LAS VIEJAS CÁRCELES DE MADRID

La primera noticia que tenemos de que haya existido cárcel en Madrid, procede de 1514, bajo el reinado de Doña Juana que en carta firmada por el Rey su padre, autorizó a la Villa de Madrid para emplear 508.000 maravedís en comprar una casa con objeto de construir un edificio para Ayuntamiento, Audiencia y Cárcel.

Estuvo situado este edificio en la calle de Platerías (hoy Calle Mayor) aproximadamente en el centro o mitad de la calle en la acera de la derecha, esquina a la actual Plaza de San Miguel. Esta cárcel se mantuvo hasta el año 1575, siendo el primer centro penitenciario conocido en Madrid.

Ramón de Mesoneros Romanos (x) señala que en el s. XVI debía estar esta Cárcel de Villa en la manzana de casas N. 172 que desde la Plaza de San Miguel daba frente a las Platerías (hoy calle Mayor) y formaba los dos callejones laterales de "La Chamberga" y "San Miguel". Y cita como fuente al maestro Hoyos (que lo fue de Cervantes), quien narrando el recibimiento que se hizo el 26 de noviembre de 1564 a la Reina Ana, dice "que al llegar a dicho sitio y antes de Las Platerías y de la Plazuela del Salvador, se oyeron los lamentos de los presos que pedían gracia a los Reyes."

Se mantuvo este primer presidio desde 1514 hasta 1575 en que se construyó la Cárcel de Villa en la Plaza del Salvador, junto al Nuevo Ayuntamiento. Una vez terminada, los presos fueron trasladados a dicha cárcel.

Precisando más, Amador de los Ríos dice que "sabemos que en 1644 se terminó la obra de la Cárcel de Corte, en la Plazuela de Provincia o Santa Cruz, frontera a la parroquia del mismo nombre y se dió principio a la de Villa contigua a las Cosas Consistoriales". Esta información la toma de León Pinelo que dice textualmente: "Habiéndose acabado el excelente edificio de la Cárcel de la Corte, se empeçó la obra de la cárcel desta Villa".

"Formaba la primera (Cárcel de Corte) un bello y suntuoso edificio, debido al buen gusto del Marqués de Crescenci: y parece que se destinó en un principio a prisión de nobles y personas acomodadas; y por conservar sin duda esta distinción, se pensó en establecer otra para criminales del pueblo o gente de menos recursos en el sitio que dejamos mencionado (contiguo a las Casas Consistoriales)".

Comprendía pues la Cárcel de Corte el edificio que hoy ocupa la Audiencia Territorial, más adelante se le agregó por su parte posterior otro que se prolongaba hasta la calle de Concepción Jerónima y que ha subsistido hasta nuestros días. Sigue diciendo Amador de los Ríos en nota al pie de página: "Es la manzana que forman hoy las casas del Sr. D. Fernando Casariego, entre las calles de Concepción Jerónima, Santo Tomás, la Audiencia y el Salvador. El espacio comprendido por la calle de la Audiencia y algo más, era un gran patio que servía para los presos, y estaba pared enmedio de un corral, donde el verdugo tenía su vivienda y una posada además para forasteros. Caía a la parte que es ahora calle de Santo Tomás, y por esta razón se denominaba entonces callejón del Verdugo. Por él y por una puerta baja y angosta se entraba a la cárcel, que no tenía el menor aspecto de edificio público".

"La de Villa tenía su entrada por la Plazuela del mismo nombre, frente a la casa y torre de los Lujanes, y su puerta era la misma que al otro ángulo del edificio hace todavía juego con la principal que da ingreso al zaguán y demás dependencias de la Casa-Ayuntamiento. Otra cárcel había llamada de "LA CORONA" que servía de prisión a los eclesiásticos, cuando no eran encausados por el Tribunal del Santo Oficio; pero ignoramos dónde a la sazón existía. En tiempos no muy lejanos estaba en la calle llamada de la Cabeza".

