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Dr.
José Manuel Reverte Coma
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El hallazgo de un antiguo documento del siglo XVIII en el archivo del Museo de Ciencias de Madrid, nos sugirió la idea de escribir unos apuntes históricos sobre el tema de los cuernos humanos o cuernos cutáneos. Este mismo documento como el hecho que en el mismo se relata originó a finales del siglo XVIII y en XIX otra serie de escritos, entre los cuales son dignos de mención los del Dr. Juan Risco y los del Dr. Leopoldo López García, este último gran amigo de don Santiago Ramón y Cajal. Pero comencemos por el documento citado (Arch. Museo de Ciencias Gabinete m, Peg. 6, carpeta 1ª) que es "inefable" si se nos permite la expresión.
Era el mes de Abril de 1767, a mediados del mismo, un caballero embozado en su capa y bien cubierto por un sombrero de tres vientos, llama a la puerta del cirujano don Joseph Correa, en la calle de la Cava Baja, en la villa y Corte de Madrid. Le abre Cándida Trixueque, que vivía en casa y cuya relación con el cirujano no consta, pero probablemente era la sirvienta, de 30 años de edad. Se encontraban reunidos en la casa del cirujano otros colegas y amigos del barrio, y aún algunos de fuera de Madrid que se alojaban en casa del señor Correa cuando visitaban la Corte. Pero escuchemos las propias palabras de Joseph Correa que quedaron escritas en la declaración que hizo ante testigos y escribano público, y las de Cándida Trixueque que, a nuestro entender, son aún de mayor interés. Dice la declaración que del 8 al 12 de abril llegó a la hora poco mas o menos de las 9 de la mañana, a la casa de Joseph Correa, un hombre embozado y con sombrero de tres vientos y estuvo hablando un rato con el cirujano. Cándida no entendió de lo que hablaban. Solo vio que a dicho señor se le mandó sentar en una silla, desembozándose y quitándose el sombrero, e inmediatamente vio la declarante, con el natural asombro, que tenía dos cuernos en la cabeza en forma de caracol como astas de carnero. El hombre de los cuernos vestía una especie de uniforme militar de color perla sobre el que lucía la venera del hábito de Santiago, con una cinta o cordón encarnado. El asombro fue general e imaginamos que la señora Trixueque haría rápidamente la señal de la cruz pensando que se hallaba en presencia del propio Satanás. Estaban presentes el cirujano Jerónimo López, de 32 años, que tenía una tiendabarbería en la calle de Segovia, en las casas de nuestra señora del sagrario, frente a la Real Casa de la Moneda; Manuel Gómez, cirujano también en la villa de Navarrete, provincia de La Rioja; Andrés Colomo, cirujano de la ciudad de Logroño; Francisco de Doytía o Loitía mancebo del cirujano asistente de la tienda-barbería de la viuda de Juan de la calle de la Sal, pero que como antiguo discípulo de Correa frecuentaba su casa "para instruirse más en su facultad" y un platero, vecino de Correa, Juan Yanguar, que debía estar de visita. Don Joseph Correa escuchó el relato del caballero de Santiago, cuyo nombre no se cita. Solo dice que era persona de calidad, procedente del reino de Murcia, de 67 años, mas o menos de edad, "de buen porte", quien contó que había recorrido diversas ciudades buscando quien le cortase aquellos apéndices tan molestos y que ninguno se atrevió a hacerlo, temiendo que le sobreviniese algún daño y que vino a Correa movido por su fama. Correa reconoce y examina aquellas monstruosidades, viendo que una era mas larga que otra y dice que "hablando con el debido respeto eran don palos de madera de aire", "de color, aspecto y consistencia de los de cordero o carnero". Es curioso el eufemismo utilizado por Correa y que nos indica que la palabra cuernos tenía una connotación irrespetuosa, era una palabra soez en aquel tiempo. Además la expresión "madera de aire" o "madera del aire", equivalente a astas de cuernos de animales y se ha utilizado mucho en el pasado. En la América hispana se dice de una mujer hermosa y provocativa: "¡Vaya palo de hembra!" Palo es sinónimo de árbol, que crece recto y hermoso. Y Correa dice admirado ante el fenómeno: "Dos palos de madera del aire" o sea dos notables cuernos. Tranquilizó al caballero y le dijo que no se preocupase, que él si se atrevía a cortarlos. Y entonces cuenta la señorita Trixueque que : "Don Joseph Correa sacó una sierra armada con su botante de hierro y mango de madera torneada que tenía de largo media vara" (Correa la llamaba sierra de amputar). Debió asustarse el paciente porque Correa "le tranquilizó diciéndole que no le sobrevendría