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Dr.
José Manuel Reverte Coma
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ALEJANDRO YERSIN., Gran investigador, hombre metódico, curioso insaciable e infatigable, recorre como científico explorador las poblaciones del interior de Indochina, hasta entonces desconocidas, aunque su gran labor es la lucha contra la peste bubónica. En 1894 descubre el agente causal de esta enfermedad y crea la vacuna que va a suponer la curación. Nombrado director del Instituto Pasteur de Nhan Trang prepara la vacuna antirrábica, el suero y la vacuna antipestosa, la vacuna contra la fiebre porcina, y el suero antitetánico y contra la disentería, la meningitis y el cólera. La biografía de Alejandro Yersin resulta apasionante por su solitaria atracción por la selva y por lo exótico, por las exploraciones y la investigación; por sus variadas vocaciones que le permitían seguir cualquier camino, cualquier sendero, y por su amor a la libertad. La selva le atrajo tan intensamente que prefirió abandonar la vida cómoda de las grandes ciudades y un porvenir brillante en ellas, a cambio de la soledad de los grandes espacios y el riesgo que le brindaban las regiones desconocidas; soportó padecer una malaria crónica que le hacía temblar de tiempo en tiempo devorado por la fiebre, luchó contra las enfermedades endémicas y epidémicas y se convirtió en uno de los grandes bienhechores de la Humanidad, llegando a octogenario a pesar de vivir una vida peligrosa. El mensaje que ha dejado su vida apasionante es el mensaje de un hombre que no soporta la rutina, que quiere realizar expediciones a la Montaña de las Siete Pagodas, ver el mundo con una óptica distinta a los demás y que siendo médico dice: "Me encanta ver enfermos pero no quiero hacer de la Medicina un oficio, es decir que nunca podré pedir dinero a un enfermo por los cuidados que haya podido darle". Considero la Medicina como un sacerdocio. Pedir dinero para cuidar a un enfermo es tanto como decirle: "La bolsa o la vida". Nació Emilio Alejandro Yersin el año de 1863 en Morges, junto al Lago Leman, no lejos de Ginebra (Suiza), hijo póstumo de Alejandro Yersin, maestro de Escuela y de Fanny Moshell. Ante la prematura muerte de su esposo, la señora Yersin tiene que dedicar "la Maison des Figuiers", que habían comprado, a pensión de estudiantes. Desde su infancia, Emilio Alejandro se sintió fuertemente atraído por las Ciencias Naturales, las colecciones de insectos, los herbarios y las excavaciones arqueológicas. Pronto la ciencia supone para él una verdadera pasión. Experimentar y observar son sus aficiones favoritas. Bajo la influencia de dos grandes amigos de su padre, los doctores Jaïn y Morax, comienza sus estudios de Medicina en la Academia de Lausana en 1883, continuándolos en la Universidad alemana de Marburg, protegido por el profesor Wigand, catedrático de Botánica y amigo también de la familia. A pesar de la primitiva cirugía de aquel tiempo, dedica sus esfuerzos a esta especialidad "que no le quita el apetito". Siente una gran piedad por el sufrimiento de los niños a los que dedica buena parte de su tiempo y no puede acostumbrarse a verlos morir. En una de las frecuentes cartas a su madre, le dirá: "No puedo endurecerme como el doctor Róser y considerar como él que la muerte es un accidente de la enfermedad". Estudia tan intensamente, especialmente la Anatomía Patológica, que su maestro Wigand escribe a su madre: "No hace más que estudiar, día y noche". Es una reacción contra el ambiente que se respira en la Universidad alemana y que no comparte, como el antisemitismo, los duelos entre estudiantes, y perder el tiempo en las Brauerei, bebiendo, cantando y peleándose. El está muy bien dotado para el estudio de la Anatomía Patológica. Y prefiere pasarse las tardes pegado al microscopio haciendo cortes de tejidos. Al terminar el curso, regresa de vacaciones a su casa, pero ha decidido seguir sus estudios en París donde llega el 27 de octubre de 1885,en pleno ambiente de la Exposición Universal y la construcción de la Torre Eiffel y el Sacré Coeur. Se integra en el Hótel-Dieu donde ayuda a hacer autopsias al doctor Roux y da un curso de la incipiente Bacteriología con el profesor Victor Cornill.
