinska Hospital de Estocolmo, deduce que la combinación anómala se produce durante la fase de meiosis, sin ninguna relación con los antecedentes familiares. Toda la cromatina del espermatozoide se combina con la mitad de la cromatina del óvulo materno. A veces ocurre que tampoco la dos X maternas se separan y entonces se producen embriones con la fórmula genética XXY (síndrome de Klinefelter). En el simposio sobre aberraciones cromosómicas que tuvo lugar durante el XII Congreso Internacional de Genética señaló FRACCARO que "no se conoce ningún caso de varón XYY que haya transmitido este mismo defecto a un hijo suyo". Como detalle curioso cita la existencia del King Size Club de Estocolmo, organización muy exclusiva que sólo admite en su seno a hombres de excepcional estatura. En un estudio realizado entre estos hombres de elevadas tallas, se encontraron sólo dos casos de cariotipo con cromosoma XYY. Ninguno de ellos había tenido nunca problemas con la Justicia ni antecedentes de historia antisocial alguna.

Algunos autores consideraban que los sujetos XYY y otras anormalidades cromosómicas eran más frecuentes en grupos deprimidos socioculturalmente. Algunas de las encuestas permitieron determinar que no todos los casos XYY presentan desviaciones de la conducta ya que hay muchos que son normales y no han tenido problemas con la Justicia.

La incidencia en un grupo de 30.000 niños estudiados en varias partes del mundo, fué de 27 XYY identificados lo que supone un 1 por 1.000 de varones XYY. La incidencia en establecimientos penales fué cuatro veces mayor (1: 225) mientras que en establecimientos para enfermos mentales fué mucho mayor (3-4 %) (HOOK, 1975).

Una de las más fuertes polémicas que produjo el tema fué motivada por la encuesta realizada por los Drs. Standley WALZER y Park S. GERALD en el Boston Hospital for Women dependiente de la Universidad de Harvard (1968). Estos investigadores determinaron el cariotipo y la clase social paterna de 10.348 recien nacidos. No hallaron diferencia significativa en la clase social paterna asociada con la aparición de cariotipo con XYY y XXY. Esto para los autores demostraba que los factores socioeconómicos no afectaban a la frecuencia de las anomalías cromosómicas y lo mismo señalan que ocurrió en las encuestas realizadas en Escocia. Consideran WALZER y GERALD que los sujetos XYY tienen una "enfermedad" y que los niños que la "padecen" deben ser sometidos a vigilancia y tratamiento médico como se haría en cualquier otra enfermedad. Se presentaba un caso por cada 1.000 nacimientos, tanto como el Síndrome de Down (mongolismo). La indicencia de XXY fué tan alta como las de los XYY y creían los autores que ambos grupos podían ser ayudados psicológicamente para orientar su conducta.

CASEY y col. (J.Ment. Def. 16:215,1973) tampoco vieron diferencias en relación con la clase social y la frecuencia de los cariotipos con 47,XXY y 47,XYY.

Estudios realizados por RATCLIFFE y EVANS del Western General Hospital de Edinburgo, así como los de MACLEAN y col. en 20.725 infantes y posteriormente en otro grupo de 11.680 recien nacidos, encontraron 69 niños con anormalidades cromosómicas sexuales. Tampoco hallaron relación con el factor socioeconómico.

Por el contrario BECKWITH y KING, del Massachusetts Institute of Technology (New Scientist 64:474, 1974) iniciaron una fuerte campaña contra WALZER y GERALD, insistiendo en que el porcentaje de XYY estaba aumentado en los grupos socioeconómicos más bajos, lo que atribuían a hiponutrición.

Un grupo de abogados dirigidos por estos autores señalaron que el estudio no era ético y que además "estigmatizaba" a los niños etiquetados de tener un cariotipo XYY.

Se estudió el caso en la Universidad de Harvard y la Facultad de Medicina votó que se aprobara y continuara el estudio por 200 votos contra 30. Sin embargo WALZER que venía siguiendo el desarrollo de la conducta de más de 40 niños con cariotipo 47,XXY y 47,XYY entresacados de su estudio, deprimido por los ataques de aquellos grupos, decidió simplemente no seguir adelante al ver que le hacían la vida imposible con diversas acciones legales que pusieron en marcha contra él.

