CRÍMENES POR VIDRIO MOLIDO

El origen de esta comunicación comienza en la lectura de una nota al pie de página del libro de VIBERT "Tratado de Medicina Legal y Toxicología" (t. II, p. 13). En ella el traductor, Dr. Luis Comenge, en el capítulo relativo a la definición de veneno, aclarando un párrafo de VOBERT, dice:

"El Tribunal Supremo de nuestra nación, en sentencia de 11 de julio de 1889, declaró que el polvo de vidrio molido debe ser considerado como veneno a los efectos legales, si por la forma y la cantidad de la dosis puede ser suficiente para producir la muerte de una persona. Motivó dicha sentencia el proceso contra Pelegrina Montús (sic) quien suministró dichos polvos de vidrio a su marido; los facultativos declararon que tal sustancia, alterando el aparato gastrointestinal, fue la causa determinante de la muerte de aquél".

La sentencia del Tribunal Supremo al que se había elevado un recurso de casación contra la sentencia de pena de muerte por parricidio cometido por la citada Pelegrina Montuis (y no Montrús como dice la nota de Comenge, posible error de imprenta), que declarando "no haber lugar al recurso de casación admitido de derecho en beneficio de Pelegrina Montuis contra la pronunciada por la Audiencia de lo Criminal de Castellón de la Plana en causa seguida a la misma por el expresado delito".

La sentencia dictada el 27 de abril de 1889 por el Juzgado de Lucena (Castellón de la Plana) contra Pelegrina Montuis por parricidio cometido en la persona de su esposo amplía las noticias y las circunstancias que rodearon a aquel sonado caso.

Pelegrina Montuis Saura, estaba casada con Manuel Porcar Palanqués, conocido por Joaquín, apodado "Maitenetes". Vivían en Lucena, villa del Partido judicial de Lucena del Cid, situado a 33 Km. de Castellón de la Plana, que a finales del s. XIX tenía unos 4.000 habitantes, famosa por entonces por haber sido el escenario de una batalla que tuvo lugar el año 1839 (17 de julio) en la que el General O’Donnell derrotó al jefe carlista al pie del monte Gonzalvo. De las diligencias llevadas a cabo sobre los hechos, se pudo comprobar que en el citado matrimonio existían desde hacía muchos años, frecuentes desavenencias que dieron lugar más de una vez a que vivieran por algún tiempo separados. En el curso de algunas de las discusiones que tuvieron, ella le llegó a amenazar con envenenarle. Aquella amenaza hizo mella en Manuel Porcar quien vivía con desconfianza sospechando siempre de la comida que le preparaba su mujer. En cierta ocasión, notando mal gusto en una sopa, quiso que Pelegrina la probase primero, a lo cual se negó, lo que hizo aumentar más aún los recelos del marido.

Las diligencias señalaban que el año 1887, al parecer, habían llegado a cierta armonía, ya que el 11 de agosto, ambos cónyuges que no tenían herederos forzosos, otorgaron testamento ante el notario de la expresada villa de Lucena, D. Pascual Benages, por el cual se instituían mutuamente en usufructurarios de sus bienes durante su vida.

Sin embargo, la armonía debía ser tan sólo aparente porque por aquella misma fecha, Pelegrina como se demostró en la investigación, había ido a Alcora, y en la farmacia de Barrachina, regentada por D. Julio Igual Cabedo, había solicitado se le despachase "aunque costara seis u ocho reales", un medicamento que necesitaba para adormecer a un pariente suyo, vecino de Araga, aldea anexa a dicho pueblo, que debía sufrir la amputación de una pierna. La petición pareció extraña al Sr. Igual quien se negó a suministrar a Pelegrina lo pedido mientras no le llevase una receta médica en la debida forma. Según se probó en el curso de la investigación, Pelegrina no tenía ningún pariente a quien hubiese que practicar tal operación.

Pocos días después, el 19 del mismo mes de agosto, se presentó en la farmacia de Lucena, que estaba a cargo de D. Ramón Monferrer, a quien presentó un papel que quiso hacer pasar por receta del veterinario del pueblo, pidiéndole "un veneno de lo más fuerte que tuviese" para curar una pata a su burra. El Sr. Monferrer se negó a ello e incluso dándose cuenta de que había querido engañarle, la reprendió. La investigación demostró por otra parte que Pelegrina no tenía enferma una pollina.

El 21 de agosto enfermó repentinamente Manuel Porcar, siendo llamado para atenderle el doctor D. Antonio Nebot, médico de la villa quien diagnosticó "fiebre reumática muscular" que atribuyó a un enfriamiento, acompañada de un ligero trastorno gástrico. Le prescribió un tratamiento y los síntomas gástricos desaparecieron. Pero dos días más tarde recayó volviendo el facultativo a visitarle, observando una gran irritabilidad en el aparato digestivo, acompañada de vómitos con los que salieron expulsados varios vermes (Ascaris lumbricoides). El Dr. Nebot cambió la prescripción, aliviándose de nuevo el enfermo, aunque persistió un estado nauseoso y tendencia al vómito. El día 26, es decir a los cinco de haber caído enfermo Manuel Porcar, presentó según señala la investigación "una ligera fluxión encefálica o cerebral". Avisado de nuevo el Dr. Nebot, lo encontró casi cadáver, con un violento dolor en la parte izquierda del epigastrio ´a nivel del fondo del estómago", acompañado de repetidos síncopes, pulso filiforme, respiración profunda, anhelosa y frecuente, gran adinamia, alternando con una serie de contracciones musculares generalizadas que le obligaban a retorcerse "por un movimiento adelante y de uno a otro lado", estado patológico al que siguió la muerte que tuvo lugar a la una de la madrugada del 27 de agosto.

Sumamente extrañado el Dr. Nebot ante aquella para él desconocida patología, creyóse en el deber de dar conocimiento al juzgado, sospechando que podía haber una causa provocada. Aquello motivó que se procediera a incoar el correspondiente sumario e investigación.