cosa alguna y que solo pasaría algún trabajo o molestia al tiempo de cortarlos". Hizo sujetar a su cliente sentado en la silla, ayudándoles los colegas presentes y en menos de media hora le aserró los dos cuernos, dejando absortos a los presentes ante tamaña operación nunca antes vista por ellos en un ser humano. El paciente quedo muy aliviado y feliz, mirándose al espejo como persona nueva, pagando generosamente al cirujano y expresando su agradecimiento a todos y muy emocionado. Los presentes pasaron uno a otro aquellas dos "alhajas" que eran como cuernos retorcidos de carnero. El cirujano Jerónimo López declara que "cuernos de cordero parece son según se demuestra por el color y la dureza, dificultad en su sierra y polvo que esta arrojaba". Al mancebo Loitia le pareció increíble que pudiera ser "de persona racional". Ante lo increíble del caso, don Joseph Correa pidió que se tomase declaración a los presentes ante escribano público para que quedara constancia del acontecimiento. Ante don Pedro Josef Valiente, Caballero de la Orden de Calatrava del Consejo de Su Magestad, Fiscal general de la Real Junta de Comercio, Moneda y Minas, teniente Corregidor de Madrid, el 22 de mayo de 1767 y los escribanos Francisco Azebal de Artos y Manuel Gómez Herrero. Sólo no se pudo tomar declaración al platero Juan Yanguar, que se había ausentado a su pueblo de Mansilla "por tomar los aires por hallarse enfermo", quizás después de haber presenciado tan insólita operación. El tema aún se comentaba 20 años después, pues el propio Joseph Correa presenta el documento original el 20 de febrero de 1787 ante el escribano del Rey D. Carlos González, quien escribe al pie del documento que traslada: "Corresponde con su original que para este efecto exhibió ante mí don Josef Correa, vecino y cirujano de esta Corte, a quien se lo devolví, de lo que doy fe. A el me remito. Aquí firmó su recibo y a su instancia, yo, Carlos González escribano del Rey, vecino y del Colegio de la Villa de Madrid, signé y firmé el presente en ella a 20 de febrero de 1787, en testimonio de verdad". Siguiendo las pistas que ofrecía este original documento que comentamos, el siguiente paso fue el hallazgo de un librito de 16 páginas, publicado tres años después de la operación en 1770, por el Doctor Juan Risco, titulado: "Verdadera declaración en que se declara una de las mayores monstruosidades de la naturaleza; se manifiesta haber amputado un cirujano de esta Corte, en abril de este presente año, dos figuras de palo de aire y para que se pudiera dar aviso al público, procedió a hacer información de la que resultó ser cierta dicha operación y ejecutada en un sujeto de circunstancias; con todo lo demás de que verá el curioso lector, por don Juan Risco. Con licencia en Madrid, en la imprenta de Pantaleón Aznar, año de 1770". Van describiendo el hecho en versos que recuerdan a aquellos que cantaban, con monótono soniquete, ciertos juglares que recorrían las calles de Madrid, con una tela pintada con tenebrosas figuras en varios recuadros, telas que colgaban de un árbol, mientras con un puntero iban señalando las figuras de su relato o relatos, tales como "El caso de las niñas desaparecidas" o el del "sacamantecas" u otros crímenes de actualidad: entre tanto los curiosos le hacían pronto un buen corro de atentos escuchas. El autor de este trabajo consiguió ser testigo ocular durante su niñez, en los años 1926 y 1935 y recuerda muy bien los corros de curiosos formados en torno a aquellos charlantes:
Este sujeto de circunstancias pidió al cirujano si se atrevía a realizar en él una operación que tenía por necesaria. Le cuenta que lleva ya siete años padeciendo aquella monstruosidad y cuánto había recorrido para que alguien se los curara. El cirujano quedose con aquellas "alhajas". El paciente pagó y se fue. Según relata Juan Riscos, tenía uno de los dos cuernos "cuatro dedos de longitud y era retorcido como el de una cabra" y el otro un poco menor. Tenían ambos las mismas rayas que los cuernos animales. Fueron expuestos al público de Madrid ambos cuernos en un almacén de la calle del Espejo "en un cuarto bajo están coronas tan elevadas". Así termina su original exposición el Doctor Juan Riscos. ¿Dónde fueron a parar aquellos cuernos cortados por Correa? Hemos encontrado en el archivo del Museo de Ciencias otro documento donde el Conde de Floridablanca notificaba al entonces director del centro, don Josef Clavijo, el 28 de febrero de 1787, que las dos asta cortadas por Correa que le habían sido enviadas al Conde, debían quedar depositadas en el Real Gabinete de Ciencias.