Yersin descubre el bacilo de la peste y señala que las ratas son las propagadoras de la epidemia Practica también autopsias en sujetos muertos por la rabia, enfermedad muy frecuente entonces, y según algunos de sus biógrafos sufre él mismo una herida accidental en una mano durante una de aquellas autopsias. Esto hace que el doctor Roux le lleve ante Pasteur y se lo presente. Recibe el suero antirrábico y se hace amigo del grupo de médicos y colaboradores de Pasteur. El investigador pronto observa las buenas cualidades del joven Yersin y le acepta en su servicio. Alejandro ayuda sujetando a los enfermos rabiosos y haciendo traducciones del alemán. Roux le envía a Berlín para que haga un curso con Roberto Koch, Petri y Frankel sobre técnica microbiológica, que luego montará a su vez en el Instituto Pasteur, recién construido por suscripción popular. Yersin sigue siendo el brazo derecho de Roux. Tiene dos intentos frustrados de matrimonio, el segundo con la hija de su maestro el doctor Jaïn, pero ésta acaba casándose con otro y muere poco después. Yersin, decepcionado, decide dedicarse a la ciencia y desde 1888 a 1890 encuentran él y Roux el Bacilo de Klebs y Löffler en los enfermos de difteria y descubren la toxina diftérica. La publicación de estos descubrimientos y la posibilidad de preparar toxinas contra otras infecciones son una esperanza para la Medicina. Roux comienza la seroterapia antidiftérica. El siguiente descubrimiento de Roux y Yersin es el de los portadores sanos. Ambos dan cursos de Microbiología. Entre sus primeros alumnos está Laveran. Pero Yersin se ha cansado de aquella rutina y de la enseñanza, lo que produce roces con Roux, que debido a su estado delicado de salud quiere que su ayudante se encargue del curso entero. Yersin ama los espacios abiertos y quiere ver mundo. Recrimina a su maestro que trabaje tanto y no cuide su salud. Roux ha tenido varias hemoptisis, aunque no tuberculosas, debidas a dilataciones bronquiales. Entre los alumnos de Yersin están Landouzy, Olga Metchnikkof, Gessard, Nicolle y otros que con el tiempo serán famosos microbiólogos. Yersin ha llegado a su límite en París. Quiere romper con los pasteurianos y pide una excedencia de un año, enrolándose como médico de la marina mercante por 200 francos al mes. Quiere ver mundo, buscar aventuras en países exóticos, estudiar enfermedades tropicales, ser otro doctor Livingstone al que admira. Roux que comprende las inquietudes de su joven ayudante le da una carta de recomendación para el capitán del barco, el "Oxus" en el que se embarca rumbo a Oriente, llegando a Saigón, Indochina. Se ha despedido de Roux, de Pasteur y de los pasteurianos. Durante los 30 días de navegación se dedica a estudiar inglés con el que nunca se reconciliará y se maravilla en cada una de las escalas que hace el barco anotando cuidadosamente en su diario cada acontecimiento, cada impresión por mínima que sea. Años más; tarde esta línea mercantil se convierte en una rutina. El 18 de octubre de 1890 llega a Saigón, "El París del Extremo Oriente". Es un mundo nuevo, exótico, al que contempla asombrado. Se pierde por los mercados, aspirando los aromas de las plantas y especias orientales, mirando a los mandarines y a los anamitas con sus ojos escrutadores, anotando el aspecto de su vestimenta de vivos colores y los rasgados ojos en sus rostros coloreados. Todo está lleno de misterio, de suciedad, de un ordenado desorden propio de las aglomeraciones del Sudeste asiático, que desde ahora formará ya parte de sus propias vivencias. De Saigón, el barco se dirige a Manila, donde admira las viejas fortalezas españolas y sus templos, los conventos y la Universidad de Santo Tomás. Atraviesa el Río Pasig y hace excursiones al interior de la Isla de Luzón. Llegará a conocer bien las islas en sucesivos viajes y cada vez se sentirá más atraído por la selva tropical, los maravillosos paisajes que contempla desde la boca del volcán Taal y la crepitante lava que éste lanza en sus constantes erupciones. En Saigón, todo el tiempo que le permiten las escalas, se dedica también a recorrer el interior, Bien Hoa, Thu, Thu Lan Mot, Dan-Nai, atraviesa la selva y hace una visita a los moïs habitantes medio salvajes de las montañas. Conocerá al doctor Calmette, otro médico de la marina llegado del Instituto Pasteur como él, que quiere fundar en Saigón una extensión del Instituto Pasteur, pidiéndole que colabore con él. Desde entonces les unirá una buena amistad. Al suprimirse la línea Saigón-Manila, Yersin se tiene que embarcar en el "Saigón" que le lleva al puerto de Hai-Phong y a una región por entonces bastante desconocida para los europeos. En sus escritos describe apasionadamente la expedición que realizó a la Montaña de las Siete Pagodas. Es su primera novela de aventuras. Vive la vida de un auténtico explorador.
