CUERPOS INCORRUPTOS

El cuidado de sus muertos ha sido preocupación del hombre desde los tiempos más remotos. El hombre prehistórico les rendía culto, los enterraba o guardaba en cuevas, al abrigo de rocas e incluso los comía incorporándolos a su propia substancia.

También algunas especies animales como las hormigas retiran los cadáveres de sus compañeras muertas y el gorila recubre con ramas los cadáveres de su especie o los devora.

La idea de que todo no termina con la muerte y que el espíritu que animaba y daba vida al cuerpo tiene un destino en un mundo diferente al que llegará más tarde o más temprano después de haber sufrido una purificación, ha estado muy generalizada. Esta es una de las grandes razones para que hayan surgido en todos los grupos humanos una serie de ritos y técnicas funerarias de lo más variado que podemos resumir en seis puntos.

  1. Abandono del cadáver definitivo o temporal
  2. Entierro secundario
  3. Inhumación
  4. Cremación
  5. Conservación (embalsamamiento, momificación)
  6. Incorporación al grupo por medio del canibalismo

1.- El abandono del cadáver ha sido preferido por las tribus nómadas. Los mongoles por ejemplo, dejaban los cadáveres, especialmente de los niños, envueltos en sacos de cuero, a la orilla del camino, en la creencia de que su espíritu o sombra se reencarnaría en el seno de las mujeres que pasasen más tarde por aquel lugar.

Los bactrianos dejaban expuestos los cuerpos en lugares apartados para que los devorasen los perros especializados en esta tarea y consideraban un deshonor el que estos animales por alguna razón, rechazaran realizar esta tarea.

Los parshis de la India como los antiguos asirios dejaban sus cadáveres en las "torres del silencio", construcciones cilíndricas con plataformas concéntricas llenas de cavidades destinadas a recibir los cuerpos. Los buitres (aves sagradas de Ormuz) se encargaban de despedazarlos y descarnarlos. Los huesos ya limpios serían recogidos por la familia.

Los esquimales abandonan a los viejos entre los hielos aún cuando aún no estén muertos. Les dejan algún alimento y esperan que el oso polar venga y los devore. Luego ellos se comerán al oso y así el espíritu volverá al hogar.

2.- Los indios guaimíes y en general las tribus del Occidente de Panamá, como también muchas tribus de indios norteamericanos, dejaban a sus muertos en plataformas construídas entre los árboles o en la selva expuestos a la decomposición rápida o a la acción de insectos y animales carnívoros. Tampoco era indispensable el que estuviesen muertos. Los guaimíes dejaban al enfermo terminal en una hamaca tendido entre dos árboles con un mazo de plátanos u otra fruta y una calabaza con agua. Volvían a las semanas calculando que sus huesos estarían ya limpios y entonces los recogían, limpiaban y guardaban en una olla de barro que enterraban haciendo una fiesta en honor al difunto en la que corría la "chicha" fermentada de pixvá (Gullielma utilis). Algunas tribus pintaban los huesos de achiote, la substancia oleaginosa que producen las semillas de la Bixa orellana y que representa la sangre y la vida. Esto se conoce en Antropología con el nombre de entierro secundario.

 

 

En cuanto a la inhumación, ha sido práctica muy difundida en todo el mundo. El enterramiento podía realizarse en grutas y cavernas como hacen los hotentotes, las tribus australianas y europeos prehistóricos, los antiguos escoceses y muchos pueblos de Oceanía. En Indonesia, las grutas son de difícil acceso y excavadas en la roca, dejando una especie de ventana o balcón tras el que colocan muñecos antropomorfos vestidos que producen el efecto de que hay gente allí reunida mirando lo que pasa por el mundo.

También los antiguos guanches de Canarias colocaban los cadáveres en cuevas después de haberlos tratado convenientemente con diversas substancias protectoras.

La posición del cadáver varía según la cultura que se estudie. Unas veces es en decúbito lateral, otras en decúbito supino, otras flexionados en posición de descanso o fetal, unas veces mirando al sol naciente, otras al sol poniente, y en ocasiones de pie. Envueltos en pieles o cueros, otras veces encerrados en sarcófagos de piedra o madera, en un tronco de árbol ahuecado o en un hoyo en el piso de la cueva, que luego es tapado con piedras o tierra.

La mayoría de las culturas han añadido al rito de la inhumación, la comida funeraria, que junto con el ajuar (formado por diversos objetos que pertencieron al difunto) debía acompañar al espíritu en su viaje al más allá que se imaginaban de diversas maneras. A veces se acompañaba el enterramiento con variados rituales, a cargo de los familiares o de los chamanes o sacerdotes, con música y cánticos.