Alvarez y Baena puntualiza respecto a la CARCEL DE CORTE explicando que "la mandó construir el Rey Felipe IV y en septiembre de 1629, el Cardenal de Trejo, Presidente del Consejo Real, puso la primera piedra con las ceremonias acostumbradas en 1638, pasando los presos de la antigua cárcel que era a las espaldas de ésta en unas casas particulares el día 22 de junio. El edificio es de los mejores de Madrid, delineado y dirigido por el Marqués Juan Bautista Crescenci".

Alvarez y Baena refiriéndose a las Casas Consistoriales y Cárcel de la Villa: "El Ilustre Ayuntamiento de Madrid, desde el tiempo más antiguo tuvo siempre su Casa y Cárcel en la Plazuela que llaman de la Villa, pero deseando tener el edificio correspondiente a su grandeza, la construyó de nuevo a mediados del siglo anterior. Es suntuosa y fuerte, con cuatro torres en sus esquinas, escalera y salas majestuosas y una rica capilla en que se guardan las imágenes de la Concepción y otra que se saca en las procesiones generales. Está toda pintada por D. Antonio Palomino y Velasco (pintor de Cámara de Felipe V). Una de las mayores alhajas que hay en la Corte, es la Custodia que tiene Madrid para la Procesión del Corpus, hecha por Francisco Alvarez platero de la Reina en 1568".

En 1781, no cabían los presos en la reducida Cárcelde Villa. La Higiene era lamentable "sarnosos y dementes convivían con los demás reclusos". En 1803 hubo una terrible epidemia de tifus en la cárcel de Villa teniendo que ser trasladados los que no cayeron enfermos a Coslada y Ambroz.

En junio de 1831, el Ayuntamiento se dirige a S.M. el Rey exponiendo los motivos para pedir el traslado de los presos a otro edificio que reuniese mejores condiciones. "Habiéndose reconocido lo inconveniente de hallarse establecida la Cárcel de Villa en las mismas Casas Consistoriales" se consideró conveniente trasladarla a la casa llamada El Saladero, que había sido construída en 1764 para matadero y salazón de cerdos. Tenía una superficie de 73.408 pies y había sido cedido por el Duque de Arcos por 84.375 reales de vellón. Consideraban las autoridades municipales que el lugar "contiguo al Postigo de Santa Bárbara" frente al Convento de esta advocación era muy conveniente por su seguridad y buena disposición".

Y por R.O. de 2 de septiembre de 1831 se aprobó este acuerdo municipal.

A pesar de lo que los Munícipes alababan El Saladero con sus "cómodas habitaciones para mujeres una para pendientes de causa y otra para las ya sentenciadas" y que los hombres tendrían también "dos grandes salones en el piso principal, que tenía buena ventilación", las cosas no eran tan optimistas como las presentaba el Ayuntamiento, que debía de tener enormes deseos de ver desaparecer la prisión de la vecindad de las Casas Consistoriales. La realidad era muy otra: El Saladero no reunía condiciones para cárcel y entre otras estaba "muy mal ventilado". El acceso era difícil por los desmontes que le rodeaban.

Pero ante la mencionada epidemia de tifus (tifus carcelario) que aumentó rápidamente no tuvieron más remedio que activar el cambio fuera donde fuese. En el Hospital había 1.700 enfermos, muchos de ellas sin cama, tirados por los suelos, sin ropa.

El traslado de los presos de la parte posterior del Ayuntamiento al edificio del Saladero, se efectuó en 1833. Fueron instalados en las salas altas que tenía el caserón y "no en el recinto que aunque capaz, está inmundo y mal ventilado", según Lastres.

EL SALADERO

El aspecto no era de una fortaleza sino de un edificio moderno para su tiempo. Las ventanas estaban protegidas por barrotes de hierro; era lo único que le daba aspecto de cárcel. Pero carecía de cercas o de obras defensivas. Se instaló una cerca de postes y alambre, pero sin duda era poca defensa para evitar que los presos pudieran escapar. Hasta 1875 no se instalaron locutorios con doble reja y pasillo entre ellas. Se emplearon buenas cantidades de dinero para adaptar y adecuar la prisión, pero no se consiguió más que ponerle parches. Siempre fue "una cloaca inmunda, foco de males, amenaza constante para la salud del vecindario y la pública tranquilidad", como dice Lastres.