Se procedió inmediatamente a la práctica de la autopsia, llevada a cabo por el propio Dr. Nebot y el Dr. Ramón Campos, encontrando el estómago e intestinos dilatados por gran cantidad de gases, notándose una coloración rojiza en los tercios superiores e inferiores y amarillenta en el centro, así como un líquido en el estómago de color café con leche inodoro y con algunos ascárides lumbricoides, la mucosa reblandecida y desprendida naturalmente sin huellas de cauterización ni úlcera. El intestino se presentaba tumefacto en su tramo superior y en las cercanías de la desembocadura del colédoco. La mucosa aparecía como inyectada y en su superficie una sustancia como cristalizada, que se extendía por todo el intestino delgado y parte del colon que estaban recubiertos de una mucosidad clara y fétida. El bazo aparecía inyectado, crepitante por la presión, con poco aumento de volumen. El páncreas congestivo, lo mismo que los riñones. Fueron tomadas las correspondientes muestras para remitirlas al Laboratorio de Medicina Legal de Madrid, no atreviéndose el Dr. Nebot a emitir un juicio definitivo hasta no saber los resultados de tales análisis. Así, fueron enviados a Madrid, la sustancia cristalizada observada en el intestino, el contenido líquido del estómago e intestinos, vísceras y fragmentos de la camisa y calzoncillos que vestía el cadáver en los que habían observado algunas manchas. Analizadas las muestras en Madrid, el informe reveló que la sustancia cristalizada era vidrio molido y que en el líquido contenido en el estómago había también fragmentos de vidrio en cantidad de medio gramo, concluyendo el informe diciendo que "por la forma y cantidad en que se ingirió, pudo ser suficiente para producir la muerte a consecuencia de las lesiones gástricas ocasionadas". A la vista de este informe, el Dr. Nebot y su colega el Dr. Campos emitieron su dictamen que fue: "La causa de la muerte de Manuel Porcar fueron las lesiones o alteraciones del aparato gastrointestinal, ocasionadas por el vidrio quebrantado (molido) que debió dársele por la boca y en lavativas".

La investigación realizada pudo determinar que: durante la enfermedad de Manuel Porcar, su esposa Pelegrina Montuis, que había oído decir que los polvos de cristal eran nocivos pensó dárselos a su marido y al efecto pidió a Antonio Navarrete, que con Venencia Salvador Guel se encontraba lavando en casa del juez de Primera Instancia de Lucena, le proporcionase algún objeto de cristal o vidrio, sin decir el uso que del mismo pensaba hacer, y como la Navarrete le manifestase que en un hueco de la escalera hallaría una base de una copa rota, la tomó y se la llevó a su casa en donde picó y molió el vidrio o cristal con dos piedras, preparando con parte de los polvos que obtuvo, agua y azúcar, un refresco que sirvió en la tarde del 23 de agosto a su marido, el cual dijo que era muy espesa aquel azúcar y aprovechando el día 26 la circunstancia de haberle prescrito el médico dos lavativas de agua de malvas y sal, añadió a éstas los polvos que le restaban, dándole una de ellas por la mañana, Ramona Porcar, prima del enfermo, la cual ignoraba lo que contenía, y la otra por la tarde la Montuis, quien además había puesto a Porcar un emplasto de ajos picados en la frente que le molestó mucho, perturbándole la visión. Pelegrina Montuis fue llevada a prisión acusada de asesinato. Confesó haber administrado a su marido Manuel Porcar, estando enfermo, polvos de vidrio o cristal por la boca y en lavativas. Al parecer, también contó todo a sus compañeras de celda Manuela Radenas y Catalina Ros. Más tarde, se retractó de sus anteriores declaraciones que dijo había prestado siguiendo los consejos de dichas presas, quienes le manifestaron que de ese modo evitaría que le diesen garrote. En el acto del juicio negó naturalmente ser ciertos los hechos que se le atribuían, y dijo que no recordaba lo que había dicho en el sumario. El Tribunal, sin embargo, estimó que la muerte de Manuel Porcar constituía un delito de parricidio cuya autora era Pelegrina Montuis Saura, su mujer, con la circunstancia agravante de premeditación conocida y de haberlo ejecutado por medio de veneno, condenándola a la pena de muerte.

El Tribunal Supremo confirmó la sentencia, no considerando hubiese lugar a casación, ni por quebrantamiento de forma ni por infracción de la ley.

D. Emilio Bravo, presidente de la Sala del Tribunal Supremo estableció entre los considerandos "que obra con premeditación conocida el que prepara con mucha anticipación un delito y prosigue cada vez con más firmeza los actos precisos para ejecutarlo, hasta aumentando algunas veces el dolor de la víctima, que acaso permitiera apreciar la existencia además de otra circunstancia agravante", Se probó por lo tanto el delito de parricidio al administrar polvos de vidrio, sustancia que debe ser calificada de venenosa para los efectos legales, según el reconocimiento facultativo, alterando el aparato gastrointestinal, siendo la causa determinante de la muerte.

Delito previsto y penado en el art. 417 del C. P. con la agravante de premeditación que se dedujo de la investigación, demostrándose que Pelegrina Montuis preparó el delito con mucho tiempo, realizando diversos intentos para obtener sustancias venenosas "sin que nada moviera su ánimo de desistir del mismo, sino que por el contrario cada día persistía con más firmeza, y aun a veces aumentando deliberadamente el dolor de la víctima", lo que podía considerarse como otra circunstancia agravante.

El Tribunal no encontró ninguna atenuante por lo que confirmó la pena de muerte firmando la sentencia D. Emilio Bravo, D. Eduardo Martínez del Campo, D. Mateo de Alcocer, D. José de Aldecoa, D. Rafael Álvarez, D. Miguel de Castells y D. Juan Manuel Romero, dando fe el secretario Lic. José María Pantoja, en Madrid a 11 de julio de 1889.

Pelegrina Montuis Saura sufrió la pena capital por el delito de parricidio cometido en la persona de su marido Manuel Porcar Palanqués.

No es una forma frecuente de homicidio o asesinato la administración de polvo de vidrio.

Llaman la atención en las investigaciones, diversas circunstancias:

1. El que Pelegrina Montuis avisara a su marido de su intención de envenenarle.

2. Los intentos repetidos de obtener sustancias diversas. En Alcora un medicamento para adormecer, más tarde en la farmacia de su propio pueblo un veneno que pide diciendo sea "de lo más fuerte que tuviese" y por último la búsqueda de algún cristal.