Tomando como base Nha Trang, continúa sus exploraciones. Hombre metódico sin embargo, aprende cuanto le pueda servir para mejorar las condiciones en que hace sus viajes y trata de obtener del Gobernador francés una orden de misión científica para la exploración del Alto Don-Nai. Para ello se pone en contacto con el Capitán Cupet y con Augusto Pavie, conocidos exploradores del Delta del Me-Kong. A sus 30 años, renuncia a su puesto en la marina mercante, ahora puede dedicarse a lo que le gusta: explorar. Organiza una caravana de elefantes y Yersin y el doctor Jacotot colaborador del Instituto Pasteur y fiel acompañante de los últimos días del investigador se dedica a recorrer los poblados de los moï por todo el interior de Indochina, de los benongs y de los laosianos, muchos de los cuales nunca hasta entonces habían visto a un médico blanco. Con sus aparatos de medida va haciendo un levantamiento topográfico, dibujando mapas de aquellas desconocidas regiones. El 25 de junio de 1892 regresa a Pnom-Penh donde el Residente Superior de Francia le invita a comer y le felicita por su excelente trabajo geográfico, y por la hazaña que ha llevado a cabo. Regresa a París en 1892, donde presenta a la Sociedad Geográfica de París, un detallada informe etnográfico, geográfico, con excelentes fotografías tomadas por él. Visita a Pasteur y a Roux. En enero de 1893 vuelve de nuevo a Saigón donde el Gobernador le encomienda la búsqueda de una ruta que una Saigón con Pha-Tiet. Aprovecha el viaje para vacunar a todas las poblaciones contra la viruela, enfermedad que hacía estragos por entonces en Indochina. Será durante este viaje cuando descubre la hermosa meseta de Lang Bian, lugar fresco y sano donde por recomendación suya se construirá con el tiempo la villa de Dalat. Explora el Lago Darlac que hasta entonces ningún europeo había visitado y logra llegar a Nha Trang en agosto de 1893 de donde regresa a Saigón con un buen informe para el Gobernador. El Consejo Colonial le ha concedido un crédito para que continúe sus exploraciones. Mientras tanto provee al Museo de Historia Natural de París de piezas etnológicas, antropológicas y cráneos de los moï. Sus viajes irán cubriendo zonas del mapa de Indochina hasta entonces vacías y él se siente satisfecho, pero su gran misión será otra. Yersin supo desde su llegada a Indochina de la existencia de la peste bubónica que asolaba aquellas regiones y el Sur de China. El año 1894 hubo una gran epidemia que afectó a Cantón, Hong Kong y. Annoy. Sólo en Cantón murieron más de 100.000 personas, y la epidemia se fue extendiendo seguramente por la política de las autoridades al tratar de ocultarla. Por entonces poco se sabía de esta enfermedad. Yersin es enviado por el Gobernador a Yunán para estudiar la epidemia y tratar de descubrir el agente causal. Llega a Hong-Kong donde morían más de 50 personas a diario. Se instala en el Hospital de Kennedy Town, donde la mortalidad alcanza e1 90 por ciento de los casos. Ha observado al llegar numerosas ratas muertas por las calles y cadáveres humanos abandonados. Nada más llegar tiene un enfrentamiento con los médicos ingleses que ven con malos ojos su llegada. Su escaso conocimiento del inglés aumenta el recelo. Sin embargo, le es de gran utilidad la ayuda de un viejo misionero, el padre Vigano que lleva 30 años viviendo en Hong Kong, quien con su conocimiento de las gentes y los idiomas será insustituible. Antes de que Yersin llegara a Hong Kong el médico japonés Kitasato, enviado por el Cónsul del Japón, y apoyado por los ingleses, ya estaba estudiando con su equipo de colaboradores la epidemia. Yersin es presentado a los japoneses mientras Kitasato practica la autopsia en un apestado. Observa que el médico japonés toma sangre del corazón, la estudia al microscopio y enseguida anuncia que aquel sujeto ha muerto de fiebre tifoidea y no de peste. Yersin es invitado a mirar las preparaciones y observa que los bacilos que se ven en ellas son más pequeños que los de la fiebre tifoidea. Además observa que nadie ha estudiado un bubón que presenta el