Algunos grupos humanos, simplemente depositaban el cuerpo en una grieta entre las rocas o en lo profundo de una sima en las entrañas de la tierra. Los antiguos pueblos de la Península Ibérica revestían con lajas la tumba o excavaban la roca dándole la forma del cuerpo (tumbas antropomorfas).

En las culturas de Mesoamérica era costumbre el "matar" los objetos que componían el ajuar. Si se trataba de una pieza de oro la doblaban o machacaban y si era cerámica, la rompían, con la idea de que así el espíritu que animaba estos objetos podría acompañar al espíritu del difunto.

La inhumación de personajes de la tribu era acompañada del sacrificio de sus mujeres o personas allegadas que debían acompañarle en el viaje al más allá. Así se han encontrado con frecuencia en diversas partes del mundo, en torno al esqueleto principal de un varón revestido de las galas propias de su rango, los cuerpos de mujeres y de niños a su alrededor con evidentes muestras de haber sido sacrificados con la finalidad citada.

Algunas culturas como la egipcia han acompañado la inhumación del cuerpo, especialmente cuando se trataba de un individuo rico y poderoso, de monumentos funerarios complicadísimos, tal es el caso de las pirámides que constituyen la manifestación más colosal de la arquitectura funeraria en honor a una persona.

Otras culturas se contentaban con colocar una simple piedra clavada en el suelo sobre el lugar donde se enterró el cadáver y aún muchos pueblos no dejaban más que un simple túmulo de tierra que indicaba la existencia de una tumba. Entre ambos extremos existe una variadísima gama de estructuras dependiendo muchas veces de la imaginación y habilidad de las personas dedicadas a estos menesteres, así como de las prácticas religiosas que solían acompañar a la inhumación.

Recuérdese a este repecto el Taj-Majatl de la India, inmenso edificio-monumento, de belleza singular, dedicado a una sola persona.

Muchos pueblos han inhumado a sus muertos en la propia casa que habitaban. Otro sin embargo, tienen un temor supersticioso de que el espíritu del familiar difunto pueda hacerles algún daño y cambian inmediatamente de vivienda después de la muerte de un familiar. Tal es el caso de los chocóes que abandonan o queman la casa y construyen otra en un paraje alejado.

Los vascos inhumaban a los natimuertos en el alero de la casa, en una teja. Otros pueblos, en el Centro de la Península, lo hacían en un hoyo cerca del fuego del hogar.

Pero es práctica muy antigua destinar un lugar en las proximidades del poblado para ciudad de los muertos (necrópolis) o cementerio, práctica que se sigue en nuestras actuales culturas. Las leyes prohibían a algunos pueblos como los corintios y siracusanos inhumar los cuerpos dentro de las ciudades y lo mismo ocurría con los romanos. Los delios enterraban a sus muertos en una isla desierta. Los indios cunas llevan sus cadáveres fuera de las islas que habitan y los entierran en pequeñas elevaciones del terreno en Tierra Firme en la Comarca de San Blas, siempre en lugares próximos a un río.

La Ley de las Doce Tablas, prohibía terminantemente inhumar urbe hominem mortuum.

La cremación o incineración de los cadáveres ha sido otra práctica muy difundida desde hace miles de años. Los pueblos que habitaban la Península Ibérica durante el Primer Milenio a.C., es decir, hace 3.000 a 2.000 años (iberos, celtíberos, celtas, tartésicos, turdetanos, púnicos, fenicios, cartagineses, etc.) quemaban a sus muertos en una pira funeraria hecha de leña, recogiendo al terminar las cenizas y los fragmentos de hueso que quedaban, guardándolos en una urna funeraria o cineraria que enterraban en la necrópolis. Esta práctica vino de Oriente recorriendo Europa con las culturas hallstáticas y penetrando en las Penínsulas Ibérica, Itálica y en los Balcanes y Grecia. Hoy pueden estudiarse extensos urnenfeldern en Europa Central, en nuestra Península procedentes de las culturas citadas y en Italia donde los etruscos mantuvieron siempre esta técnica funeraria así como griegos y romanos. En el Norte de Africa, los cartagineses incineraron también a sus muertos. Dedicaremos otro trabajo especial a la cremación prehistórica en la Península Ibérica, que ha sido repetidamente estudiada por nosotros en el Laboratorio de Antropología Forense y Paleopatología de la Escuela de Medicina Legal de Madrid. El tema es muy extenso y merece la pena dedicarle un trabajo monográfico.