3. Los pretextos para conseguirlos como fueron la supuesta amputación

de la pierna de un familiar y la curación de la pata de una burra, son de lo más absurdo y parecen expresamente

buscados para llamar la atención, como el haber avisado o amenazado a su marido anunciándole su intención de envenenare.

4. La idea obsesiva del veneno no la abandona y el mismo día que firman ante el notario el testamento por el que se dejan mutuamente sus bienes, le falta tiempo para trasladarse a otro pueblo con una receta falsificada burdamente para tratar de obtener un veneno "el más potente que tuviese". Contradice esta expresión la propia receta falsa, como si pudiese así conseguir un cambio de la prescripción o que un veneno más potente fuese remedio para curar a una burra.

5. No se le ocurre nada mejor que ir a ver a unos vecinos que se encontraban lavando o trabajando nada menos que en casa del Juez de Primera Instancia de Lucena para que le diesen algún objeto de cristal o vidrio.

Inmediatamente surge la pregunta: ¿Es que no tenía un vaso de cristal en su propia casa? ¿No pensó que podía llamar la atención el pedir un objeto de vidrio inservible, sin decir para qué lo quería, cuando podía haber evitado esta forma de llamar la atención? Más bien parece como si en todos sus actos hubiese un deliberado propósito de lo contrario, de hacer patente lo que pretendía llevar a cabo.

Otra pregunta que surge es: ¿Cuál fue la causa de la enfermedad de Manuel Porcar? Comenzó a sentirse mal el 21 de agosto y fue diagnosticada por el médico como "fiebre reumática muscular" a causa de un enfriamiento o trastorno gástrico.

Y se dice claramente en el proceso de investigación que Pelegrina "había oído decir que los polvos de cristal eran nocivos por lo que pensó dárselos a su marido". Fue después de estar enfermo cuando se le ocurre la idea del polvo de cristal. Y busca fuera de la casa el instrumento del crimen.

Hay algo de absurdo, de ilógico en todo esto.

Y aún más absurda la administración del azúcar mezclada con los

polvos de vidrio en el refresco, lo que llamó la atención del enfermo que no pudo por menos de exclamar que "era muy espeso aquel azúcar". Normalmente el polvo de cristal, siendo más denso que el agua cae al fondo del vaso.

Más aún. Hay una confesión de culpa primeramente por parte de Pelegrina seguida de una retractación. Esto no es infrecuente entre los acusados, pero también hay algo extraño en ello. El Dr. Nebot tiene la sospecha de que la recaída se debe a causa provocada, es decir sospecha que a su paciente lo han envenenado. El paciente muere, no sin antes haber tenido vómitos de ascárides, violento dolor en la pare izquierda del epigastrio, síncopes, pulso filiforme, respiración profunda, anhelosa, frecuente, adinamia, alternando con contracciones musculares que le obligaban a retorcerse hacia adelante y de un lado a otro, tras lo cual muere.

En la autopsia no se encuentran huellas de cauterización ni úlceras. No hay una hemorragia sino enrojecimiento en los tercios superiores e inferior del estómago, más ascárides lumbricodes en el estómago, un líquido color café con leche, páncreas congestivo o "inyectado" como dice el informe, así como los riñones congestivos. El informe del laboratorio de Madrid señala la presencia de los menudos fragmentos (polvo) de cristal en estómago e intestino, y dictamina que por la forma y cantidad en que se ingirió "pudo ser suficiente para producir la muerte a consecuencia de las lesiones gástricas ocasionadas". No se piensa en más y se considera al vidrio como un veneno que ocasiona la muerte.

El hecho de que hubiese llegado a oídos de Pelegrina que el polvo de cristal era nocivo parece dar a entender que habían existido precedentes parecidos o similares a éste. A pesar de nuestra insistente búsqueda y las preguntas hechas a otros colegas de medicina legal no hemos hallado otros casos en la casuística española. Recurriendo a fuentes antiguas, en el tomo III del "Tratado de Medicina Legal" de MATEO ORFILA (4. a ed. traducida por el Dr. E. Ataide) en las últimas páginas, 478 y 479, hay una observación del fundador de la toxicología que se pregunta: "¿Son venenosos el vidrio y el esmalte en polvo?" contestando seguidamente:

"Me decido por la negativa, si estas sustancias han sido reducidas a polvo fino antes de haberse tomado". Pero, sigue diciendo, "pueden estar en fragmentos agudos, irritar y herir más o menos las paredes internas del tubo digestivo alimenticio en que se hayan introducido".

Después transcribe la opinión del Dr. LESAUVAGE que opina por el contrario que "son constantemente inertes" y aún más, que "en ningún caso los fragmentos de vidrio puntiagudo pueden producir accidentes sensibles". Aunque esto parece a ORFILA un tanto dogmático, los experimentos de LESAUVAGE a quien seguramente se le habían planteado casos de administración o ingestión de vidrio en polvo, le habían llevado a los siguientes resultados:

1. Que el vidrio y las sustancias análogas no tienen ninguna propiedad química en los órganos digestivos de los animales vivos y que las materias líquida o gaseosas contenidas en estos mismos órganos, tampoco ejercen ninguna acción química sobre las sustancias vitriformes.

2. Que equivocadamente y fundándose en una preocupación, autores por otra parte recomendables, han juzgado que estas mismas sustancias tenían propiedades particulares muy activas.

3. Que se ha pensado más en los efectos mecánicos de los fragmentos irregulares (grandes) de vidrio sobre el tubo intestinal, pero no se ha probado que el polvo más o menos fino de esta misma substancia pueda originar la muerte.

4. Que con la prevención de esta misma verosimilitud se han recogido los hechos que se creían propios para demostrar esta opinión y por consiguiente estos hechos no han sido considerados con el ánimo libre de preocupaciones.

5. Que estos mismos hechos, los unos no son auténticos, no habiendo sido presenciados por los sujetos que se refieren y que se reconocen en la historia de los otros, síntomas evidentes de enfermedades conocidas.

6. Que se pueden ahora citar numerosos casos de ingestión, no sólo de vidrio y de diamante, sino aun de fragmentos considerables de estas mismas sustancias tomadas sin ningún accidente.

7. Que los experimentos hechos a propósito sobre animales vivos,

quitan otra duda, de que no solamente estas sustancias son incapaces de perjudicar mecánicamente las vías alimenticias,

sino que ni aun producen la más ligera irritación.