Había una sección situada en el piso primero, para pequeños delincuentes a los que llamaban micos porque aunque niños, trataban de parecer hombres en el crimen. Andaban medio vestidos, andrajosos, sucios, como si fuesen vagabundos, vida a la que estaban acostumbrados. Raro era el que no llevaba una navaja, aunque estaban prohibido tener este género de armas en las cárceles y además sabían manejarlas con rara habilidad. Desde muy jóvenes estaban acostumbrados al ocio y la vagancia que son la antesala del crimen. Hablaban en jerga o germanía. Solían ser hijos de padres criminales que les habían dado su ejemplo o muchos de ellos ni sabían quién era su padre. El robo había sido su vida y se burlaban de la justicia odiando a la sociedad en la que veían a sus propios progenitores. Era, en fín, el Saladero, como todas las cárceles, escuela del crimen.

Estos micos eran utilizados como correveidiles, espías, noticieros y para llevar la paja de los catres a los adultos para llenar los petates sobre los que el preso dormía. Los más espabilados eran utilizados como "secretarios" de otros presos de mayor calidad. Luis Candelas, que estuvo en esta cárcel, contaba que el propio Alcaide le había proporcionado uno de estos ayudantes para que le hiciera los mandados. Cuando salían en libertad del Saladero continuaban con este género de vida más todo lo que habían aprendido allí, ayudando a delincuentes mayores en sus "golpes", a los que tenían por maestros, o reuniéndose en pandillas. En aquellos tiempos Madrid estaba lleno de estos pequeños vagabundos que vivían de lo que podían robar.

El lugar donde dormían era húmedo, frío e insalubre y la comida era infame. Podían recibir visitas los domingos, de familiares si los tenían. Estaban separados de los delincuentes adultos. Tenían un patio para jugar al que llamaban "el patio de los micos".

En cuanto a los delincuentes adultos había varias clases de presos: los que pagaban de 3 a 5 reales diarios por el alquiler de la celda en la que solían alojarse dos. En el piso segundo estaban situadas las celdas de distinguidos presos o de pago. Las llamaban El Salón. Si carecían de medios económicos eran enviados a los calabozos subterráneos donde había colocadas junto a los muros unas tarimas corridas que les servían de camas, que los separaban del suelo, y sobre las que los presos colocaban su petate y si tenían alguna ropa la colgaban de la cabecera en el muro. Sobre los muros era impresionante ver la cantidad de suciedad no distinguiéndose del suelo más que por estar pintarrajeadas con carbón o rayadas con dibujos y obscenidades de toda clase. En el piso principal estaban las oficinas, sala de visitas, enfermería y habitación del Alcaide.

El aspecto exterior no era más agradable. La conservación estaba muy abandonada y cuando ya llevaban allí varios años, siempre con el pretexto de que se iba a construir la Cárcel Modelo, se iba dejando.

Había una fuente en el patio que cuando tenía agua permitía al preso asearse. Pero el problema se agudizaba cuando faltaba el agua y entonces los presos privilegiados por su buena conducta y que tuviesen cumplida la mitad de su condena, podían salir fuera de la prisión para ir a una fuente cercana y cargar recipientes o baldes donde se lavaban todos los que querían hacerlo. Pero esto produjo numerosas fugas. La mayor parte del tiempo lo pasaban en juegos de azar, naipes, tabas o jugando a la pelota. Estaba prohibido los presos tener navajas, pero todos tenían y las usaban con harta frecuencia y con trágicos resultados. También tenían prohibidos el vino y licores, pero el soborno funcionaba como una máquina bien engrasada y así nunca faltaba vino o aguardiente. El reglamento prohibía los juegos de azar, pero desde que se levantaban funcionaban las timbas. Esto provocaba con frecuencia riñas a veces mortales.