Ante estos documentos emprendimos una investigación bibliográfica revisando lo que autores antiguos mencionan sobre el tema. Seguimos investigando el paradero de los cuernos que probablemente se encuentren en la Facultad de Medicina de Madrid. Los antiguos consideraban los cuernos humanos o cuernos cutáneos como castigo divino, y probablemente por esta razón no se mencionan generalmente en las obras de los autores médicos. Otros creían que se trataba de algo satánico y por eso no se atrevían ni a mencionarlos. Y lo mas probable es que el fenómeno fuese relativamente frecuente entre los pueblos de la antigüedad, como aún lo es hoy en lugares aislados del campo, donde la gente vive apartada de la Medicina moderna. Este tipo de lesiones tubo que ser origen de numerosas leyendas, tradiciones y aun estar en la base de muchos relatos mitológicos. Uno de los casos mas antiguos que se relatan en esta bibliografía es el mencionado por Lanfranc en su Cirugía mayor, de un hombre con siete cuernos, el mayor de los cuales tenía el tamaño de un pulgar. Avenzoar, sin embargo en su L. II, cap. V, es uno de los raros autores árabes que hablan de cuernos humanos. Zacatus Lusitanus. (Prax. admir. obs. 188) también habla de ellos atribuyendo a una herida de flecha su aparición. Ulysis Aldrovandi y Bartholomeus Ambrosinus en su Monstruorum Historiae (Bonianae, 1642) ya en el siglo XVII citan el caso de un niño que nació con un cuerno en la cabeza, el cual fue extirpado falleciendo al poco tiempo. En los siglos XVII y XVIII, Fabricio de Hilden, Bauhin, Bartholin, Caldani, Macklot, Denovildiers, Casaben, Edwar Home, Morgagni, Simon, Textor, Parkinson, Roots, Ritter y otros cuentan casos parecidos. Caponni cita otro caso del año 1637, en el que se presento en el Hospital de Bononiae un paciente para que le librasen de un cuerno que tenía en la cabeza. Se negaron los cirujanos pretextando que moriría caso de hacerlo. Ingrassias observó en Palermo una joven, cuya cabeza, frente, los antebrazos, las manos, las rodillas, estaban cubiertas de cuernos incurvados, retorcidos y cónicos. Fabricio de Hilden relata la historia de una joven cuya espalda y miembros estaban recubiertos de cuernecillos derechos e incurvados. Algunos medían dos traveses de dedo de longitud. No podía caminar, ni sentarse, ni acostarse sin sufrir vivos dolores. Acabó muriendo de lo que entonces se llamó "marasmo", es decir caquexia o consunción. Willan cita el caso de una joven de 14 años que tenía el cuerpo cubierto de cuernecillos, sobre todo en las regiones articulares. En los codos tenía unos bastante grandes en forma de cuernos de carnero, de cuatro pulgadas de longitud. Habían empezado a aparecerle a los tres años. Fueron famosos los hermanos Lambert de Paris, a los que se conoció como los "hombres-puercoespín" y que sirvieron de espectáculo a toda Europa. Alibert hizo un relato de su vida. Todo su cuerpo estaba cubierto de cuernos de todos tamaños y formas. El estudio realmente científico de los cuernos humanos, comenzó con los estudios de Virchow y Lebert. Este último recopilo una estadística de 109 casos tomados en literatura antigua y de su época.