8. Que el experimento que cualquiera puede fácilmente y sin daño propio hacer, prueba que estas sustancias no producen ninguna sensación dolorosa 1 .

Y de nuevo surgen las dudas después de estas opiniones. Sin ser tóxico, en el sentido estricto de la palabra, el polvo de vidrio fue administrado con la intencionalidad de matar. Por ello, basándose en la opinión de los médicos españoles, el Tribunal que juzga a Pelegrina, confirmado más tarde por el Tribunal Supremo, dictamina (siempre basándose en el informe pericial de la Escuela de Medicina Legal de Madrid) "por la forma y cantidad en que se ingirió, puede ser suficiente para producir la muerte a consecuencia de las lesiones gástricas ocasionadas".

Obsérvese a pesar de todo la prudencia del informe. Pero el Tribunal Supremo dice más. Señala la premeditación ante los evidentes y ostentosos intentos de Pelegrina por conseguir sustancias venenosas o que ella cree venenosas. Por ello es condenada a muerte "por haber ejecutado el crimen por medio de veneno".

El cristal en polvo es considerado como veneno introducido por vía gástrica y rectal con ánimo de matar, voluntariedad que convierte a una sustancia considerada inerte e inocua en otras latitudes, en venenosa entre nosotros.

Pero se olvida que ya Manuel Porcar estaba enfermo antes de serle administrado el polvo de cristal (los médicos que hacen la autopsia diagnostican una ascaridiasis de tramos altos, seguramente por emigración de los parásitos desde el intestino y por lo menos una posible pancreatitis detectada macroscópicamente).

Y no se olvide que hay una tercera persona que casi pasa desapercibida

ante la personalidad de Pelegrina y es Ramona Porcar, prima del

enfermo, que le aplica una lavativa cargada de polvo de vidrio confirmado,

aunque se excusa diciendo que "ignoraba su contenido". Y esta tercera persona en el drama de Lucena tiene otra cosa: un móvil para

cometer también el crimen. La herencia de su primo Manuel y la de su mujer al ser ésta ejecutada por la justicia. Dejando actuar a Pelegrina o "ayudándola" eliminaba en un solo golpe a ambos y heredaba ella. Nadie iba a sospechar de ella como inductora del parricidio o autora del mismo. Y probablemente ninguna de las dos fue la causante de la muerte de Manuel Porcar si como parece confirmarse "los polvos de vidrio no son veneno ni siquiera pueden matar por acción mecánica". Bien pudo haber una causa de muerte natural no detectada por los médicos. Pelegrina aparece como una personalidad patológica a todas luces, de carácter anormal y de una estupidez increíble dejando a su paso verdaderos mojones que pudieran señalarla como la autora de un crimen que deseaba cometer pero que quizás no cometió, un crimen que la llevó a la pena capital sin haberlo cometido más que de intención.

Seguramente nunca se sabrá la verdad en este caso que tiene tantos puntos débiles y que hemos traído retrospectivamente para mostrar lo cautos que debemos ser en nuestros diagnósticos. El escaso uso que se ha hecho del polvo de cristal para acabar con la vida de las personas, parece indicar que aun siendo tan fácil de obtener, no se le consideró tan eficaz como otros medios más populares y radicales (arsénico, estricnina, etc.) en tiempos pasados cuando no había la profusión de venenos y la facilidad de obtenerlos que hay en la actualidad.

Las experiencias modernas señalan un tipo de muertes sucedidas con no escasa frecuencia en el sudeste asiático u Oceanía producidos por el polvo o raspado de la corteza de bambú mezclado con los alimentos, arroz por ejemplo. Los soldados norteamericanos en Vietnam fueron al parecer víctimas en repetidas ocasiones de esta sutil forma de matar. Las múltiples perforaciones producidas por el polvo o raspadura de bambú abren el intestino por millares de puntos pequeñísimos lo que conduce a un peritonitis fatal.

También se ha mencionado el uso del polvo de vidrio entre los antiguos chinos con la finalidad de martirizar a sus víctimas.

Pero es sabido el efecto fisiológico de la mucosa gastrointestinal

que se defiende contra los cuerpos extraños agudos, haciéndoles progresar merced a movimientos peristálticos y así, broches abiertos, aguijas,

objetos puntiagudos, son capaces de atravesar a lo largo de todo el tubo digestivo sin producir el menor daño y sólo encuentran a veces dificultad al pasar al esfinter anal si quedan atravesados, lo que es muy raro.

Recuerdo el caso de una joven reclusa que con intenciones suicidas se tragó un paquete de agujas de coser. Todo el mundo creyó que moriría, pero se salvó y las agujas salieron sin producir lesiones de ninguna clase. Mme. Brinvilliers la envenenadora, intentó también suicidares tragando agujas sin conseguirlo. Seguimos nuestras investigaciones de la literatura antigua y tuvimos la fortuna de hallar entre las causas antiguas, criminales, más célebres de Francia, el caso de LUIS LAVALLEY (20 de marzo de 1808) que dio lugar a un informe pericial del famoso BAUDELOQUE profesor de la Facultad de Medicina de París y de CHAUSSIER, también profesor de la misma, así como de la Escuela Imperial Politécnica y del Jurado de Medicina.

Pero veamos el caso por su parecido en muchos puntos con el de Pelegrina Montuis.

Luis Lavalley era un labrador acomodado de Asnières que se enamoró de la hija de otro labrador más rico que él, María Ana Francisca Guerin, de la que era correspondido. Las familias respectivas se oponían a aquellos amores. Lavalley era hombre tímido según el informe hallado, pero esto no le impidió verse a escondidas con su enamorada. De aquellas entrevistas sobrevino la preñez de la joven que acabó por confesar lo que sucedía a un tío suyo, que era capellán, el P. Guerin.

El P. Guerin actuó como intermediario entre las dos familias,

obteniendo la aprobación de los padres de Lavalley ofreciendo de su

propio peculio 10.000 francos de dote junto con los 2.000 que los

padres de ella aportaban. El 5 de noviembre de 1807 se hacían las

capitulaciones matrimoniales y ocho días más tarde recibían la bendición

nupcial a pesar de lo cual vivía cada uno en la casa de sus respectivos padres, comiendo sin embargo juntos. Se dice en el informe

que los padres de la joven esposa "querían guardarla hasta después del parto". Y a renglón seguido se señala que el verdadero motivo era ocultar a su marido una enfermedad que padecía "en el empeine" y de la que "estaba en cura".