Los pueblos australianos quemaban a sus ancianos y con los restos que quedaban se hacían amuletos y talismanes que colgaban en sus cuellos. Algunos pueblos de la Amazonía brasileña queman a sus muertos guardando las cenizas en una bolsita. Estas cenizas serán mezcladas con las bebidas fermentadas que tomarán en la primera fiesta que celebren. De esta manera incorporan los restos de sus familiares queridos a su propio cuerpo lo que consideran que es mejor que dejarlos comer por los gusanos.

En la India, la cremación es una práctica generalizada. Pero allí no se guardan las cenizas del muerto sino simplemente se depositan en el río sagrado más cercano, el Ganges por ejemplo, que las arrastra y hace desaparecer. La práctica del sacrificio ritual de la viuda (sutee o sáti) ha estado muy arraigada en aquellas culturas, aunque en la época actual prácticamente ha desaparecido. La viuda se lanzaba a la hoguera donde ardía el cadáver de su esposo y moría abrasada acompañándole en su viaje al más allá.

En torno al tratamiento del cadáver, existe una variedad de rituales en todos los tiempos, desde las comidas y fiestas funerarias en honor del difunto, los sacrificios propiciatorios, los cantos funerarios, el uso de plañideras, las procesiones acompañadas de música y danzas, o las ceremonias religiosas a veces muy complicadas hasta la erección de monumentos funerarios cuya variedad ya mencionamos anteriormente.

El EMBALSAMAMIENTO es uno de los fenómenos que más ha llamado la atención del hombre en relación con sus muertos ha sido en todo tiempo el hecho aparentemente inexplicable por razones naturales, de que algunos cuerpos no se descomponen, no penetra en ellos la putrefacción y al cabo del tiempo se conservan tal como estaban en el momento de la muerte o bien se van secando, se van encogiendo, se momifican pero sin corromperse, es decir son cuerpos aparentemente incorruptibles.

Se atribuyó a causas sobrenaturales este proceso entre los cristianos, creyendo que era un signo de santidad la incorrupción.

El fenómeno, observado desde remotos tiempos en muy diversos lugares del mundo, en pueblos con ideas religiosas muy diferentes, probablemente tuvo que ver con la idea de tratar de conservar los cuerpos enteros preservándolos por medios artificiales de la corrupción y destrucción. Así pueblos tan separados unos de otros como los egipcios, los del altiplano andino y de la costa, los antiguos guanches, los antiguos cuevas del Istmo de Panamá o los pueblos oceánicos, idearon diversos medios artificiales para la conservación de los cuerpos de sus muertos con objeto de preservarlos de la destrucción. El conjunto de estas variadas técnicas recibe el nombre de embalsamamiento, dentro del concepto general de tanatopraxis.

Precisamente los dos pueblos donde las técnicas de embalsamamiento han alcanzado mayor desarrollo, los egipcios y los pueblos del incario, habitaron en dos de las regiones más secas del globo, donde la momificación espontánea se podía presentar con más facilidad y posteriormente la conservación de los cuerpos embalsamados era más fácil a causa de la sequedad del ambiente.

En la antigua Persia, los cadáveres se conservaban con cera y entre los pueblos arios con miel.

En el libro del Génesis (Gen, 50, 2-3) ya se habla de embalsamamiento. Cuando muere Jacob en Egipto, su hijo José se echó sobre el rostro de su padre, lloró sobre él y le besó... "y mandó José a sus siervos los médicos, que embalsamasen a su padre; y los médicos embalsamaron a Israel y le cumplieron 40 días, porque así cumplían los días de los embalsamados y lo lloraron los egipcios 70 días. Y pasados los días de su luto, habló José a los de la casa de Faraón diciendo: "Mi padre me hizo jurar diciendo: "He aquí que voy a morir; en el sepulcro que cavé para mí en la tierra de Canaán, allí me sepultarás". Era la Cueva de Efrón el Heteo que estaba en el campo de Macpela, al oriente de Mamre, en la tierra de Canaán, que Abraham había comprado a Efrón el Heteo para que fuera la sepultura familiar. Y como allí estaban Abraham y Sara, sus padres, quiso Jacob acompañarles. También estaban allí Isaac, Rebeca y Lea.