Los cuernos cutáneos humanos (Cornua cutane humana) o Hauthörner de los alemanes, Cornu cutaneum, son producciones que se desarrollan en la piel y a veces en las mucosas, verdaderas excrecencias córneas, formadas por una sustancia parecida a la de las uñas, las pezuñas o los cuernos de ciertos animales. Son genuinos tumores córneos de la piel con aspecto idéntico al de los cuernos de los animales, pero se diferencian de ellos en que carecen de tejido óseo en su interior y de madeja de pelo como ocurre en los cuernos de los rinocerontes. Su longitud es variable, entre 20 y 150 mm. Cloquet cita una caso de una mujer anciana con un cuerno en la frente de 5 pulgadas de longitud y 7 pulgadas de diámetro. También varia el grosor. Dubois atendió una anciana que tenía un cuerno conoide en la frente, cuya base medía 6-7 pulgadas y 6 pulgadas de altura. Los lugares predilectos donde hacen su aparición son la piel, y el cuero cabelludo, la frente, la nariz, los párpados y en general donde hay glándulas sebáceas. Hebra y Kaposi citan un caso de un varón de 50 años con un cuerno de 27 mm de longitud en la parte izquierda de la nariz, encorvado en garra. También las mucosas suelen ser afectas como el glande del pene, el prepucio, la conjuntiva ocular, la lengua y los labios. Hebra y Kaposi citan un caso de Schabaus hallado en Klagenfurt con un cuerno en la cara dorsal del pene de 9 mm de longitud y del espesor de un dedo meñique. El doctor D´Acosta Duarte, de Coimbra, vio uno en el prepucio y glande. Lanceraux halló uno de la lengua. Schaliger menciona un cuerno en la espalda de una mujer que se ha descrito sobre la piel del esternón. Breschet observó un gran cuerno en la lengua y otro en la conjuntiva ocular. Ya hemos visto cómo pueden estar por todas las partes del cuerpo. La forma varía también. Pueden ser cilíndricos, de sección oval, elíptica, o casi prismática, otros son aplastados, cónicos, derechos, tórvidos o en ángulo. La superficie es a veces lisa y brillante, pulimentada, más rugosa otras veces, irregular o bien cubierta de estrías acanaladas, surcos que siguen la dirección longitudinal. Según la dirección pueden ser rectilíneos, incurvados en forma de espolón, en espiral, retorcidos sobre el eje longitudinal. A veces se parecen a un cuerno de carnero o a un cuerno de Ammon. La extremidad suele ser roma como la de las astas "afeitadas" de los toros, a veces terminan en una bola o maza y otras veces en desflecada, como astillada. A veces se bifurca en varias ramas, como el caso de un hombre con un cuerno en la frente con tres ramas citado en el New York Repositary Med. 1820. El color varía del amarillo claro, al marrón, moreno o pardo oscuro a veces son negros intensos, o tienen coloraciones verde grisáceas o tonos grises. La consistencia es por lo general sólida, comparable a las uñas o los cuernos de los animales. Son más duros en la periferia y en la punta que en el centro donde la consistencia es más blanda, así como en la base. La base puede ser cóncava o aplanada. Son móviles y nunca se implantan sobre el hueso.
El olor al quemarlos es el característico de cuerno quemado. El número ya hemos visto que puede variar, siendo las más de las veces solitarios y otras muchas múltiples. Voigtel, Conradi, J. F. Meckel, Otto, han publicado casos interesantes de cuernos múltiples. En el Museo Dupuytren de París hay varios casos de cuernos cutáneos. A veces caen espontáneamente, pero en estos casos recidivan, volviendo a crecer. El único caso que hemos encontrado de curación espontánea es el que cita Westrumb, de un cuerno que cayó espontáneamente y no volvió a crecer, lo que se considera excepcional. Algunos han recidivado hasta 15 y 20 veces. El crecimiento es lento por regla general y no estorban al paciente, sino mecánicamente, o por el lugar en que están implantados o porque les afecta y produce vergüenza. Berard y Landouzy han observado en estos pacientes, en algunos casos, el hábito de rumiar( mericismo) los alimentos. Wesling cortó un cuerno de la frente de un paciente de la longitud de un dedo. Se reproducía y volvía a quitarlo, hasta que cauterizada su base, no volvió a crecer. En algunos casos se ha observado una muda periódica al acercarse la primavera o el invierno. Lanceraux creía que eran hereditarios, pero esto no se ha podido demostrar. Se basaba en el caso de los hermanos Lambert de París. El sexo no parece influir sobre la aparición de los cuernos cutáneos, observándose en todas las