El 13 de diciembre de 1807, Lavalley fue a buscar a su esposa y a su suegro, a quienes había convidado a comer con sus padres. La comida transcurrió en perfecta armonía y la joven María Ana comió más de lo acostumbrado de diferentes manjares "que convenían muy poco a su estado, tales como cochinillo de leche asado, morcillas de sangre y manteca de puerco y un hígado de ternera mechado, terminando la fiesta con café que todos mezclaron con aguardiente". Terminada la comida, los Lavalley insistieron en que la joven se quedase en la casa, pero Guerin padre, se opuso diciendo que quería seguir guardando a su hija en casa, viéndose obligados todos a ceder ante su voluntad. Terminada la comida, Lavalley el joven, acompañó a su esposa y suegro caminando un cuarto de legua a pie, regresando después a su casa.

A las dos de la mañana, la joven que hasta entonces se había encontrado bien, despertó con dolores bastante agudos en el estómago. Se levantó para ver si se le pasaba y comenzó a presentar convulsiones violentas. Ante tal situación un criado de los Guerin corrió a casa de Lavalley pidiéndole que acudiera inmediatamente. Pensando que eran dolores de parto (ella se encontraba ya de ocho meses de gestación) y "semejante en esto a muchos otros maridos que no pueden soportar tal espectáculo, no quiso ir a ver a su esposa", dice el informe.

Pero, a poco llegó el propio suegro diciéndole que no creía que se tratase de parto, rogándole que fuese con él, cosa que hizo el atribulado esposo. Habían sido llamados dos cirujanos.

Lavalley llegó a tiempo de ver cómo le administraban vomitivos,

a pesar de lo cual continuaron las convulsiones. Llegó un tercer cirujano

que administró nuevos remedios y aplicó sanguijuelas, siendo

todo inútil. Se llevaron del aposento al infeliz Lavalley. Uno de los

facultativos trató de extraer el feto con forceps, pero una hemorragia

considerable le obligó a renunciar a seguir y en su lugar emprendió la operación cesárea, extrayendo del seno de la moribunda un niño

ya cadáver. Poco después moría la joven María Ana Guerin. Días más tarde el abate Guerin tuvo una entrevista con Lavalley padre, manifestándole que el pago que le había hecho por su sobrina de 10.000 francos le había puesto en crítica situación y le pidió le devolviese cierta cantidad, a lo que se negó el viejo. Aquello les enfrentó y dejaron de tratarse.

Pasaron treinta días después de la trágica muerte y el joven viudo dispuso se celebraran unos servicios fúnebres, notificándolo a la familia Guerin. Esta, bajo el pretexto de que el abate no podía asistir porque tenía que marchar a Bayeux para realizar ciertas diligencias, dio contraorden sin dignarse consultar esta medida a Lavalley ni notificarle siquiera.

Los rumores propios de los pueblos comenzaron a esparcirse y era vox populi que la joven había sido envenenada. Ante tales rumores, el encargado de la policía solicitó la exhumación del cadáver 42 días después del fallecimiento. Dos cirujanos intervinieron practicando la autopsia. A pesar del avanzado estado de putrefacción del cuerpo, se pudo extraer el estómago y otras vísceras que fueron remitidas a la casa consistorial de Asnières, siendo requerido Lavalley para presentarse ante el Magistrado.

Ante lo que ya parecía una acusación a su persona, pidió que seis o doce cirujanos si era preciso examinaran el cadáver, e hicieran cuantas aclaraciones fueran precisas para poner todo en claro. El Magistrado le aseguró que no se le había requerido como acusado, sino como testigo, de forma que no podía acceder a su demanda. Esta entrevista tenía lugar el 27 de enero de 1808, cuando todavía los cirujanos no habían comenzado sus operaciones. Lavalley regresó a su casa. Dos días después los cirujanos presentaron su informe al Magistrado señalando en él que "habían encontrado en los intestinos una cantidad considerable de veneno y que este veneno era vidrio molido".

Inmediatamente se regó la noticia por toda la comarca y el Magistrado envió a la fuerza armada a buscar a Lavalley hijo, conduciéndole a la cárcel y luego ante el Tribunal, atado como un criminal. El populacho quiso tomarse la justicia por su mano y pedía a gritos que lo guillotinasen o que lo ahorcaran, tirándole piedras por el camino. Hasta aquí el Sumario que contiene entre otros documentos: primero, el resultado del examen hecho por los facultativos y por último la consulta hecha al presidente de la Universidad de Medicina de París.

INFORME DE LOS FACULTATIVOS

"El estómago, el duodeno, el ilion, el colon y el recto, abiertos, han presentado a la vista varios pequeños puntos negros, los cuales reunidos en ciertas partes, formaban pequeñas manchas del mismo color. Se han encontrado en sus intestinos algunos pequeños cuerpos blanquecinos, los cuales por medio de experimentos químicos han sido reconocidos por vidrio molido reducido a polvo imperceptible y reunido en pequeños glóbulos se han encontrado en sus intestinos. La túnica interior de estos diversos intestinos contenía muchas ampollas y vejigas anchas, semejantes a los efectos de la quemadura. Estas parecían particularmente más multiplicadas y crecidas en las partes donde estaban los puntos negros. Se han descubierto también algunas pequeñas corrosiones en las partes donde el intestino era de color más oscuro". Alguno de los cirujanos consideró que aquel vidrio era de "alguna bagatela" puesto que se había encontrado en uno de los intestinos un pequeño cuerpo sólido de color amarillo. Se halló también una "pequeña partícula de vidrio del volumen de tres cuartos de línea" medida de longitud compuesta de 12 puntos. Es la duodécima parte de una pulgada y equivale a cerca de 2 mm. No hallaron más asegurando que "no había otras cosas ni veneno en estos intestinos, juzgando que debió ser el vidrio molido el que había producido todos aquellos síntomas y la muerte de la joven".