cadáver. Los japoneses se mofan de Yersin y de su mal inglés y Kitasato se niega a hablar con él. La hostilidad del ambiente es manifiesta. Los japoneses reclaman el monopolio de las autopsias y no dejan que Yersin toque un cadáver. Ocupan las habitaciones y laboratorios y Yersin tiene que montar su microscopio en un rincón de un pasillo. El suizo está convencido de que los agentes causales se han de encontrar en los bubones. Tiene que ir al cementerio y en los restos de los cadáveres ya autopsiados, abre los bubones y toma muestras de su contenido. Mira con su microscopio las preparaciones y se encuentra con el verdadero agente causal. Aquello es un puré de bacilos, un tremendo caldo de cultivo, un cultivo puro. Son unos bastoncitos redondeados. Siembra en agar, inocula a ratones y cobayas, envía muestras al Instituto Pasteur de París. Está convencido de que se encuentra ante el Bacilo de la peste. Consigue construir una caseta de madera y paja que le sirve de laboratorio junte al Hospital Alice Memorial. Las ratas y cobayas inoculados mueren llenos de bubones y en éstos encuentra de nuevo los mismos bacilos. Inocentemente muestra sus preparaciones al doctor Lawson, uno de los ingleses y éste se apresura a contárselo a los japoneses. A través del Cónsul francés reclama por el mal trato recibido de las autoridades. Ante esta reclamación se le permite hacer autopsias. Los japoneses con Kitasato a la cabeza reclamarán la prioridad del descubrimiento, pero la realidad es que fue Alejandro Yersin quien primero los vió e identificó. Había resuelto el problema en una semana de trabajo.
Si se revisan las descripciones de Kitasato publicadas en Japón, se comprueba que el Bacilo reclamado por el japonés como responsable de la peste es gram positivo y móvil y así es efectivamente, porque su descripción corresponde a un neumococo de Talamon-Fraenckel tomado del pulmón de un cadáver lo que se ve con frecuencia en los muertos de peste neumónica. Años más tarde, otro japonés, el doctor Tatanbaro Yabe reestudiando las viejas preparaciones de Kitasato confirmará que lo que vio el japonés fue un neumococo gram positivo capsulado. En cambio los que ve Yersin son gram negativos e inmóviles. Son efectivamente los verdaderos Bacilos de la peste, la Yersinia pestis. Además hay otro hecho histórico que no ofrece dudas. Kitasato disponía de las facilidades del laboratorio del Hospital donde tenía una estufa de cultivo regulada a 37º C en la que incubó "sus bacilos". Yersin no tuyo aquellas facilidades, no le dejaron usar la estufa y tuvo para suerte suya que cultivar sus bacilos a la temperatura ambiente que era aquel mes de julio en Hong Kong de 27º a 28º C, precisamente la que conviene al Bacilo de la peste. Es tan importante esta diferencia de temperatura que hoy se utiliza para el diagnóstico. El óptimo térmico para el neumococo es de 37° C y para la Yersinia pestis de 30° C. Yersin, además de descubrir el bacilo causante, señaló que las ratas eran las grandes propagadoras de las epidemias, cosa que ya se menciona en los antiguos libros sagrados de los hindúes. Cuando regresó Yersin a París en 1894, mostró sus preparaciones a Pasteur y Roux. Les presentó sus observaciones, comprobando que las ratas muertas presentan bubones y bacilos, lo que le llevó a establecer la identidad entre la peste humana y la murina. Además comprueba la contaminación de las ratas por canibalismo y encuentra el bacilo de la peste en los pisos de tierra de las casas de los apestados lo que puede dar lugar a recidivas en épocas posteriores. Esto se comprobaría más de medio siglo después en el Kurdistán iraní. El quiere hallar una vacuna contra la peste. Intenta la vacuna y la toxina. Colaboran con él Calmette y Borrell y logran demostrar que los Bacilos de la peste muertos por el calor consiguen inmunizar a los conejos tras repetidas inyecciones. Consigue Yersin inmunizar también a caballos y con el suero de éstos, inmuniza a su vez a ratones y cobayas. Consigue que las autoridades sanitarias francesas le concedan la creación de un Laboratorio