WALZER insistía en que hablar de un "cromosoma del crimen" como se había expresado en diversas noticias de Prensa no tenía sentido, pero creía que había indicios claros de que algunos varones XYY tenían problemas en la lectura y el aprendizaje escolar, así como algunas dificultades en su conducta. El consideraba que siguiendo la evolución de estos niños podrían ser ayudados al identificar tempranamente sus problemas.

BECKWITH se hizo muy impopular por la virulencia de sus ataques a estos programas y por los problemas que ocasionó su actitud. Había calificado de "mito peligroso" al llamado síndrome XYY y consideraba que los problemas que creaban estas encuestas eran mayores que las ventajas que podían reportar. Los problemas surgían, según su criterio, en los padres al saber que tenían un hijo XYY, lo que les traumatizaba y hacía que su conducta con el hijo pudiera ser precisamente la desencadenante del problema que se trataba de prevenir.

El Dr. RAZAVI en un estudio de cariotipos en muestras de piel y sangre tomadas en 83 varones en el Bridgwater Treatment Center for Sexual Offenders de Massachusetts, encontró el cromosoma XYY en una proporción 35 veces mayor que en la población general.

Por su parte el Dr. KESSLER (Arch. of Neurol. 30:1) halló que una proporción considerable de varones XYY hallados en cárceles u hospitales penitenciarios de máxima seguridad, proceden de familias con una historia de criminalidad y diferentes problemas psicosociales al mismo tiempo que niveles socioeconómicos muy bajos.

En España, la Dra. A. QUINTANA realizando cariotipos en el Departamento de Genética de la Fundación Jiménez Díaz y en la población penal de la Prisión de Carabanchel, encuentra tres casos de cariotipo 47,XYY con elevada estatura, retraso psíquico, agresividad (uno de ellos violento) y alteraciones somáticas tales como sindactilia, micrognatia y asimetría facial. En las historias clínicas tenían en común la edad avanzada de los padres en el momento de la procreación, lo que interpreta como causa probable de la no disyunción del cromosoma, fenómeno que seguramente se produce durante la meiosis en las primeras etapas de la división celular del óvulo fecunado o zigoto.

El estudio psicológico y psiquiátrico llevado a cabo por E. ZEUTHEN y sus colaboradores en el Departamento de Psicología Clínica del Hospital del Estado de Risskov (Dinamarca), en varones XYY hallados en una población no penal, pudo demostrar que estos sujetos presentaban un nivel intelectual dentro de los límites normales, pero con un I.Q. (cociente de inteligencia) y nivel educativo menor del que se podía esperar. Se caracterizaba por inmadurez manifestada en forma de pasividad, irreflexión, labilidad emocional, necesidad de contacto social, identificación varonil insegura y mecanismos de defensa débiles. La presencia y grado de estas características variaba, pero fué evidente que los factores ambientales eran los mismos que actuaban sobre sus hermanos no XYY. Todos aprovechaban menos en sus tareas escolares que sus hermanos. Dos de los cinco casos estudiados tenían antecedentes penales.

 

ASESINOS CON CROMOSOMAS XYY      

El año 1968 marcó un hito en los estudios del cromosoma XYY especialmente por su relación con algunos crímenes que se hicieron tristemente famosos.

En Australia, un joven obrero de 21 años, Laurence E. Hannel asesinó a su patrona Mary Rebfern, una mujer viuda de 77 años el 27 de marzo de 1967. Su abogado defensor de oficio alegó retraso mental para exculparle, retraso coincidiendo con un genotipo de 47 cromosomas, siendo XYY el cromosoma sexual. El testigo más importante de la defensa fué el psiquiatra Dr. Alen Bartholomew quien presentó ante el jurado su peritaje basado en la importancia del cariotipo hallado en el acusado y que coincidía con su conducta agresiva y retraso mental. Afirmó el Dr. Bartholomew que las anomalías cromosómicas como las que podecía el acusado, suelen producir alteraciones mentales y retrasos. Hannel presentaba una evidente idiocia. La existencia de un cromosoma Y extra en su genotipo significaba que todas las células de su organismo eran anormales. Además el acusado tenía un EEG (electroencéfalograma) anormal que indicaba un foco epiléptico en el lóbulo temporal derecho del cerebro.