El caso es que José pide permiso al Faraón y éste se lo concede y le da una escolta numerosa para que lleve a Jacob. Llegados a la era de Atad que está al otro lado del Jordán, lo enterraron en la cueva. Los habitantes de aquellos lugares que vieron el luto de siete días y el gran duelo que hicieron José y sus acompañantes quienes debían ir vestidos como egipcios, dijeron: "Llanto grande es éste de los egipcios". Y por eso llamaron al lugar Abel Mizraím, que quiere decir Pradera o Llanto de Egipto. No se olvide que el nombre de Egipto no era "Egipto" sino Mizraim.

En este pasaje bíblico están contenidos los datos que corresponden a la costumbre de los 70 días que duraba el embalsamamiento y seguramente los médicos siervos de José eran especialistas en embalsamar, terakeutas y parakistas. Jacob fué momificado o embalsamado al estilo egipcio.

En Gén, 50, 26 se insiste en el tema del embalsamamiento. José que vivió 110 años, fué embalsamado también al morir y "puesto en un ataúd en Egipto". José se había hecho muy egipcio y quiso ser enterrado en Egipto y no en Canaán donde sus padres y abuelos descansaban.

La única noticia histórica escrita de que disponemos en nuestros días sobre la forma en que se practicaba el embalsamamiento en el antiguo Egipto, procede del historiador griego HERODOTO, que en su Historia nos cuenta lo que presenció y oyó durante su estancia en Egipto.

Dice HERODOTO que en aquel país, cuando moría un hombre de alguna consideración, todas las mujeres de la casa se embadurnaban de barro la cabeza y la cara. Después, dejando al muerto en la casa, vagaban a través de la ciudad golpeándose, sujetándose el vestido a la cintura, con los senos descubiertos y con ellas todas las mujeres de la familia. Por otro lado, los hombres se golpeaban también, con el vestido sujeto a la cintura. Cumplidos estos ritos, se llevaba el cuerpo para hacerle embalsamar (es tin tarígeusin). El griego tarígeusis es la operación que consiste en macerar el cuerpo en natrón, para llegar a momificarlo.

Las momias egipcias han sido famosas por muy diversas razones. En primer lugar por las historias de grandes tesoros que han llevado aparejadas consigo y que motivaron desde la antigüedad el robo de sepulturas para obtener oro, piedras preciosas u objetos funerarios que constituían el ajuar codiciado por anticuarios, arqueólogos, coleccionistas y Museos de todo el mundo. Otro motivo de su fama son las leyendas e historias que han llevado asociadas (Momias resucitadas, maldición de los Faraones), las excavaciones arqueológicas a que han dado lugar y sobre todo porque durante la Edad Media, el polvo de momia era un ingrediente de uso constante en las Boticas de todos los países de Europa, atribuyéndosele propiedades terapéuticas lo que provocó una verdadera invasión de momias falsas preparadas por comerciantes inescrupulosos de El Cairo y Alejandría. El tráfico de momias fué constante de Egipto a los puertos del Mediterráneo.

Pero contra lo que muchos creen, la palabra momia no es egipcia. Ni siquiera es el nombre que allí se daba a los cuerpos embalsamados. La palabra momia deriva del árabe mumia que significa betún y en persa la palabra mumiai que significa asfalto. Esta palabra se encuentra ya 1.000 años a.C.. DIOSCORIDES dice que la substancia llamada momia se encuentra en la región de Apollonia (hubo varias ciudades de este nombre, quizás se refiere a la Apollonia de Palestina, entre Cesárea y Joppe sobre cuyas ruinas se levanta hoy la ciudad de ARSUF, o APOLLONIA DE CIRENAICA, hoy MARSA SUZA, patria de ERATOSTENES el geógrafo), en donde masas compactas de betún o asfalto son arrastradas por los ríos procedentes de lechos petrolíferos que afloran bajo las aguas.

Por su parte Ibn-el-Beitar, célebre médico árabe, menciona a Dioscórides y dice que mumia o mumiya o Betún de Judea es en efecto la substancia que arrastran algunos ríos y también la substancia con que los griegos bizantinos y los egipcios conservan sus cadáveres. El Betún de Judea procedía del Lago Asfaltites.

La palabra egipcia para designar a una momia era sähu y la técnica para convertir un cadáver en momia se decía ges que significa vendar o envolver con vendas.

¿Y cuál fué el motivo de que se preocupasen tanto por conservar los cadáveres? El motivo procede de sus creencias religiosas según las cuales el ser humano estaba compuesto de un cuerpo vivo o khet y una parte espiritual divina llamada ka, un espíritu akh y una segunda alma o principio vital llamado ba. Cuando moría y quedaba embalsamado era zet.