en Nha Trang para producir allí suero antipestoso a gran escala. Se instala en el entonces desértico lugar de Nha Trang junto al mar construyendo una casa para él y establos para los caballos, así como jaulas para los animales de experimentación. Se traslada más tarde a un lugar más cómodo, varios kilómetros retirado de la playa, en Khane Hoc. Los laboratorios ven crecer su personal agregándose a él los veterinarios Pesas y Frainbuult. En 1896 con motivo de la nueva epidemia de peste en Hong Kong y Cantón, vuelve allí Yersin con sus sueros, siendo recibido de nuevo con hostilidad. Pero el obispo de la misión católica, Monseñor Chausse, que tiene un enfermo de peste entre sus asistentes, le pide que le trate con el suero. Yersin lo hace advirtiendo que es la primera vez que va a ser empleado en un ser humano, pero consigue salvarlo. El propio Yersin cuenta en su diario su asombro por la rápida curación. Yersin es llamado a la India en 1897 para ver que podía hacer en la gran epidemia que allí estalló y, que llevaba un año haciendo grandes estragos. Las ratas se contaban por millares en una población de 1.000.000 de habitantes. Se ordena la desratización ante la oposición de los hindúes, que no pueden quitar la vida a los animales. La peste se difunde cada vez más, con 60 casos diarios y, un 90 por ciento de mortalidad. Yersin comienza a inyectar suero, con lo que disminuye la mortalidad un 50 por ciento, pero observa que los sueros no son tan buenos como los elaborados en París. Prefieren dar permiso al doctor Haftkine, otro pasteuriano para instalarse en Bombay y preparar su propio suero, que era una modificación del de Yersin, Calmette y Borrell, consistente en calentar solamente el B. pestoso. Yersin considera aquel procedimiento peligroso. Y en efecto "la linfa Haftkine" al ser utilizada, activa la epidemia, que se agrava especialmente en aquellos pacientes que son inyectados en el período de incubación. En 1897 regresa a Nha Trang dejando en Bombay al doctor Simond, otro pasteuriano, quien acabará describiendo las lesiones de la peste: la flictena precoz y el carbunco pestoso, siendo la picadura de la pulga la puerta de entrada de la infección. El secreto que atenazó a la Humanidad hacía milenios había sido desvelado. Los insectos entraban en la Epidemiología por derecho propio. Las pérdidas de ganado son crónicas en la región por lo que decide investigar la peste bovina, obteniendo un suero antipestoso para animales. No encuentra el microbio causante y lo atribuye a un virus como ocurre con la rabia. El suero es sin embargo eficaz. Más tarde utiliza una vacuna con la que protege al ganado. Pero el gobernador le encarga (1899) la misión de dirigir la Escuela de Medicina de Hanoi, cuya finalidad es preparar personal nativo en el campo de las Ciencias médicas. Permanecerá en ese puesto hasta 1903, siendo entonces nombrado director del Instituto Pasteur de Nha Trang y del de Saigón. En Hanoi creó el Hospital que recibirá su nombre, Hospital Yersin. En 1904 hace un nuevo viaje a París y, en 1905 muere su madre. Durante 20 años había mantenido una constante correspondencia con ella contándole todas sus aventuras, éxitos y frustraciones. Ahora será su hermana la destinataria de las nuevas cartas. No le preocupó demasiado el paludismo crónico que padecía hacía 20 años, desde que llegó a Indochina y que no le abandonará nunca a pesar de la quinina. Sólo se liberará de él por temporadas cuando viaje a Europa. En Nha Trang, Yersin prepara también vacuna antirrábica, suero antipestoso, vacuna antipestosa, vacuna contra la fiebre porcina, suero antitetánico, contra la disentería, la meningitis, el cólera, la difteria, la peste aviar, estreptococias, neumococias y suero contra la peste bovina. Transforma el Instituto de Investigación en un Centro industrial. A la una de la madrugada del primero de mano de 1943, Alejandro Yersin dejó de vivir apaciblemente. A los 30 años renuncia a su puesto de médico en la marina para dedicarse a su gran vocación: explorar
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