El jurado, después de 11 minutos de deliberación, declaró no culpable por razón de su trastorno mental al acusado que fué internado en un Hospital de alienados de máxima seguridad hasta que se curase, según expresó el Juez.

A partir de entonces, la existencia de un cromosoma XYY en el cariotipo fué utilizada por los defensores en su caso para declarar irresponsables a los asesinos por ellos defendidos.

Otro caso, también de Australia, fué el de Robert Peter Tait, quien asesinó a garrotazos a una mujer de 81 años. Fué condenado a la horca, pero al comprobar que el cariotipo era 47, XYY, se le conmutó la pena de muerte por la de cadena perpetua. El Dr. Saun Wiener, genético de Melbourne que hizo su cariotipo, también halló en la prisión de Pentridge a otros tres convictos de asesinatos y robos con la misma fórmula genotípica. En un trabajo publicado en la Revista médica "The Lancet" señala que esto parece demostrar que el cromosoma extra Y está asociado en alguna forma con conductas criminales y antisociales. Se confirmó así que aproximadamente un 3% de los reclusos de cárceles y Hospitales Psiquiátricos de alta seguridad para criminales, son portadores de la alteración cromosómica XYY.

Otro caso de Australia es el de Ernest D. Beck, granjero de 20 años, sentenciado a muerte por el asesinato de tres mujeres. Los expertos en Genética informaron a la Corte que el acusado presentaba un cromosoma Y extra, o sea era un caso de cariotipo 47,XYY, y esto podía ser la causa de su descontrol y su impulsión a cometer crímenes. La Corte sin embargo aceptó el argumento de la acusación en el sentido de que Beck era totalmente responsable, aunque no pudiese controlar sus impulsos homicidas y Beck fué condenado a la última pena.

Aquel mismo año de 1968, otro hombre joven, Daniel Hugon es acusado de asesinar a una prostituta de 62 años. Se le hizo un cariotipo y se halló la fórmula 47,XYY. Su historia clínica y social es característica de muchos de los que tienen esa fórmula genotípica. A los 16 años fué sorprendido robando. Fué a parar a una especie de Reformatorio para jóvenes descarriados, donde vivió hasta los 20 años. Intentó suicidarse por primera vez. A los 25 años fué juzgado por alcoholismo. Luego tuvo varios empleos en los que sus patronos le encontraron dispuesto para el trabajo pero sufriendo frecuentes choques nerviosos y depresiones.

El 4 de septiembre de 1965, Hugon salió con una prostituta, Marie Louise Olivier a la que llevó a un Hotel de Pigalle, donde al descubrir tras el maquillaje que se trataba de una mujer de 62 años, la rechazó por su aspecto. Pasaron la noche juntos sin embargo. Por la mañana ella le pidió 50 francos. Entonces él se abalanzó sobre ella y la estranguló con sus grandes manos. Luego escapó huyendo a la costa de Bretaña donde trabajó en la granja del conocido artista de cine Jean Gabin. Pero a los tres meses según confesó al Juez, devorado por los remordimientos, se entregó a la policía confesando su crimen. "No me preocupa el veredicto, dijo al Magistrado, lo que quiero es liberarme de esta pesadilla". En la cárcel intentó suicidarse otras dos veces.

Los peritos de este caso que mostró también un cariotipo 47,XYY, fueron el Dr. LEON DESROBERT, Profesor de Medicina Legal y el Prof. JEROME LEJEUNE, experto en trastornos cromosómicos.

LEJEUNE señaló que "el criminal nato no existe", así que el acusado no nació para ser fatalmente un asesino, pero que quienes nacen con anormalidades cromosómicas tienen un 30 % de probabilidades de llegar a serlo, bastante más que los que nacen con genotipo normal. La afección derivada de su cariotipo 47,XYY impedía a Hugon ejercer normalmente su sentido de la responsabilidad. Le faltaba inteligencia para distinguir entre el bien y el mal, aunque era "un hombre de conciencia..." como lo había demostrado al entregarse voluntariamente por sus remordimientos. LEJEUNE aconsejó que se internase al acusado en un medio hospitalario donde estuviese protegido contra sus impulsiones.