Para que el ka pudiese llegar a obtener la felicidad eterna, era necesario conservar perfectamente el cadáver. De ahí surgió la técnica del embalsamamiento entre los egipcios aunque no se sabe cómo se originó, si fué un procedimiento inventado por ellos o bien fué traído de otras regiones de Oriente. Lo que es cierto es que la antigüedad de esta práctica en Egipto se remonta a más de 5.000 años, aunque no siempre se ha realizado de la misma forma.

Teta, el segundo monarca de la Dinastía I (4.366 a.C.) ya escribió un Tratado de Anatomía y era hábil farmacéutico. De esta época se encuentran esqueletos pero no momias. Sin embargo, los esqueletos muestran huellas de betún o asfalto. El perfeccionamiento del método fué producto de la práctica y el tiempo. Algunos autores han pensado que el conocimiento de la técnica de embalsamar procedía de otros pueblos de Oriente. Los chinos conocieron el embalsamamiento hace más de 5.000 años.

Cuenta HERODOT0 en su Historia que "hay gentes establecidas para realizar este trabajo de embalsamar y a quienes pertenece esta industria. Esta gente cuando se les lleva un cadáver a la Casa de la momificación o Per Nefer o Casa de la Purificación (wabet), muestran a los familiares los modelos de momias en madera pintada al natural. Explican que el embalsamamiento más cuidadoso repite lo que hizo ANUBIS que embalsamó a OSIRIS". Sigue diciendo HERODOTO: "Tengo escrúpulo en pronunciar su nombre en semejante circunstancia; muestran a continuación el segundo modelo, inferior al primero y menos costoso; después el tercero, que aún es de precio más bajo. Una vez dadas estas explicaciones preguntan al cliente qué modelo elige para prepararles el cuerpo. Cuando los clientes se ponen de acuerdo con ellos en el precio, se retiran. Los embalsamadores quedan en sus talleres y proceden como sigue para el más cuidadoso embalsamamiento. Primero con ayuda de un hierro encorvado, extraen el cerebro por las narices, en parte por la operación con este hierro, en parte gracias a las drogas que vierten dentro de la cabeza. Enseguida con una piedra de Etiopía muy afilada (probablemente un cuchillo de obsidiana) hacen una incisión a lo largo del flanco y sacan todos los intestinos que purifican con vino de palma una primera vez y luego una segunda vez con substancias aromáticas diversas molidas".

Estas vísceras se ponían en cuatro vasijas de piedra o alabastro cuyas tapaderas representaban las cabezas de los cuatro hijos de HORUS: Amset, Hapi, Tiumantef y Khebenef que eran los genios funerarios protectores de los diversos órganos (cabeza humana, de cinocéfalo, de chacal y de gavilán). Estas vasijas se llamaban vasos canopes, en honor al dios CANOPE, que fué el Almirante de la flota mitológica que llevó a ISIS y a OSIRIS a la India. Satisfechos éstos de sus servicios, le deificaron.

Sigue contando HERODOTO: "Después, llenan el vientre de mirra pura molida, de canela y de otras substancias aromáticas, con excepción del incienso y luego lo cosen (suturan). Hecho esto, salan el cuerpo recubriéndolo con natrón (Carbonato de Sodio decahidratado, CO3 Na2 + 10 H20 que se encontraba en los Lagos de Uad-en-Natrum, en cuyas aguas estaba a saturación. Así quedaba el cuerpo recubierto durante 70 días. No debían dejarlo más de ese tiempo. Transcurridos esos 70 días, lavan al muerto, envuelven todo su cuerpo con vendas hechas de un tejido de byssos (lino muy fino), con una capa de goma (en griego, komi, y en egipcio gomi) que los egipcios emplean ordinariamente en lugar de cola. Se entrega entonces a los parientes. Se les hace entonces un estuche de madera de forma humana. En él encierran al muerto y así le guardan en el interior de una cámara funeraria, donde le colocan de pie contra el muro. He aquí cómo los embalsamadores tratan a los cadáveres para los cuale se hace mayor gasto".

"Con los que quieren el tratamiento medio y desean evitar grandes gastos, he aquí cómo actúan. Llenan jeringas de líquido graso que obtienen del enebro cade (Juniperus oxycedrus) y llenan con él el vientre del muerto sin abrirle ni retirar las entrañas, inyectándolo por el ano e impidiendo salga por donde entró".

Para ello le taponaban el ano. En ocasiones la incicisón se practicaba en el mismo ano extrayéndole por allí los intestinos y substituyéndolos por lana y resina una vez limpiada la cavidad.

