CHAMANISMO - EL CHAMAN

El chamanismo que Mircea Eliade consideraba un fenómeno central asiático y siberiano, es un fenómeno generalizado en el mundo entero ("la técnica del éxtasis"), que el hombre primitivo practicó en una forma u otra según su imaginación y los medios con que contaba, que ha llegado hasta nuestros días con los restos de aquellas culturas que aún se refugian en áreas donde en muchos aspectos, la vida transcurre más o menos como en el Neolítico, áreas muchas veces impermeables a los avances de la tecnología moderna, áreas de refugio donde el fósil viviente que es el hombre de esas etnias continúa con sus antiguas tradiciones y formas de vida más elementales. Selvas tropicales, valles o montañas aisladas por la falta de medios de comunicación, o islas apartadas, constituyen los retirados habitats de estos grupos humanos que se resisten a desaparecer. En ellos el chamanismo se mantiene vigente como en el más remoto pasado. Incluso en otros grupos humanos que tienen contacto con las culturas más evolucionadas, se mantiene el chamanismo como una institución bien arraigada, en áreas rurales y aún urbanas, en las que adopta formas nuevas, refugiándose en la persona del curandero, el yerbero, el santiguador y otras medicinas paralelas, sus hermanas menores, aculturados en muchos aspectos, pero utilizando los recursos más primitivos para curar: la magia, fenómeno o base estratégica común a todos ellos, el empirismo y la fuerza psíquica que llegan a desarrollar a veces notablemente.

Nuestra propia experiencia, conviviendo durante 18 años con tribus cunas, chocóes, catíos, guaimíes, bribris, bug'dás, del Istmo de Panamá, con grupos mayas o aztecas y quechuas y más tarde con diversas tribus de Matto Grosso, Alto Xingú (ges, botocudos, xavantes, tchikaos, camayurás, tchukahamais. yaualapitís, carajás, bororos), de Amazonas, Río Negro y Alto Uaupés, lapones del Norte de Europa, saharauíes africanos, filipinos, indonesios, malayo-polinesios y más recientemente aruntas de Australia central, maoríes de Nueva Zelanda y curanderos de nuestro propio país, nos permite comprender que aunque hay muchas medicinas primitivas, tantas como etnias pueda haber, todas tienen algún representante del chamanismo entre ellos, encargado fundamentalmente de curar, aunque otras funciones pueden añadirse a ésta, llegando en los casos más complejos a fundirse en la misma persona el médico-sacerdote, conservador de las tradiciones, mago y adivino, capaz de reunir en sus manos todos los poderes de la tribu, incluso el político.

El chamán es el intermediario entre los hombres y los poderes sobrenaturales, las fuerzas extrahumanas, sean dioses o diablos, benévolos o dañinos, capaces de hacer mal o bien. El chamán guía a su pueblo espiritualmente y le protege contra los malos espíritus. Puede practicar la magia blanca y la magia negra como técnicas habituales. Conversa con los espíritus y aprende de los buenos y de los malos sus conocimientos.

Loeb consideraba dos clases de chamanes: el seer, capaz de ver, capaz de hablar y ponerse en contacto con el inframundo, que estaba fundido con el sacerdote (religión y magia en una misma persona) y el medicine-man, el curandero, el yerbero, el hombre que da medicinas, que con un fondo siempre mágico, era también capaz de curar y que estaba más cerca del empirismo. El primero lo era por nacimiento, el segundo por vocación.

El nombre de brujo o hechicero (en inglés witch doctor, en francés sorcier o feticier, el alemán Zauberer) se ha extendido también entre muchos autores y aún se ha generalizado y popularizado para abarcar a todo aquel capaz de curar o matar, es decir de usar sus poderes mágicos o sus conocimientos de plantas, su fuerza psíquica o su capacidad para controlar las fuerzas sobrenaturales, unas veces para hacer el mal (magia negra), otras para hacer el bien (magia blanca), producir la enfermedad, el dolor, el sufrimiento, la muerte o por el contrario, curar la enfermedad, aliviar el dolor o el sufrimiento y salvar la vida del enfermo usando todos los recursos de su arte.

Pero hoy en la literatura antropológica y etnológica, se ha generalizado y tomado carta de naturaleza el término chamán y al fenómeno como tal chamanismo, por consenso entre los antropólogos y etnólogos.

Variantes en las técnicas, fórmulas, conjuros, poderes, reclutamiento, etc. puede haber tantos como variaciones culturales, como etnias. Ya hemos hablado repetidas veces de éstos, pero el denominador común es la necesidad que el ser humano ha tenido de luchar contra todo aquello que le ha producido una sensación de pérdida del bienestar: la enfermedad, el dolor, la herida, el sufrimiento físico o moral, el terror cósmico. Por eso tuvo que surgir muy tempranamente en la Historia de la Humanidad, un hombre o una mujer dotados de mayor poder interpretativo, fuerza psíquica o simplemente astucia, que tomó sobre sí la tarea de ayudar a los demás de su grupo y ayudarse a sí mismo, adueñándose, arrogándose el poder y la fuerza. Y el grupo confió en él, se puso en sus manos, más por temor que por amor, estableciéndose una corriente de respeto por su capacidad de dominar a las fuerzas sobrenaturales, a los fenómenos de la Naturaleza, a su capacidad de encontrar los remedios curativos o a su poder sobre la vida y la muerte de los constituyentes del grupo.