Por su parte el Prof. DESROBERT señaló que mientras no exista una forma de curar los trastornos cromosómicos, Hugon podía ser tratado con drogas tranquilizantes lo que le permitiría llevar una vida productiva normal siempre bajo custodia y control médico.

La defensa se centró en dos interrogantes: ¿Nacen algunas personas marcadas para ser un criminal como decía LOMBROSO? Si esto es así ¿una persona con cariotipo 47,XYY es moral y legalmente responsable de sus actos?

El caso despertó un gran interés por parte del público y las noticias de Prensa. El prominente biólogo Jean Rostand sostenía que todos los que presentan alguna alteración cromosómica llevan en sí el germen de su aflicción. Por su parte el periódico L'Humanité consideraba que la existencia de miles de personas como criminales en potencia conduciría a una forma de racismo.

El Jurado compuesto en su mayor parte por profesionales de más de 50 años, emitió su veredicto en menos de 40 minutos. Rechazando los consejos de los peritos de declararle irresponsable, tomaron sin embargo su alteración genética como atenuante y le consideraron culpable, siendo sentenciado a 7 años de prisión en lugar de los 15 que se acostumbra en tales casos. La acusación había pedido de 5 a 10 años. Fué la primera vez que en Francia se utilizó como atenuante una alteración cromosómica ya que no como eximente.

En Estados Unidos, Sean Farley de 26 años, de Brooklyn en Nueva York, asesinó en agosto de 1968 a Margaret Burke, de 49 años, cerca de su casa en Sumsyde, Quuens. Detenido y juzgado, un examen cromosómico demostró la existencia del cariotipo 47,XYY y una historia clínica y social de tendencias agresivas y antisociales. El Dr. E.Schutta fué el experto genético que presentó la defensa como testigo perito. El Jurado fué convencido y declaró a Farley irresponsable y no culpable por tanto del crimen.

En 1970 se dió otro caso en California: "El pueblo contra Tanner". Este Tanner fué otro asesino con cariotipo 47,XYY. La defensa se basó en este defecto genético para probar la demencia del acusado según las leyes del Estado de California. A pesar de los alegatos de la defensa, se rechazó la prueba del cariotipo 47,XYY por falta de seguridad en la prueba.

El mismo año de 1970, en Maryland, Estados Unidos tuvo lugar el juicio contra otro asesino, Millard, quien presentó el cromosoma XYY. La prueba fué rechazada como insuficiente para probar su demencia. El Juez señaló que el tener un cariotipo 47,XYY no era prueba suficiente para catalogar al acusado como irresponsable.

Pero el caso más famoso de todos fué probablemente el de Richard B. Speck, sentenciado a muerte por los brutales asesinatos de ocho enfermeras en Chicago, estranguladas en su apartamento. Sentenciado a morir en la silla eléctrica, su abogado Gerald W. Gettes, en un esfuerzo final por salvarle de la última pena, logró que su apelación fuese tomada al menos de momento en cuenta en base a que se demostró que tenía un cariotipo 47,XYY. A pesar de todo, sólo obtuvo una dilación o aplazamiento de la pena.

En España hubo un caso muy famoso, el del asesino llamado "El Arropiero" que mató a 14 prostitutas. Parece que en Francia había matado también a un otro número indeterminado de mujeres de la misma condición. En 1971 se descubrió que su cariotipo practicado por la Dra. Alicia Quintana, actualmente genética del Hospital Ramón y Cajal era 47,XYY. Al practicar la prueba preguntó a la Doctora: "A ver si con esta prueba me dicen por qué me da a mí por matar mujeres". Encerrado en el Penal del Puerto de Santa María, permanece allí sin haber sido aún juzgado.