"Después le ponen en sal durante el número de días prescrito. El último día de ellos, hacen salir del vientre el aceite de enebro que habían introducido. Tal es su fuerza que arrastra consigo los intestinos y las vísceras disueltas. En cuanto las carnes son disueltas por el natrón, no queda del muerto más que la piel y los huesos. Una vez hecho esto, los embalsamadores devuelven el cuerpo sin preocuparse de más".

"Y he aquí el tercer género de embalsamamiento, aplicado a los más pobres. Se purifican los intestinos con syrmaia (un desinfectante vegetal no identificado), se coloca en sal durante 70 días y el cuerpo se entrega para que lo lleven los familiares. Las mujeres de los personajes no son entregadas enseguida después de morir al embalsamador, ni tampoco las mujeres muy bellas, ni las que estaban muy bien consideradas, sólo dos o tres días después de muertas es cuando se las envía a los embalsamadores. Si hacen esto, es para impedir que los embalsamadores cohabiten con estas mujeres, pues se dice que uno de ellos fué sorprendido cuando tenía unión carnal con el cadáver de una mujer muerta recientemente, debido a la denuncia de un colega suyo".

Como ya indicamos, las ideas religiosas de los egipcios les exigían la conservación del cuerpo de sus muertos ya que el espíritu se separaba sólo por un tiempo reencarnándose en un ave. Pero, esperaban que algún día, terminado su peregrinar, volvería al cuerpo que lo albergó. Y si no lo encontraba, se extinguiría el ka.

Para el embalsamamiento de Faraones y grandes personajes había especialistas más exclusivos y además requerían complicadas ceremonias religiosas. Se substituía el corazón por el escarabajo sagrado y se hacía la "toilette" del cadáver pintándole y dejándole el aspecto más parecido al que tenía en vida.

Toda una industria y artesanía floreció en torno al embalsamamiento, formada por artistas constructores de sarcófagos, talladores de piedra y alabastro, granito, gneiss o arenisca, pintores, fundidores de mascarillas de oro y otros.

Otro país donde el embalsamamiento alcanzó gran perfección y donde estuvo generalizado fué el antiguo Perú y la zona bajo su influencia (Ecuador, Bolivia y Norte de Chile).

Todos los cronistas españoles de Indias que vivieron en aquellas regiones, han contado la costumbre que tenían los incas de practicar la conservación del cadáver por medio de técnicas de embalsamamiento que conducían a la momificación. La elaboración del "bulto peruano" como se llamaba a la momia preparada, era de lo más complicado. El cuerpo se desecaba y esterilizaba con Bálsamo del Perú (Miroxylon peruiferum) y otras diversas substancias vegetales. Además en algunas zonas del Perú se utilizaba arena del Desierto de Atacama.

CIEZA DE LEON, el P. JOSEPH DE ACOSTA y otros cronistas, relatan cómo los cuerpos de los antiguos reyes o incas se conservaban en los templos "tan enteros y bien aderezados con cierto betún que aparecían como vivos; los ojos tenían hechos de una telilla de oro...y estaban tan sanos y no les faltaba cabello como si muriesen aquel mismo día, habiendo más de 60 u 80 años que habían muerto".

Estas momias de sus reyes eran sacadas de los templos en procesión por las calles del Cuzco los días de sus fiestas.

Pero a la mayoría de sus momias las enterraban en cavidades (chulpas) o bajo la arena como en Paracas, envolviéndolas en varias mantas hechas de bellos tejidos multicolores con dibujos muy artísticos. Todo ello bien cosido, hacía que el cadáver así envuelto pareciese un paquete, de ahí el nombre de "bulto" que han recibido.

En cuanto a los guanches de Gran Canaria, untaban los cadáveres con manteca y sebo, ahumándolos después. Los dejaban en arena quemada durante quince o veinte días o en piedras volcánicas absorbentes de la humedad llamadas "malpaíses" en las que tallaban una cavidad para introducir el cuerpo, que luego recubrían con la misma piedra volcánica molida. A los que eran jefes los ponían en cuevas envueltos en siete capas de cueros de corderos tratados como badana lo que les libraba de la humedad.

En muchos lugares de América se recurría a otros procedimientos para momificar el cadáver. Una de las primeras noticias sobre la conservación de cadáveres la encontramos en los relatos de Cristóbal Colón. Cuenta su hijo Hernando (1537) en su "Vida del Almirante Don Cristóbal Colón", cómo su padre tomó notas que él transcribe en su libro biográfico, sobre la manera que tenían los indios de La Española y otras Islas de preparar a sus muertos, especialmente a los caciques, abriendo el cuerpo y secándolo al fuego como mojama para que se conservase entero. En otras ocasiones sólo conservaban la cabeza.