Así cada tribu, etnia o grupo humano homogéneo, con una lengua común y una cultura semejante llegó a tener uno o varios representantes en diversos grados, de chamanes, con poderes curativos, adivinatorios, proféticos, predictivos, conservadores de las tradiciones de la tribu, con poderes mágicos de dominar a las fuerzas de la Naturaleza, de ponerse en contacto con el inframundo y presidir los ritos de paso (iniciación, nacimiento, muerte, unión sexual) y en muchas ocasiones de organizar, mandar y dirigir el grupo al que pertenecen, pues el poder chamánico como he dicho muchas veces lleva al poder político o al poder guerrero.

Así en cada cultura tiene un nombre genérico. Será Nele, Absoguedi, o Inatuledi entre los indios cunas; Sukiá o Krokodianga entre los indios guaimíes; Jaybaná o kurá-baná entre los indios chocóes; Pagé entre diversas tribus suramericanas, machi en la Costa Occidental de Suramérica; Piache en el río Amazonas, río Negro y Alto Uaupés; Angakok entre los esquimales; Kon en la Tierra del Fuego; Piache-té-éu entre los indios páes cuando practica la magia blanca y Nasa-jihí cuando practica la magia negra.

En Méjico entre los aztecas, aunque la medicina alcanzó un grado diferente en el aspecto religioso, sacerdotal y empírico, hubo también un curador que podemos asimilar al chamán, el Ticitl. Según los cronistas de Indias reunía en su persona las cualidades de sabio, médico, adivino y hechicero. En Bolivia se llama a los chamanes collahuayas y en el Perú ichuris. Entre los indios sionas del Alto Putumayo, afluente del Amazonas llaman curaca al chamán o yai, tigre, a veces watti (espíritu o diablo), naiké (el que ve o vidente), rausekoké (el que cura, médico) o winjaké (el que canta) nombres en los que vemos las diversas especialidades o formas de enfrentarse con la enfermedad. Fr. Ramón Pané, encargado de estudiar las costumbres de los indios de La Española, de los que había aprendido la lengua, observa que a los hechiceros llamaban Buhuitihu. Entre los zapotecas, el chamán se llama Menjak y entre los mayas Ahmén, el que sabe.

En Africa recibe tantos nombres como tribus hay, el más conocido de la parte central y occidental es el Nganga o Inganga. Los zulúes le llaman Inyanga, los machiguengas le llaman Seripegari.

El chamanismo como fenómeno general, amplio y universal, se caracteriza por lo tanto, por la práctica de una serie de ritos, rituales o fórmulas, en las que se entremezcla la adivinación, la profecía, la poesía, la conservación de las más antiguas tradiciones de la tribu y de sus mitos o epopeyas, con el sacerdocio, la práctica del arte de curar o matar, unas veces invocando a las fuerzas del inframundo, otras conminándolas a obedecer sus órdenes, otras utilizando la astucia o el engaño para reducirlas, otras actuando como verdaderos sacerdotes de cultos primitivos, a veces más evolucionados, con un ritual más complicado, a veces actuando por sugestión, para bien o para mal, de buena fe en ocasiones o bien usando todas esas técnicas para su propio y personal beneficio.

El conocimiento de los fenómenos de la Naturaleza por la observación repetida de los mismos, la astronomía, los fenómenos meteorológicos que se repiten con rítmica y sistemática aparición es utilizado en beneficio de las técnicas de predicción o adivinación. El conocimiento de las plantas y sus propiedades, es utilizado con la misma finalidad, reservándose para sí estos saberes adquiridos empíricamente, por la observación y el ensayo o por el aprendizaje con un maestro, todo lo que sitúa a quien los posee muy por encima del común de las gentes de su grupo, otorgándoles ese poder por el que son temidos y respetados.

Estos poderes son transmisibles por medio del aprendizaje a aquellas personas, familiares o no, de su confianza, destinados a ayudarles o a heredarles, cuando ven que por imperativo categórico del tiempo, ellos han de pasar a mejor vida, sabiendo que deben quedar quienes lleguen a obtener la experiencia de ellos, experiencia que no siempre se puede conseguir a no ser que estén dotados de notables cualidades o bien por el ejercicio repetido y el estudio largo y laborioso.

En el fondo de toda técnica chamánica, existe el principio fundamental o generalizado del pensamiento mágico, de la magia en lo que hemos insistido anteriormente, que es una forma de interpretar el mundo y la naturaleza de las cosas, una forma de pensamiento "lógico" del primitivo, una teoría cosmogónica para reducir las fuerzas de la naturaleza y disminuir o eliminar aquello que más teme el ser humano en general: la enfermedad, el dolor, el sufrimiento, la muerte y la terrible duda de si habrá y qué habrá más allá de ésta. Magia unida a un empirismo vacilante a veces, firme otras, primer paso para el método del ensayo y el error, que algunos han considerado como una forma embrionaria de la actitud científica verdadera.


Museo de Antropología Médico-Forense Paleopatología y Criminalística
PROFESOR JOSÉ MANUEL REVERTE COMA