La mayoría de estos criminales tenían en común además del cariotipo 47,XYY, una serie de rasgos que les hacían parecerse unos a otros y que van unidos a esta alteración cromosómica. Tales son: elevada estatura, (más de 1.82 metros, hasta 2 metros), acné, retraso mental, que llegaba en algunos casos a la estupidez, conducta agresiva (a veces violenta) o impulsiva, exacerbada por pequeñas frustraciones, historia temprana de conducta antisocial, dificultad para el aprendizaje escolar, I.Q. de 60 a 80, dificultad para distinguir el bien del mal, desviaciones sexuales (la más frecuente la homosexualidad), historia de agresiones sexuales previas, y manos y pies grandes sin llegar a ser acromegálicas.

Si no todos los signos, sin embargo todos ellos presentaban algunos del que se llamó "síndrome del cromosoma XYY", especialmente la talla elevada, los retrasos mentales, el acné y la conducta violenta y antisocial que les condujo al crimen.

Louis Nizer, autor de la obra "My life in Court" señaló que las leyes anglosajonas nunca consideraron las tendencias agresivas como base para la defensa, por lo que la aparente agresividad de los varones 47,XYY no es motivo para exculparlos. "Lo importante, señala este autor, es saber si el acusado es capaz de distinguir la diferencia entre el bien y el mal" Considera asimismo que la anormalidad genética sólo puede ser utilizada como defensa cuando sea la base de un caso de demencia evidente".

En Inglaterra cuando se descubría que un acusado tenía un cariotipo 47,XYY no se mencionaba durante el juicio para no influir sobre los jurados.

La Dra. TELFER, bióloga del Instituto Elwyn de Filadelfia, que publicó un estudio realizado en cuatro prisiones y Hospitales penales de Pensilvania, encontró 5 casos de cariotipo 47,XYY entre 129 varones reclusos de elevada talla. Se pregunta esta Doctora: "¿Tiene la sociedad derecho a condenar a la pena de muerte a un asesino XYY o con otras alteraciones cromosómicas?"

F.LEE BAILEY, abogado prominente de Boston declaró en una entrevista que le hizo Richard Lyons del New York Times: "No creo que un defecto genético pueda ser nunca una defensa completa, sino solamente utilizado como una defensa parcial, en el sentido de capacidad mental limitada...Nunca puede medir la irresponsabilidad ante un crimen, aunque no hay nada sin embargo imposible".

Es indudable que existen muchos individuos que no tienen cariotipo 47, XYY y que son sumamente agresivos, por lo que la agresividad no se puede atribuir exclusivamente a una alteración genética como la que estudiamos.

Durante la Mesa redonda celebrada en Ginebra en 1968, organizada por el Prof. RENTCHNIK con la participación de citogenetistas, juristas y especialistas en Medicina Legal, para discutir sobre el grado de responsabilidad en los delincuentes que presentan "el síndrome del cromosoma Y supernumerario", se llegó a la conclusión de que:

"Si la personalidad del individuo portador de esta anomalía genética no está suficientemente estructurada, hay mucha mayor probabilidad de un abocamiento a la conducta antisocial e incluso a la criminalidad".

"No hay individuos genéticamente criminales sino que en algunos casos existe una predisposición genética hacia la criminalidad, que para que se consume requiere la confluencia con otros factores, hoy desconocidos, pero que sobre los cuales le es posible al propio individuo actuar con su libertad y libre albedrío".

Por todo lo expuesto, no es posible hablar de la existencia de un "cromosoma del crimen".

MILLER en "The Lancet" (1975) decía: "Mejor que buscar una base genética para los problemas sociales, debemos atacar las condiciones y la estructura socioeconómica responsable de los problemas de conducta y de la mayoría de la dificultades que confronta nuestra sociedad".

Sin embargo, en la actualidad se intensifican los estudios sobre el material genético y cada día nuevos descubrimientos se van añadiendo al conocimiento de los cromosomas y sus alteraciones. ¿Qué nos depara el futuro en este campo? Probablemente cualquier día surgirán nuevas polémicas en torno a este problema. El caso aún no está totalmente cerrado.


Museo de Antropología Médico-Forense Paleopatología y Criminalística
PROFESOR JOSÉ MANUEL REVERTE COMA