Una institución en el Saladero eran los llamados "calaboceros". Eran dos presos de los más fuertes que se imponían a los demás con sus puños, su bastón o su tranca a la que llamaban "código". Estos calaboceros eran preferentes a la hora de comer el rancho. Se llevaban la espuma. Luego venían los amigos de los calaboceros, otros que pagaban algo y los últimos que no tenían ninguna asignación, les tocaba sólo beber agua sucia.

Los domingos que recibían visitas se formaban corros en los pasillos, sentados en el suelo, con amigos, padres, familiares, conversando y hablando a voces o cantando.

Había una Enfermería, que contaba con pocos recursos. Un antiguo inventario muestra que había: "una cierta cantidad de álcali volátil, otra de éter, una de píldoras de opio, algunos granos de tártaro emético, aglutinantes de lienzo y los ungüentos comunes y emplastos, mostaza y polvos emolientes".

Las viviendas de los empleados estaban fuera del recinto carcelario.

LA PAZ Y LA CARIDAD

Era una Institución muy relacionada con las Cárceles. Esta cristiana asociación se instituyó en 1421 en la Iglesia de la Concepción . Luego tuvo su sede en el Hospital de Antón Martín y más tarde había comprado terrenos en Santa Cruz el año 1590. Su propósito era asistir a los reos de muerte que entraban en capilla, acompañándoles hasta el cadalso y luego ocupándose de darles enterramiento. Se fundió en 1500 con la cofradía creada por la "Latina" (maestra que fue de l Reina Isabel la Católica). A ella pertenecían personas de calidad por su posición o sus virtudes. Los enterramientos de los ajusticiados se hacían en la Parroquia de Sta. Cruz cuando los presos eran degollados, en San Miguel si eran agarrotados y en San Ginés cuando eran ahorcados. Tenían también la piadosa misión de recoger los restos de los ajusticiados a los que "se hacían cuartos" o sea se les descuartizaba para colocar estos restos en lugares determinados en los cuatro puntos cardinales o bien se les colocaba en jaulas que llamaban "linternas" para escarmiento o disuasión para otros malhechores. Los Sábados de Ramos de cada año hacían esta recogida, los colocaban sobre un altar que se levantaba en la Plaza de Sta. Cruz y luego les daban cristiana sepultura.

Dice Ricardo Sepúlveda que en aquellos tiempos aún medievales "era frecuente ver en las puertas de la Cárcel de Corte, el cadáver de un desconocido, muerto en riña o accidente junto a los restos de ajusticiados que se exponían al público al pie de las Torre de Santa Cruz".

EL EJECUTOR DE SENTENCIAS

Esta era otra Institución indispensable en relación con las Cárceles. Así era llamado elegantemente "el Verdugo". Robert cuenta que por los años de 1863 era el verdugo de Madrid Antonio Pérez Sastre, quien había heredado el oficio de su padre y éste de su abuelo. Carpintero en su mocedad y aficionado a la guitarra, al caer enfermo su padre en 1852 se le autorizó para que le reemplazase en esta siniestra misión y le tocó ir a Brihuega para ejecutar a un reo llamado Hilario Sánchez, y lo hizo tan bien que al morir su padre se quedó con el empleo. Le daban casa en un local adjunto a la Cárcel de Corte a la izquierda de este edificio por lo que se le dio el nombre al callejón que había, de "Callejón del Verdugo". Posteriormente le dieron otra casa en la calle de Mesón de Paredes y su sueldo era de 30 reales diarios, o sea 10.950 al año.

CÁRCELES DE MUJERES

Ya desde 1587 hubo unas Casas de reclusión de mujeres llamada de Santa María Magdalena (también "Recogidas") situada en el Hospital de Peregrinos, que se trasladó después a una casa de la calle de Hortaleza. Servía de reclusión decente para mujeres y estaba al cuidado de las religiosas de Santa María Magdalena de la Penitencia. En esta casa no se admitía a ninguna mujer que no hubiese sido pública pecadora. Una vez hubiesen entrado allí, no podían salir más que como religiosas o casadas. Había también una sala donde se guardaban las mujeres a quien sus parientes enviaban como castigo.