Gonzalo Fernández de Oviedo, en su "Historia Natural y General de las Indias" cuenta cómo los indios cuevas momificaban a sus caciques, también ahumando el cadáver a fuego lento de manera que la grasa y la humedad fueran desapareciendo y consumiéndose. Así desecados, eran colocados en casas especiales donde los conservaban.

Antonio de Herrera cuenta que durante el 4º Viaje de Colón, su hermano Bartolomé, cuando llegaron a lo que hoy es Bocas del Toro y Bahía del Almirante (Panamá) como se llamó en honor del descubridor de América, vió "dentro de las casas, que eran de madera, cubiertas de caña, sepulturas a donde estaban cuerpos muertos, secos y mirrados, sin ningún mal olor, envueltos en mantas o sábanas de algodón".

En Oceanía también conocieron técnicas de momificar cadáveres y dejarlos incorruptos. En Nueva Zelanda, Hawaii, Mangarewa, Tahiti, Ilas Marquesas y Australia, con ligeras variantes, todas las culturas que allí habitaron sabían tratar los cuerpos para evitar la corrupción.

En Nueva Zelanda conservaban sólo las cabezas de las que eliminaban el cerebro y cerebelo por el agujero occipital rellenando el cráneo de substancias aromáticas y cáñamo.

En el resto de las islas utilizaban masajes y frotaciones del cadáver con aceite de coco dejándolo secarse al sol, envolviéndolo más tarde con vendas y fibra de cocotero, depositándolo en cuevas. En algunas islas, lo llevaban en una canoa mar adentro y lo tiraban al agua.

Entre algunas tribus de Ecuador, Perú, Colombia y Venezuela, como son las de los jíbaros, acostumbraban a reducir sólo las cabezas de sus enemigos para copnservarlas como trofeo o talismanes mágicos. La técnica que utilizaban es conocida hoy día. Comienzan quitando la piel y el cabello, es decir "deshuesando". Los huesos no se reducen, sino tan sólo la piel. Entonces esa piel de la cara y cuero cabelludo es cosida como una bolsa, obturando con puntos las aberturas palpebrales, nariz y labios así como la parte posterior que fué previamente seccionada para retirar el hueso. Esa "bolsa" de piel es hervida primeramente en agua que mezclan con cortezas y plantas ricas en tanino y con el jugo astringente del "chinchipi" que es una liana tropical. Más tarde se saca y rellena de arena y piedras redondas calientes que se van cambiando según se van enfriando. Mezclan otras plantas para acelerar el proceso y así van secando el conjunto. La piel se va encogiendo hasta llegar a tomar el tamaño de un puño. Queda como cartón piedra ennegrecida por el humo de "chamisa" otra hierba que queman constantemente debajo de la cabeza en preparación. Toda la ceremonia va acompañada de cantos, oraciones y conjuros. Al producto terminado, la cabeza reducida, llaman "tzantza" que es la palabra de la lengua jíbara para denominar a la cabeza momificada y reducida.

Otra forma de conservación de los cadáveres es por medio de la congelación. En medio de los hielos perpetuos del "permafrost" siberiano se han conservado mamuts y elefantes lanudos perfectamente durante millones de años. Los hallados junto al río Obi, los he visto en el Museo de Historia Natural de San Petersburgo. Cuando fueron encontrados, aún tenían en el estómago, la última comida que hicieron y su carne aún era comestible.

En los páramos de Venezuela, en las altura cubiertas de nieves eternas han aparecido de vez en cuando cuerpos congelados entre los hielos, correspondientes a sujetos muertos hace varios cientos de años, lo mismo que en tumbas de las regiones polares. A estos cadáveres se les ha llamado "los emparamados", y se pueden ver aún perfectamente conservados como si hubiesen muerto recientemente. Toda putrefacción se ha detenido en ellos, son cuerpos incorruptos.

Hoy se utilizan técnicas de crionización o congelación en Nitrógeno líquido a l50º bajo cero. Pero aquí no vamos a extendernos en las técnicas actuales de embalsamamiento.

Existen otras formas de conservación de cadáveres en las que no interviene la técnica humana y que hacen quedar al cuerpo incorrupto. Esto puede suceder por dos caminos opuestos, quedando el cadáver con un notable grado de semejanza a como era en vida. Los dos caminos son la sequedad y la humedad.