estadísticas estudiadas un ligero mayor número en mujeres, pero en otras estadísticas la proporción es igual. En cambio la edad sí influye, observándose más frecuentemente en personas de edades avanzadas, aunque los niños, como ya hemos visto, no están exentos de padecerlos. La base suele ser limitada por un rodete cutáneo que se continúa, según observó López García, por una parte con la piel y por otra se aplica adelgazándose sobre la masa del cuerno. Histopatología. Virchow y Lebert fueron los primeros que en 1864 observaron que el interior de los cuernos humanos estaba formado por columnas de las células córneas paraqueratósicas anucleadas, dispuestas en láminas o en hojas. Los interespacios estaban rellenos de materia córnea. Cajal y Tello (1922) en su Anatomía Patológica dicen que sobre un cuerpo papilar hipertrofiado se forma una masa córnea, dura, coherente, que va creciendo, incurvándose a veces, y adquiriendo en ocasiones gran tamaño, siendo muy parecidos a las astas de los animales. Mencionan el excelente trabajo del doctor López García sobre los queratomas.Roussy los consideraba incluidos entre los epiteliomas malignos, espinocelulares. Describe los globos epidérmicos y dice que los globos y células que los forman acaban transformándose en masas sólidas que se superponen unas a otras, en capas irregulares que van proyectándose al exterior formando así los cuernos cutáneos. Lebert observó microscópicamente que los cuernos humanos estaban formados por pilares, bastones y empalizadas apretados unos contra otros, íntimamente unidos por tejido conjuntivo, formando una masa en apariencia homogénea. Cada columna presentaba aspecto estriado y estaba formada por células epidérmicas estratificadas, con lagunas entre ellas. Por su disposición le recordaban como a Virchow los globos epidérmicos del cáncer epitelial. Ambos autores encontraron restos de vasos sanguíneos, mejor conservados cuanto más cerca de la base. Naturalmente es tejido que carece de sensibilidad, pero en la base donde las papilas reproductoras están vivas, puede sobrevenir una inflamación por acción mecánica irritativa y producir dolor. Después de Lebert y Virchow, otros autores como Rokitansky, Robin y Krause comprobaron que se trataba de vegetaciones de la capa superficial de la epidermis formada por hojas epidérmicas de células secas, cornificadas, anucleadas, estructura microscópica que les recordaba la estructura de los cuernos de los animales, pero sin hueso.
Génesis. Fue preocupación de los médicos el explicarse cómo se formaban los cuernos humanos y por qué. Fueron revisando causas mecánicas, contusiones (Frank, Duchs, Rayer), lesiones de la piel al afeitarse (Vicq D´Azyr), herida de flecha (Zacutus Lusitanus), ( Est lusus naturae) decía Hartmann, y otros que era (misus excrecendi). Hebra y Kaposi lo atribuyen a causas externas. Son históricas las teorías de la "inclusión embrionaria" de Conheim y la de "desorientación de los planos de división celular" de Fabre-Domergue. Otros, como Ribbert, lo explican como la acción de una segregación o secuestro de colonias de células. Biedermann creía que se trataba de una hipertrofia o hiperplasia de ciertos grupos de papila, que obligaban a proliferar al epitelio que se amoldaba y llenaba los huecos que forman las papilas entre sí, sin tener tendencia penetrante, sino excéntrica y con la evolución kerática de sus células. Cajal pensaba que el tejido conjuntivo podría segregar alguna sustancia mitoxígena para el epitelio. La teoría degenerativa debido a la edad y la alteración del epitelio, no explica todos los casos como los infantiles, aunque es cierto que la frecuencia en la piel de los viejos es mucho mayor. Por eso se llama a muchos procesos hiperplásicos queratoma senil. Los exceso de exposición al aire y al sol son causa predisponentes para la alteración de la epidermis. Sutton creía que influía la exposición al viento y al sol especialmente en pieles poco pigmentadas. Consultados nuestros colegas el doctor García Pérez, catedrático de Dermatología del Hospital Clínico de Madrid, y el doctor Luis Conde, de la Escuela de Medicina del Trabajo nos confirman que hoy día es raro ver estos casos, ya que los pacientes acuden muy tempranamente al médico para que les quemen los crecimientos iniciales. Y que sólo en áreas donde la gente vive aislada en lugares de poco acceso pueden darse estos casos de cuernos de gran tamaño. |
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