Existió ya desde 1622 una separación de la Cárcel de Corte para mujeres de mala vida perseguidas y castigadas por los Tribunales y así en esa fecha hay un acuerdo de la Sala de Alcaldes destinando a la creación de la Casa Galera, (que así se llamó la cárcel de mujeres), una parte de las condenas que se hicieran en los repesos. A mediados del s. XVIII se trasladó la Galera a una casa propia de los Hospitales de la calle de Atocha. En 1808 a favor de la revolución de aquel día se fugaron las reclusas y quedó abandonado el establecimiento. Concluída la guerra, se restableció la Galera en la calle del Soldado en el edificio que sirvió antes de Inclusa bajo la dirección de la Sala de Alcaldes hasta que en 1837 fue trasladada al antiguo convento de Montserrat en la calle Ancha de San Bernardo, que fue comprado con este objeto a la Hacienda Nacional.

En 1848 habían sido trasladados los presos de la Cárcel de Corte al viejo caserón de El Saladero y en 1850 se refundieron en una sola las dos cárceles, suprimiéndose la denominada Cárcel de Corte.

Pero era tal el estado de deterioro en que había caído El Saladero, y además los presos ya no cabían, que las autoridades intervinieron para que se hiciese una nueva prisión. Y al fin lo lograron cuando se construyó la Cárcel Modelo. Se valoró el viejo edificio y sobre todo el terreno para pagar en parte la nueva cárcel, en siete pesetas el pie importando los 73.408 pies que medía su superficie 540.536 pesetas, adjudicándose también al contratista el terreno adyacente a cinco pesetas el pie. Esto tuvo consecuencias económicas, porque se elevó rápidamente el valor del terreno y ya en 1886 en la plaza de Sta. Bárbara, 5.700 metros valían más de 2.500.000 pesetas.

El año de 1884 estaba ya terminada la Cárcel Modelo y los presos fueron trasladados a ella. En 1888 el edificio del Saladero era demolido.

LA CÁRCEL MODELO

Don Francisco Romero Robledo, Ministro de la Gobernación, presentó a las Cortes el 14 de junio de 1876 un Proyecto de Ley para la construcción de una Cárcel Celular en Madrid que fue aprobado. El Rey Don Alfonso XII colocó la "piedra fundamental" de la Cárcel de Madrid el 5 de febrero de 1877. Con ello comenzó la reforma penal en España. Recibió el bautismo de CARCEL MODELO que sería capaz para mil presos y serviría para Depósito municipal, Cárcel de Partido y de Audiencia y como Casa de corrección para sentenciados.

Fueron presentados varios proyectos siendo aprobado el de Don Tomás Aranguren, al que por Real Decreto de 24 de diciembre de 1876 se designó para ser el Director facultativo de las obras. Se llevó a cabo la licitación resultando Don Dionisio Goyri y Oar el que presentó la proposición más ventajosa. Se admitió como asociado del contratista al banquero D. Bruno Zaldo y Rivera.

Refiere así Cuesta cómo fue el acto del inicio de las obras: "Un inmenso gentío se dirigía el 5 de febrero de 1877 por las afueras de la calle de las Princesa hacia los llamados "Cerros de San Bernardino" transformados en gran parte en una llanura para construir allí la prisión. Una bandera nacional en su astil señalaba el punto céntrico de esta gran plaza. A su pie se eleva un altar con todo el servicio del mismo y cerca, una piedra labrada, que en su centro presenta un hueco.

Frente al altar, la Tribuna Real con colgaduras y gallardetes. En unos bastidores se ven los planos del Sr. Aranguren. Autoridades, tribunos y el Rey que llegó con el Patriarca de las Indias, arquitecto, ministros y una gran comitiva.

El Sr. Aranguren pronunció un discurso contestado por S.M. el Rey y el Ministro de la Gobernación. En una caja de roble había varias monedas de oro y plata con el busto del Rey y una tarjeta sobre la tapa que decía "Cárcel de Madrid". La caja de roble fue colocada dentro de otra caja de zinc y soldada, depositándola en el hueco de la piedra allí preparada. Era la "piedra fundamental". Sobre ella se colocó una lápida de mármol blanco y en letras azul, rojo y negro se veía la siguiente inscripción: "Piedra fundamental de esta Cárcel de Madrid, donde comienza la reforma penal en España. Púsola aquí S.M. el Rey D. Alfonso XII. 5 febrero 1877"

El Patriarca bendijo la piedra y la arqueta quedó colocada en el sitio preciso. Se oyó un grito unánime: ¡Viva el Rey!