La sequedad produce la momificación espontánea o natural. Se trata de un proceso de desecación espontánea o natural que impide la putrefacción y descomposición del cadáver. Puede ser total o parcial. Este fenómeno se da en algunos lugares como son las criptas de algunos monasterios donde la sequedad del ambiente y la ausencia de insectos, unido quizás al hecho de que el cuerpo estaba emaciado tras larga y consuntiva enfermedad, exento de grasa y a la existencia de un medio interno adecuado para destruir las bacterias responsables de la putrefacción, permite que el cuerpo se deseque en forma natural conservándose incorrupto por tiempo indefinido. Esto sucede con muchas frecuencia en cadáveres enterrados en cementerios de nichos.

Un caso notable son las criptas del Convento de Capuchinos de Palermo donde pude ver 850 momias muy bien conservadas algunas de ellas desde hace varios siglos.

También he visto en algunas criptas de España cantidad de cuerpos momificados muy bien conservados y cuerpos de los llamados "incorruptos" que se encuentran generalmente en iglesias y conventos de muchos lugares de España donde se han dado las condiciones adecuadas para preservarlos de la corrupción.

Otro camino, opuesto al anterior, paradójico, es cuando el cadáver queda en un ambiente de humedad relativa, pero estéril. Se produce el fenómeno llamado "adipocira" (de adipós, grasa y cira, cera). Consta de varias fases o momentos evolutivos: la saponificación que consiste en una transformación de los tejidos en jabones por hidrólisis de las grasas. Sigue a ésta una segunda fase llamada fase plástica, durante la cual las partes blandas se transforman en un material parecido a la plastilina, desapareciendo las estructuras microscópicas, pero manteniéndose la forma y el aspecto exterior. La piel queda elástica convirtiéndose en una especie de badana como si la hubiesen curtido.

Aún hay otras fases posteriores, que aunque menos frecuentes, he tenido la ocasión de ver y estudiar. Consiste en la transformación de los tejidos en cera, auténtica cera como la de una vela derretida, que mantiene la forma de los órganos con gran precisión. Queda a veces tan perfecta que se pueden diagnosticar al cabo de los siglos hasta las cicatrices que tenía en la piel el sujeto. Tengo varios casos en el Museo de Antropología y Paleopatología creado por mí en la Escuela de Medicina Legal de Madrid.

La transformación del adipocira en cera cadavérica es lo que ha dado origen a la creencia de que hay cuerpos incorruptos debido a causas sobrenaturales y no hay tal cosa. Durante las excavaciones que se hicieron en el Cementerio de los Inocentes de París por el Dr. Fourcroix, se hallaron centenares de cuerpos incorruptos en las fosas comunes donde se almacenaban hacía siglos miles de cuerpos apilados. Fué este autor el que describió por primera vez el adipocira como un fenómeno natural aunque no pudo comprender aún la razón fisiológica ni química del mismo.

Durante las exhumaciones realizadas en Japón y Hawaii donde se enterraban los cuerpos de los soldados norteamericanos muertos durante las guerras de Corea y Viet Nam, uno de mis maestros en Antropología Forense, el Dr. Thomas D. Stewart y los equipos que con él trabajaban hallaron centenares de cuerpos incorruptos en diversas fases de adipocira debido a la humedad del suelo donde estuvieron enterrados.

Un fenómeno de conservación natural también que puede producirse espontáneamente en determinadas circunstancias es la corificación o transformación de la piel y tegumentos en un cuero de una dureza casi pétrea. Tengo una cabeza en la colección de nuestro Museo que se conserva en esta forma perfectamente.

Aún puede darse otro caso y es la petrificación o transformación de las partes blandas en un material pétreo como roca o como una estalagtita, debido a la infiltración por hidroxiapatita y carbonato cálcico. Tenemos otro caso de este tipo en el Museo. Se trata de un sujeto hallado en una cueva kárstica. La cara del individuo parece la de un hombre recién muerto, pero es muy antiguo y es piedra pura. Este fenómeno se puede presentar en cuerpos depositados en cuevas kársticas con infiltraciones de agua y sales. Aunque es un fenómeno raro, sin embargo es posible como forma de conservación natural.

En esta rápida ojeada podemos observar que la posibilidad de que haya cuerpos incorruptos depende de factores ambientales y factores internos del cadáver y si ambos coinciden, no es de extrañar que este fenómeno se presente sin necesidad de achacarlo a nada sobrenatural, tendencia por otra parte que tiene el ser humano al no poder comprender la razón de estos fenómenos.

     


Museo de Antropología Médico-Forense Paleopatología y Criminalística
PROFESOR JOSÉ MANUEL REVERTE COMA