Después de este informe, debieron de existir dudas pues se decidió consultar al presidente de la Universidad (Facultad de Medicina) de París, planteándole las siguientes cuestiones:

"¿Existen causas naturales de la muerte de la mujer de que se trata, que provengan de su estado y de los alimentos que había tomado, de los remedios o socorros que le han sido dados, o de la falta de aquellos que debieron habérsele administrado?".

"¿Puede atribuirse la muerte al vidrio molido reducido a polvo imperceptible que se ha encontrado en el estómago, el duodeno, el ilion, el colon y el recto de esta mujer, cuando se supone contra toda verosimilitud y sin la prueba o presunción más leve que este vidrio molido ha sido dado en el café la víspera de su muerte, sin que la enferma en este tiempo supuesto haya sufrido el menor accidente de disgustos, estornudos, tos, ronquera, dolor u otra incomodidad, ni dado ninguna queja?".

"¿Es acaso un veneno el vidrio molido? Si lo es ¿cuál es su naturaleza y sus efectos? ¿Es un veneno lento o activo? ¿Sabe en qué órganos obra particularmente? ¿Pueden ser conocidos desde el momento sus efectos? ¿En qué tiempo obra o puede causar la muerte? ¿Puede producir los accidentes, los síntomas, los efectos y las señales arriba observados en las vísceras? ¿No puede haberlas causado la putrefacción de un cadáver de 45 días? ¿A qué debe atribuirse el estado en que se han encontrado estas vísceras tanto en lo interior como en lo exterior?". El informe de los profesores BAUDELOQUE y CHAUSSIER de la Facultad de Medicina de París, muy extenso, va contestando a cada una de estas preguntas detalladamente. Primeramente revisan las circunstancias de la enfermedad y la muerte.

"Una joven robusta, encinta de ocho meses, después de una comida de familia, donde comió con abundancia cochinillo de leche asado, morcillas de sangre y manteca de puerco, e hígado de ternera mechado y donde contra su costumbre tomó café con aguardiente haciendo después un cuarto de legua a pie para volver a su domicilio, se metió en la cama sin sentir ninguna incomodidad y nueve o diez horas después, a las dos de la madrugada se despierta con agudos dolores de estómago que la obligan a levantarse y vestirse. Los dolores van aumentando y a las 4 ó 5 de la mañana comienzan violentas convulsiones, al principio de hora en hora y luego más frecuentes".

Consideran los Dres. BAUDELOQUE y CHAUSSIER:

1. Que los alimentos de que ha hecho uso son generalmente de difícil digestión aun para las personas robustas.

2. Que la joven comió de ellos con abundancia.

3. Que contra su costumbre tomó café con aguardiente.

4. Que los accidentes comenzaron 9 ó 10 horas después de la comida.

Deducen de todo ello "que la marcha y los síntomas son de una indigestión", bien caracterizada si se observa que enseguida la enferma evacuó porciones de tocino gordo no digeridas. La causa de esta novedad era tan evidente que los médicos-cirujanos que fueron llamados sobre las nueve de la mañana estuvieron acordes en considerar estos accidentes como efecto de una indigestión.

Siguen señalando en su informe:

1. Que una indigestión puede ocasionar convulsiones a las mujeres encinta.

2. Que las convulsiones son siempre efectos graves y muy peligrosos, principalmente en las mujeres encinta, por la plétora de líquidos... el estancamiento de la sangre y la compresión de la vena cava por la matriz. Todo ello produce un "exceso de sangre", sigue diciendo BAUDELOQUE, en los vasos del pecho y cabeza y un estupor e incluso una especie de apoplegía. Ésta era la opinión de los médicos prácticos de entonces que habían observado repetidamente en la maternidad de París donde "algunas mujeres eran atacadas de convulsiones en diferentes épocas de su preñez" (eclampsia). Considera que estas convulsiones eran "ocasionadas por una indigestión, o un susto, desazones y en todos estos casos el rostro está encarnado y morado, la vena del cuello se hincha, las arterias de esta parte palpitan con fuerza y en fin todos estos síntomas manifiestan el entorpecimiento que se forma en la parte del cerebro. Algunas veces estas convulsiones son tan violentas, los accesos se suceden con tal rapidez y el efecto es tan fuerte que a pesar de los cuidados que se les prodigan, las mujeres sucumben en pocas horras y perecen en un estado de apoplegía".

"Así en el caso de esta joven por el cual se nos consulta, existe una causa bien evidente de la muerte. Todos los síntomas demuestran la existencia de esta causa, de la manera más positiva. La calidad y cantidad de alimentos que ha tomado en la comida, el café que contra su costumbre ha bebido mezclado con aguardiente, la marcha que ha hecho después de su comida, todas estas circunstancias eran a propósito para producir una indigestión y disponer a las convulsiones". Al referirse al tratamiento seguido pos los médicos que asistieron a la enferma, no puede juzgar sobre las prescripciones ordenadas porque no se incluyeron en el cuestionario que se le envió, limitándose a observar que "no concebimos lo que ha podido determinar a tratar de extraer el feto con el forceps cuando fue reconocido que no había disposición (es decir que no se trataba de labor de parto) y todavía concebimos menos el motivo de practicar la operación cesárea cuando era tan fácil preveer que la criatura estaba muerta". A las preguntas de si puede atribuirse la muerte al vidrio molido reducido a polvo imperceptible que se ha encontrado en estómago e intestino y si es un veneno el vidrio molido, así como en caso afirmativo cuales son su naturaleza y efectos, si es lento o activo y sobre qué órganos actúa, si son conocidos sus efectos, en qué tiempo obra y puede causar la muerte y si puede producir los accidentes, efectos y señales observadas en la difunta y sus vísceras, responde:

"En un caso tan grave y tan importante en el orden social como es una sospecha de envenenamiento, nada se debe descuidar, todo debe ser descrito, especificado con exactitud: la visita y la relación deben ser hechas con la atención más escrupulosa y la mayor circunspección. Si se separa una parte del cuerpo para someterla a investigaciones o experiencias ulteriores, no solamente se la deposita en un vaso proporcionado, sino que también este vaso debe ser cerrado y sellado con el sello del comisario o Magistrado presente en la vista. También es preciso que los físicos procedan a las investigaciones y experiencias ulteriores en presencia del comisario y luego que éste haya reconocido la integridad de su sello y la identidad de las piezas; en fin, es preciso que el modo con que se hacen los experimentos se exprese en la relación y si se ha encontrado en la parte que se examina un polvo venenoso, se debe conservar una porción de él con el objeto de poderlo examinar y reconocerlo en caso de duda. Sin el concurso de estas condiciones que la razón y las leyes recomiendan expresamente, se puede con fundamento argüir la relación de nulidad, porque podría suponeres que las piezas han sido alteradas, que habrá podido introducirse en ellas alguna sustancia que no existía antes, porque podrían originares dudas sobre la exactitud de los experimentos y de las indagaciones hechas por los facultativos sobre la verosimilitud de las conclusiones que de ello se han sacado".