De Torrelodones y Villalba se trajo la piedra berroqueña, de Vicálvaro se trajo el pedernal para la cimentación. Se levantaron barracones para almacenes, cuerpo de guardia y otros servicios.

Hubo una actividad febril los siguientes días: máquinas, volquetes, transporte de materiales y...espectadores que no faltaban nunca para ver cómo avanzaban la obras.

Seis años, diez meses y quince días tardó en construirse la Cárcel Modelo. El Rey inauguró el establecimiento el 20 de diciembre de 1883.

Los presos que trabajaron en la obra, al terminar fueron indultados por el monarca.

Así se alzó sobre el Cerro de San Bernardino, con una fachada a la calle de la Princesa y la posterior a la calle de Ferraz. Una plaza de 26.020 m. estaba destinada a las ejecuciones públicas. El terreno utilizado para la construcción de la Cárcel Modelo fue de 79.424 m2. El área del edificio era un polígono irregular que tenía seis lados y contenía la construcción en 43.200 m2.

En el centro había una gran puerta con montante semicircular, todo de hierro en el que campeaba el rótulo: "Odia el delito y perdona al delincuente". Detrás de la puerta, un patio dominado por una torre de piedra berroqueña que dominaba todo el edificio. Y en la torre, un gran reloj.

En el interior celdas, locutorios, capilla, patios para pasear los presos, enfermerías, lavandería, áreas de servicio, Secretaría, despacho del Alcaide, habitaciones para los empleados y todos los adelantos modernos de la época.

Traslado de los presos

Al amanecer del 9 de mayo de 1884, los presos del Saladero, desde la Plaza de Santa Bárbara, una larga fila de hombres andrajosos, fueron trasladados rodeados por 160 parejas de Orden Público. Les abría camino una sección de la Guardia Civil y otra sección cerrando filas.

El pueblo de Madrid esperaba con ansiedad aquel momento y una multitud se arracimaba en los alrededores del Cerro de San Bernardino.

El primero que entró en la prisión y al que se talló, midiendo estatura, longitud de pies y manos al estilo Bertillon fue uno de los más peligrosos criminales que había en el Saladero, Miguel Cañadas Torremocha "Boiche", con una historia de crímenes muy extensa, después de haber huído del Saladero al Campo de Gibraltar viviendo allí durante cuatro años hasta que fue capturado de nuevo por la Policía. Se le colocó el capuchón Nº 160 y fue conducido a su celda situada en el ala derecha del piso bajo de la primera galería. A éste le siguieron hasta 115 presos que fueron colocados en sus respectivas celdas.

El Saladero, dice Cuesta, "quedó vacío". Había sido construído en 1768 para matadero y salazón de cerdos, convirtiéndose en Cárcel de la Villa, hasta que aquel "foco de infección, miseria y práctica de todos los vicios", fue evacuado y muy pronto derribado.

En la Cárcel Modelo continuaron los desmontes construyéndose una plaza semielíptica delante del edificio a la que se llamó Plaza de Cánovas del Castillo, a la izquierda se construyó una calle de 30 metros de anchura a la que se dio el nombre de Romero Robledo, autor de la Cárcel Modelo, se plantaron árboles haciendo de aquellos desmontes un oasis con dos fuentes de hierro. Se instaló una línea telefónica y un Parque de Bomberos. El pueblo no la llamaba por su nombre, ni Cárcel Modelo, ni Penitenciaría o Prisión celular, sino que la llamaron "Saladero Nuevo", "Inquisición" y "Abanico".


Museo de Antropología Médico-Forense Paleopatología y Criminalística
PROFESOR JOSÉ MANUEL REVERTE COMA