Supone que todo se ha hecho correctamente y sigue diciendo en su informe:

"Queremos admitir, aunque podríamos dudar de ello con justo fundamento, que se han encontrado en el estómago, como también en el intestino, unos polvos imperceptibles, los cuales por medio de procedimientos químicos han sido reconocidos por ser vidrio molido. Se trata ahora de examinar si el vidrio reducido a polvo imperceptible puede ser venenoso. Es ya una opinión muy antigua y vulgar, que el diamante, el cristal de roca, las piedras preciosas, el vidrio y diferentes otras sustancias análogas, son los venenos más activos, más peligrosos, porque dicen que siendo estas sustancias de una gran solidez, despedazan y atraviesan la tela de las partes; pero esta opinión, así como las razones en que se apoyan, son de estos errores crasos que se repiten ingenuamente sobre la fe de los demás, pero que están destituidos de pruebas y no pueden seducir al hombre que sabe discurrir y observar con acierto".

"Para no dejar duda alguna sobre este punto, consultemos la experiencia y las observaciones de todos los tiempos. En primer lugar GARCÍAS AB HORTO, el cual ha vivido mucho tiempo en Goa, cuenta que muchos criados, para robar los diamantes, los tragaban sin dificultad y que después sabían encontrarlos. HOTTINGER habla de un artesano que por inadvertencia tragó un diamante del tamaño de una lenteja y lo evacuó al tercer día sin haber sufrido accidente alguno. Y según relación de CARDAN, un joyero había hecho tomar diferentes veces a un hombre diamantes en polvo o en trozos pequeños y dice que le hizo el mismo efecto que si hubiese comido pan.

"Pero como podrían estos ejemplos parecer ajenos del caso particular que nos ocupa, nos limitaremos a presentar algunos hechos propios a manifestar, que el vidrio en polvo más o menos fino, no puede ser considerado como un veneno. COLUMBUS cuenta extensamente la historia de un llamado Lázaro, muy conocido en Venecia y Ferrara, que comía vidrio. AMATUS LUSITANUS dice haber visto en Ferrara cierto goloso, al que llamaban "el avestruz", porque comía vidrio. P. BOREL médico de Castres hace también mención de un hombre que tragaba impunemente pedazos de vidrio bastante considerables para dañarle la boca y hacerle sangre. Yo he visto a menudo, dice HENRI-QUE DE HEER algunos hombres que después de haber vaciado su vaso, lo rompían, lo mascaban, lo tragaban y no por eso morían (non ideo moriebantur). GUILLERMO FABRI llamado comúnmente HILDANUS, dice haber conocido tres hombres, quienes en un banquete y únicamente por una calaverada, rompieron con sus dientes diferentes vasos, los tragaron y los tragaron con tal voracidad que su boca se llenó de sangre y no obstante no sintieron ningún funesto resultado.

BARTOLIN cuenta que ha tenido por amigo a un soldado que comía y tragaba vidrio sin sentir ningún accidente. Añade que los fragmentos de vidrio no dañan cuando van mezclados con los alimentos.

Se encontrarán aun otros muchos casos análogos en BOYLE, LANZONI, CARDAN y un gran número de escritores que sería superfluo citar. Solamente añadiremos el resumen de un hecho particular que nosotros hemos visto en 1795...".

"Una joven de un carácter vivo y sensible, en un impulso de despecho y desesperación, tomó un vaso de cristal que estaba en su aposento, lo machacó en una punta de su pañuelo con una gran llave y enseguida se tragó todos sus fragmentos. Una hora después, desengañada de su error, confesó el partido que había tomado para quitarse la vida. Habiéndonos consultado sobre esta circunstancia, tranquilizamos a la familia desconsolada, prescribimos el uso de una poción aceitosa y mucilaginosa y con el auxilio de un régimen prescrito y la elección de los alimentos, no probó accidente alguno y disfruta actualmente de una perfecta salud".

"Con este motivo hicimos delante de diferentes discípulos de la Escuela de Medicina algunos experimentos con los animales. Compusimos una mezcla de vidrio molido con la pasta destinada para los perros, pero ninguno de los animales a quienes se dio, sintió el más leve accidente a pesar de que dimos polvos finos y gordos. Todos estos hechos prueban pues, de la manera más incontestable, que el vidrio pulverizado no es un veneno, si se convierte dicho vidrio en polvo fino y aun imperceptible, como se dice por boca de los facultativos, es una sustancia enteramente inerte y que aun ha sido en algunos casos recomendada y empleada como remedio para algunas enfermedades. El vidrio dice STENZEL es un remedio purificante (remedium mundificanda) y cuando por la masticación está mezclado con alimentos, puede contribuir mucho a la purificación de las primeras vías. CAESALPIN y muchos otros recomiendan el vidrio molido mezclado con vino blanco para romper la piedra, y en algunas enfermedades de los pulmones para dividir los humores viscosos y disipar las obstrucciones. WARE, NISBET y algunos ingleses recomiendan aún hoy la aplicación del vidrio en polvo como el mejor detergente en algunas enfermedades de la córnea. PABLO ZACCHIAS dice expresamente que se prescribe sin peligro ninguno contra el cálculo. Pero sin adoptar estas propiedades hipotéticas, es a lo menos cierto que se ha prescrito y dado a menudo sin inconveniente el vidrio reducido a polvo. Si los facultativos hubiesen sido más atentos o quizás menos preocupados, hubieran recordado que en muchos electuarios empleados en nuestros días, se han hecho entrar los jacintos, las piedras preciosas y sustancias silíceas más duras y más compactas que el vidrio".

"Queda pues bien probado por la razón y por los hechos que el vidrio convertido en polvo muy fino o sea imperceptible, como dicen los facultativos, no puede ser de modo alguno dañoso como dice CRANTZ (in pollinem reducta innocua est). Si fuese más grueso podría en un estómago vacío entorpecer e irritar sus paredes, pero cuando el estómago está lleno de alimentos, los fragmentos se envuelven en la sustancia alimenticia, en las mucosidades que suministran las paredes irritadas y son con mayor o menor prontitud digeridas y evacuadas sin ningún accidente. En fin, el vidrio introducido en el estómago o intestino no podría dañar sino cuando los fragmentos agudos y largos, no de tres cuartos de línea, pero sí de muchas líneas se pegasen a las paredes de estos órganos, pero en este caso los accidentes no se manifestarían sino muy lentamente y serían anunciados por un dolor agudo limitado en aquella parte y no excitaría este trastorno general que se ha observado en la joven de que se trata".

Bastante hemos dicho ya, para dar a conocer que el vidrio reducido a polvo imperceptible o si se quiere en polvo grueso y aun en fragmentos de 3/4 de línea como se dice en la memoria que nos ha sido remitida, no puede ser dañoso, sobre todo cuando está mezclado con alimentos. Así pues creemos haber manifestado de la manera más positiva, cuán absurda y poco fundada es la conclusión que se había deducido de que lo que había producido todos los síntomas, accidentes y la muerte de aquella mujer era el vidrio molido.

"Pero para no dejar ningún asilo al error y a la preocupación, nos detendremos aun en algunas circunstancias. Se supone que el vidrio molido ha sido mezclado con el café que tomó aquella joven después de la comida, pero al momento se reconocerá lo absurdo e inverosímil de esta suposición, si se advierte que el vidrio pulverizado siendo de mucho mayor peso que el agua o una decocción de café se hubiera precipitado en el momento al fondo de la taza y por consiguiente hubiera quedado en ella y con mucha facilidad habría sido apercibido por la joven que tomaba su café. Observémoslo todo: los facultativos han encontrado en el estómago, en el duodeno, en el ileon y en el colon recto algunos pequeños cuerpos blanquecinos los cuales por medio de experimentos químicos han sido reconocidos por vidrio molido reducido a polvo imperceptible; pero como sin duda las evacuaciones debían haber arrastrado ya algunos de estos supuestos cuerpos formados por el vidrio molido, sería preciso suponer que debía haber tomado aquella joven alguna cantidad de vidrio molido mucho más considerable que lo que hubiese podido contener la taza, lo que es un absurdo que causa indignación".

Siguen BAUDELOQUE y CHAUSSIER su extenso informe y más adelante señalan que "esta joven estaba atacada de un herpes, para el cual estaba tomando remedios. ¿Se sabe acaso si ella ha dejado de hacer uso de algunos remedios terrosos pulverulentos, los cuales como se ve algunas veces toman en el estómago y en el intestino una forma globular que algunos hombres poco prácticos considerarían desde luego como vidrio reducido a polvo imperceptible?... ¿Y si en lugar de dar de beber a la enferma con una cuchara de madera o de metal, se le ha puesto entre los dientes un vaso y alguna porción de él, no puede haberse quebrado durante las convulsiones?".

"Sea lo que fuere de todas estas conjeturas, queda siempre probado que el vidrio, de cualquier modo que quieran suponerlo pulverizado, no ha podido causar la enfermedad y la muerte de la joven de que se trata".

Se extiende luego en consideraciones sobre la putrefacción cadavérica y las lesiones que pueden presentarse como consecuencia de la misma en las vísceras. Hace referencia a los puntos negros vistos en algunas partes del intestino, las manchas, las ampollas del ileon, que considera pequeñas equímosis y efecto de la putrefacción. Además, recuerda que le administraron pociones emetizantes, tártaro estibiado e ipecacuana y una lavativa de sen.

Dice por último que si los facultativos hubiesen abierto el cráneo y examinado el cerebro, habrían sin duda encontrado en él equímosis, derrame de sangre o serosidad sanguinolenta, efecto de las convulsiones. Las equímosis, ampollas, cardenales y convulsiones en estómago e intestino, dice, pueden formarse por un gran número de causas muy diferentes y enteramente independientes del veneno.

Termina su informe con estas palabras: "Que sepan que en los informes judiciales, para pronunciar sobre la existencia de un veneno, no basta observar algunas alteraciones en el estómago o en la extensión del intestino, sino que es preciso encontrar el mismo veneno en la cavidad de los órganos, recogerlo y hacer constar su naturaleza. Luego, en el caso que nos ocupa no había veneno, puesto que no se ha encontrado ni en el estómago, ni en ninguna otra parte del intestino, pues como lo hemos manifestado el vidrio molido no es ni puede ser veneno, y cuando este vidrio es reducido a polvo imperceptible, para servirnos de las expresiones de los facultativos, no puede ni aun causar la más ligera irritación. así pues, la conclusión de los facultativos es falsa, absurda, desnuda de fundamento y enteramente contraria a los primeros preceptos del arte y a la observación diaria de los médicos".

"Creemos que ha habido una causa natural y evidente de los síntomas que ha sufrido la joven en cuestión: el abuso, el exceso de alimentos bastaban para causar la indigestión y por un resultado bastante frecuente en las mujeres preñadas, la indigestión lleva tras sí las convulsiones y la muerte".

El informe está fechado en París, a 20 de marzo de 1808 y lo firman BAUDELOQUE y CHAUSSIER. Como resultado de él, el jurado declaró inocente a LAVALLEY. El hallazgo de este proceso entre las causas más célebres de Francia, reafirma la idea de que algo similar pudo ocurrir en el caso de Pelegrina Montuis, con la diferencia de que en ésta sí había intencionalidad aunque la sustancia empleada no fuera la responsable de la muerte. Por ello fue condenada a la última pena, aunque el polvo de vidrio no fuera la causa de la muerte de su marido sino otra diferente, posiblemente natural. Pero en el caso de Pelegrina Montuis no hubo un BAUDELOQUE y un CHAUSSIER que negaran la posibilidad de que el vidrio molido fuera capaz de matar.


Museo de Antropología Médico-Forense Paleopatología y Criminalística
PROFESOR JOSÉ MANUEL REVERTE COMA
Realización